Manicura contra la homofobia: “Apoyamos a Borja Iglesias y nos posicionamos contra el odio y la discriminación”
La afición del Celta de Vigo se moviliza para condenar los insultos homófobos que recibe su delantero y reivindicar una masculinidad que rompa con los estereotipos

Uñas de azul celeste, azul eléctrico, negras, rosas, de gel, con brillos e incluso con un panda estampado en ellas. La enumeración podría parecer el catálogo de uñas de un salón de belleza, pero así lucían las manicuras de los aficionados celtistas en la previa del Celta de Vigo en el partido contra el Rayo Vallecano de este domingo. Los talleres de nail art de hombres entre 20 y 50 años con camisetas de Mostovoi o Iago Aspas generaban una imagen muy particular en los aledaños de Balaídos. La iniciativa no es aleatoria: es una muestra de apoyo y solidaridad al delantero de su equipo, Borja Iglesias, quien recibió insultos homófobos en el último partido de su equipo contra el Sevilla FC.
“A ver si te mueres, maricón de mierda”. “Sinvergüenza, vete a tu casa. ¡Píntate las uñas, maricón!”, fueron algunos de los insultos homófobos que soportó el jugador compostelano por parte de los aficionados sevillistas después de la victoria de los celtistas en el Sánchez Pizjuán. “Qué raro, si esto en el fútbol no pasa nunca”, comentó con ironía el propio Borja Iglesias en su cuenta de X. Desde hace años, jugadores como él, Héctor Bellerín, Sergio Camello y Aitor Ruibal han visibilizado las descalificaciones xenófobas que se sufren en la élite del fútbol español.
No solo los futbolistas toman partido contra el odio. También los aficionados. Al poco del enésimo ataque homófobo a Borja Iglesias, la peña celtista Carcamáns Celestes decidió impulsar que todos sus socios se pintasen las uñas en apoyo al delantero compostelano. “Nos pareció una buena idea hacerlo para buscar conciencia en la sociedad. No entendemos por qué insultan a un jugador por pintarse las uñas. Debemos vivir en una sociedad libre y respetarnos mutuamente unos a los otros”, se sensibiliza Belermo Dios, presidente de la peña de Illa de Arousa. A su alrededor, decenas de celtistas se hacen sus correspondientes diseños.
Poco después se unió la peña celtista Merlegos Celestes, de Santiago de Compostela, que ofreció la sesión de manicura gratis el día anterior al partido. “Nos parece horrible lo que tiene que aguantar Borja, pero el apoyo es más para la gente que padece estas vejaciones que para Iglesias. Queremos que los que sufren vean cómo nos reímos de los odiadores”, explica Miguel Varja, presidente de la peña picheleira. “Vivimos en un país de cazurros. No tiene sentido que lo insulten. Es de gente mala”, se enfada. “Seguro que hay futbolistas homosexuales y si lo declarasen, llevarían palos por todos lados… Eso no puede ser”, critica.
El propio Iglesias ha insistido en muchas ocasiones que aunque él reciba los insultos, quien más lo sufre es quien no se puede sentir cómodo expresándose como realmente es por miedo al rechazo. “El odio contra mí me da igual, pero si alguien sufre porque no tiene un espacio, porque se siente juzgado o le tratan mal… Joder, ahí tenemos un problema serio. Lo normal sería que seas como seas todo el mundo te respetase, pero a veces no pasa”, explicaba en una entrevista El Panda a EL PAÍS. Hace apenas dos años, hizo una campaña contra la homofobia. Borja Iglesias es heterosexual. No lo critican por su sexualidad, sino por vestir diferente y mostrar una estética, sensibilidad y compromiso social fuera de la masculinidad tradicional en general y el fútbol en particular.
A Carcamáns y a Merlegos se unieron más peñas: Centolos Celestes, Lechuzas Celestes o Blau Cel están entre quienes han seguido esta divertida iniciativa. Álex Costas, de Centolos, se ha estampado las uñas de azul celeste con su hijo Pedro y su mujer Mónica. “Es para apoyar a Borja y por posicionarnos contra todo tipo de odio y discriminación”, comenta de lo que dice. “Es vital que los niños conozcan desde pequeños la realidad de la sociedad donde viven. Tenemos que educar a una generación mejor: que no sea homófoba, machista o racista”, añade Mónica González. “Usan la homofobia con Iglesias, igual que el racismo con jugadores racializados. Se usa el odio como un arma y deja claro el problema de fondo”, opina Daniel Román, de 29 años, que no ha dudado en pintarse las uñas. “Que haya jugadores comprometidos como Borja hacen del fútbol un sitio un poco mejor”, valora.
