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Unai Marrero, otro héroe vestido de azul como Arconada

El portero elegido por Matarazzo para la final de Copa fue protagonista en la tanda de penaltis, donde detuvo dos lanzamientos

Unai Marrero para el penalti de Sorloth en la tanda de penalti.AFP7 vía Europa Press (AFP7 vía Europa Press)

Como hace 39 años en aquella histórica final de Copa de La Romareda, la Real volvió a echar mano de la épica para hacer historia y conseguir un nuevo entorchado copero, el tercero de su historia, de acuerdo con las cuentas de la RFEF —el club cuenta cuatro: la primera sería aquella que ganó el Club Ciclista de San Sebastián, considerado el germen de la Real actual, el año 1909—. Si aquel 27 de junio fue Luis Arconada el héroe blanquiazul, este sábado en Sevilla lo fue otro portero, salido también de la cantera de la Real Sociedad, quien llevó al equipo blanquiazul a tocar el cielo con las manos. El héroe de la noche no fue otro que Unai Marrero. En esta ocasión también hubo que esperar al último lanzamiento para hacer bueno el trabajo del meta, el que guio a los suyos hacia la Copa.

Atlético ATL
2 3
Lookman 17', Julián Álvarez 82'
Atlético
R. Sociedad R.
2 4
Barrenetxea 0', Oyarzabal 45' (p)
R. Sociedad
Final

La figura del Azpeitia se fue agigantando hasta convertirse en uno de los grandes nombres propios de este título copero de la Real Sociedad. Su historia en esta competición no es la de un actor secundario que aparece en el momento decisivo, sino la de un protagonista sostenido en el tiempo, respaldado desde el primer día por la firme convicción de Pellegrino Matarazzo.

El técnico estadounidense tomó una decisión que define perfectamente su carácter: Marrero sería el portero de la Copa. Y lo mantuvo contra viento y marea, incluso teniendo por delante a un guardameta del peso y la regularidad de Álex Remiro.

No era una apuesta sencilla, pero sí coherente con su manera de entender el liderazgo. Matarazzo no dudó, no rotó en los momentos clave y llevó su idea hasta el final. Y Marrero respondió con hechos. Solo se ha perdido un partido en toda la Copa, el de la ida de semifinales frente al Athletic Club en San Mamés. En la vuelta volvió a la titularidad. Y lo hizo con una máscara, una imagen que refleja bien el compromiso del portero. Ni siquiera esa circunstancia le impidió firmar una actuación sólida, clave para sellar el pase a una nueva final.

Su torneo ha estado marcado por intervenciones decisivas, especialmente en los momentos límite. Fue vital en la tanda de penaltis frente a Osasuna y volvió a resultar trascendental en la final, donde terminó de consagrarse como héroe. Vestido de azul, evocando inevitablemente la figura de Luis Arconada en aquella mítica final de 1987, Marrero firmó una actuación que le elevó a la categoría de símbolo en una noche inolvidable. No era, sin embargo, la primera vez que demostraba su capacidad para aparecer en los momentos decisivos, ni tampoco la primera en la que sabía cómo frenar al Atlético de Madrid. Ya lo había hecho hace un par de veranos, en un partido amistoso que, visto lo visto, resultó premonitorio.

En aquella ocasión, le detuvo un penalti a Memphis Depay, que intentó sorprenderle con un lanzamiento a lo Panenka. Marrero no se dejó engañar: ni siquiera se movió y blocó el balón con una naturalidad impropia de alguien de su edad y experiencia.

Pero su intervención más impactante llegó en los últimos minutos de aquel encuentro. El Atlético volcaba su juego por banda derecha, con César Azpilicueta centrando casi desde la línea de fondo. En el área esperaba Samuel Lino, que conectó un cabezazo franco, de esos que suelen acabar en gol. El jugador, e incluso la grada, ya celebraban el tanto de la victoria, pero entonces apareció Marrero. Con un gesto felino, sacó una mano salvadora que desvió el balón a córner. Una parada de reflejos, instinto y personalidad.

Esa misma personalidad es la que ha exhibido durante toda la Copa y la que ha terminado por darle la razón a su entrenador. En una final en la que también brilló Ander Barrenetxea —autor del gol más rápido de la historia de las finales coperas, a los 14 segundos—, el protagonismo acabó inclinándose hacia la portería.

Barrenetxea, además, representa otra de las grandes historias de superación de este equipo. Lastrado durante años por las lesiones, vivió su momento más duro en 2022, cuando cayó en el Estadio de Mendizorroza con una lesión severa en la musculatura isquiosural del muslo izquierdo, con afectación tendinosa. Un golpe que le obligó a pasar por el quirófano en Finlandia, donde fue intervenido por el prestigioso doctor Lasse Lempainen, especialista de referencia por cuyas manos han pasado futbolistas como Ousmane Dembélé o Sergi Roberto.

Aquella lesión marcó un antes y un después. La recuperación fue larga, exigente, también mental. Meses de silencio, de trabajo invisible y de dudas. Hoy, todo eso forma parte del pasado. Como también lo es el camino recorrido hasta esta final. Porque si algo define a esta Real Sociedad es precisamente eso: la suma de historias de fe, decisiones valientes y respuestas contundentes. La de Matarazzo creyendo en Marrero. La de Marrero respondiendo bajo presión. Y la de un equipo que ha encontrado en su portero a un héroe inesperado. O quizá no tanto.

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