Los nombres cántabros, discriminados
Es actualidad estos días en Cantabria la negativa del Registro Civil de Santander a inscribir niños con nombres autóctonos cántabros. Dichos niños pueden ser inscritos en otros registros, por ejemplo en el de Bilbao, adonde se han dirigido ya algunos padres ante la negativa de los funcionarios de Santander. En esta, como en tantas otras cuestiones, está claro que nada ha cambiado, perviviendo los modos antidemocráticos y personas afectas al régimen anterior.Sin embargo, estos mismos niños pueden ser inscritos sin ninguna traba con sólo escoger un nombre de cualquier otra procedencia, dándose el caso de haberse impuesto nombres de lo más curioso y variopinto. nombres tan «españoles» y televisivos como Demelsa, Alexandra, Iván, Vanessa, Jacqueline o Melissa, junto con nombres puramente literarios, como Aitor (ideado por Chao el pasado siglo) o Amaya, a condición de no citar su verdadera procedencia, es decir, cántabra. Para sorpresa de muchos, este conocido nombre es cántabro y no vascongado. Amaya era la capital de la antigua Cantabria.Los nombres cántabros (Accua, Amia, Anna, Malia, Boddo, Vado, etcétera), como los nombres de nuestros héroes Laro y Coroceotta, son discriminados (¿quizá por paganos?). Estos nombres son hispánicos, constan en lápidas milenarias y merecen más respeto que esos otros antes mencionacios de cantantes o actrices de moda que no constituyen sino un símbolo más de la colonización cultura.
Y para terminar, decir que si la ley de Registro Civil vigente permite la inscripción de los nombres propios regionales, ¿cómo pueden permitirse estas arbitrariedades por parte de jueces o funcionarios? ¿Cómo se consiente esta conculcación de los derechos del niño? ¿Dónde está ese «especial respeto y protección al patrimonio cultural de las regiones» de que habla el artículo 3 de nuestra Constitución?


























































