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Quien
ha aparecido sin otro aditamento que su calva ha sido el Dalai Lama, el líder espiritual tibetano, que vive en el exilio, y que, rodeado de poco espirituales porras policiales, comenzó ayer en Nueva York un ciclo de conferencias en Estados Unidos. Llegó de Suiza y, muy apropiadamente, saludó a sus fieles uniendo sus manos y mostrando un impecable reloj helvético.


























































