Las dos banderas
Parece realmente sorprendente el hecho de que se hayan podido sentir escrúpulos porque la bandera de nuestra Segunda República figurara, en unión de la mexicana, como motivo gráfico en los letreros anunciadores de la exposición El exilio español en México. No creo que la actual Monarquía española abrigue el menor recelo de la desaparecida República, ya que las masas y los soportes en que ésta se apoyaba han pasado, en su práctica integridad, a sostener la institución monárquica que nos rige, y bien podría añadirse que, en general, son las fuerzas de izquierdas y republicanas quienes están en el origen y la raíz de aquélla y quienes determinaron su carácter constitucional y parlamentario, porque ¿habrá alguien que crea que de las filas del franquismo y de la derecha-derecha habría nacido y crecido ese árbol de Constitución Rey y Parlamento a cuya sombra vivimos hoy? Entre la monarquía democrática y la última república no cabe, pues, objetivamente, otra cosa que mutuo respeto y, acaso, agradecimiento y complacencia en esas muestras de simbiosis histórica, al estilo de la que se operaba en la cartelera que motiva este comentario. /


























































