El ejemplo portugúes
Desde el comienzo de la Copa del Mundo de fútbol, y más concretamente desde el miércoles pasado, todo el mundo en Marruecos (y también fuera de allí) habla de fútbol. Verán..., terminado su partido frente a Marruecos, la televisión española se acercó al equipo portugués para saber de cerca lo que pensaban. ¿Sorpresa? Pues no la tomo yo como tal. Marruecos fue el mejor equipo del grupo y lo demostró en el curso del desarrollo de los diferentes encuentros. Quien así se expresó poco después de una histórica derrota de su equipo fue el entrenador Torres. ( ... )No es una anécdota y hasta debería ser ejemplo muy relevante de lo que podría contribuir el fútbol en tanto que catalizador de soluciones y de esperanzas. Resulta que en Líbano ha habido un alto el fuego. Más tarde se supo que no era rubricado por nadie y que sólo la ceremonia inaugural del Mundial 86 había hecho interrumpir los combates de Borjn, Brajna y Chatila. Terminado el partido entre Italia y Bulgaria todo volvió a su tristeza inicial y el cañón volvió a señorear en la capital libanesa.
Marruecos era el grito y el reto de un público que un miércoles 11 de junio de 1986 nos rindió el mejor homenaje y la mejor justicia para con un país que se preparó y no se olvidó de demostrarlo. Nuestra clasificación para los octavos de final nos sirvió en América Latina más que un siglo de diplomacia y mucho más que cuatro siglos de promoción turística. ( ... )
Y para que todo se identifique con nuestras respectivas realidades fijémonos en la ironía del destino que quiso y no se impuso: España contra Argelia y Portugal contra Marruecos. Una permutación que en caso de que nuestros vecinos orientales hubieran derrotado a los del Norte habría sido una clara revancha sobre la adhesión de los dos países ibéricos al Mercado Común. Pero no fue así, tan sólo España y Marruecos permanecen en la carrera. Mucha suerte a los dos y que gane el mejor.
15 de junio


























































