Manuel L. Abellán,
profesor de la Universidad de Amsterdam, tiene en marcha una investigación sobre La censura como condicionante de la producción literaria española (1950-70), basada en una encuesta con unos 200 escritores españoles. Para completar el trabajo, solicitó reiteradamente y, al final, obtuvo una autorización que le permitiese acceder a los archivos de la censura. El gozo del señor Abellán -primer ciudadano español que obtenía tan singular bula- se quedó pronto en un pozo: cuando el secretario general técnico del Ministerio (de Información) le negó la consulta de los expedientes que se custodian en el archivo general, «comprometedores para determinadas personas y personalidades ». En las cuatro semanas escasas en que le han levantado la veda, el profesor Abellán podía «tomar notas», pero no fotocopiar y se comprometía a «omitir el nombre del lector» (censor) que firmase.


























































