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Cartas al director

Axiomas católicos

Los artículos del profesor Castilla del Pino y del canónigo González Ruiz me han hecho recordar algo que pensé escribir. Se trata de mi estupor cuando leí que, según el cardenal primado, el matrimonio no puede disolverlo «ni Dios». Teniendo en cuenta que Dios puede resucitar a los muertos, resulta sorprendente que no pueda hacer algo aparentemente mucho más sencillo como es disolver un matrimonio.Mis conocimientos de teología no pasan de un tenue barniz, pero de mis desgraciadamente ya lejanos tiempos de catecismo me parece recordar que la omnipotencia divina no tenía más límites que esas verdades axiomáticas cuyo enunciado es una simple tautología, como, por ejemplo, que dos más dos son cuatro (salvo en los sistema de base, uno, dos, tres o cuatro), que el espacio tridimensional (en la geometría inclinada), o que un señor alto tiene más estatura que un señor bajo (según la definición de los términos alto, bajo y estatura de la Real Academia de la Lengua). Yo no pensaba que la indisolubilidad del matrimonio fuese un principio axiomático de esta índole. Pero no seguiré porque me viene a la memoria otro principio de aquella lejana catequesis: «No utilizarás el nombre de Dios en vano»./

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