Multitud de niños pequeños, además de Pedro, que prefiere no posar junto a su madre, se pintan su particular manicura. También niñas, madres y abuelas y abuelos. Incluso políticos, como el líder del PSdeG, José Ramón Gómez Besteiro, se han sumado a la iniciativa. ¿Sirve pintarse las uñas para combatir la homofobia? “Es una forma de visibilizar que estas cosas pasan en el día a día”, dice Daniel Román, rodeado ahora de decenas de celtistas con sus uñas estampadas. “Es un símbolo, como tantos otros. Este rompe estereotipos y molesta solo a quienes odian”, responde Álex Costas. Al fondo, una bandera LGTBIQ+ cuelga de las letras esculpidas de Balaídos.
El propio club ha decidido apoyar la iniciativa. “El respeto no se negocia. El odio no tiene cabida en el fútbol. Orgullosos de ti, dentro y fuera del terreno de juego”, publicó el Real Club Celta en sus redes sociales. Apoyaron la publicación inicial de Carcamáns y pidieron a la afición que subiera sus fotos a las redes etiquetando la cuenta del equipo. La presidenta, Marián Mouriño, subió un vídeo de sus uñas con un diseño de un panda dibujado, que es el mote de Iglesias.
El respeto no se negocia.
— Celta (@RCCelta) January 13, 2026
El odio no tiene cabida en el fútbol.
Orgullosos de ti, dentro y fuera del terreno de juego.#LALIGAVSODIO ⋄ @BorjaIglesias9 pic.twitter.com/rnzYuggS7k
“Está normalizado insultar a jugadores y árbitros en los partidos de fútbol. En los estadios se ve lo peor de la sociedad”, opina Aida Mosquera, una celtista que suele ir a los partidos del Celta con su novia. “La homofobia en el fútbol es un problema muy enquistado, pero hay que poner nuestro granito de arena para que esto llegue arriba y los clubs tomen medidas contundentes”. En lo que va de temporada, Borja Iglesias lleva 7 goles y dos asistencias en La Liga. Es el máximo goleador de su equipo. A veces tiene haters en su propia afición. “Conozco a quien dice “qué temporadón está haciendo Borja, pero no entiendo por qué se pinta las uñas”. Eso demuestra el problema de homofobia y lo veo siempre de hombres a hombres”, revela Mosquera.
Romper el rol de la masculinidad tradicional fue lo que llevó a Alexis Sánchez, un joven de 29 años, a pintarse las uñas antes del partido. “Borja ha dado el paso de intentar disipar esas barreras de género y que algo femenino también se puede contemplar como algo masculino, algo muy valiente y complicado de conseguir”, piensa, rodeado de sus amigos Iago y Nahuel, con el esmalte aún fresco. “El odio a Borja es la punta del iceberg. El fútbol representa la masculinidad más pura y actúa a veces de cápsula donde el patriarcado todavía puede estirar las patas y estar tranquilo. La homofobia no deja de ser una herramienta que nos dice cómo tenemos o no tenemos que ser para encajar”, reflexiona.
No todo el mundo está preparado para romper estereotipos. Menos aún en un mundo con una masculinidad tan heteronormativa como la del fútbol. “Vuestros muestros, maricones, fuera del fútbol ya”, “no cabe un tonto más en el Celta” o “y también con bolso y pintalabios y el culito abierto no vaya a ser”, fueron solo algunas de las críticas que recibió el club en su post por animar a sus aficionados a pintarse las uñas.
Contade con nós, @CarcamansCeles 💅
— Celta (@RCCelta) January 15, 2026
Celtista, este domingo... ao estadio coas unllas pintadas! pic.twitter.com/w8B9NKkCrk
El Celta movió ficha de nuevo y, por la mañana, el equipo juvenil sacó una camiseta de Borja Iglesias en apoyo. Compartió también varias fotos en su cuenta de Instagram de aficionados con las uñas pintadas. A la hora de saltar al campo muchos de sus jugadores lo hicieron con la manicura lista. Hugo Sotelo, Hugo Álvarez, Javi Rueda, Óscar Mingueza, Miguel Román, Carlos Domínguez, Manu Fernández o el propio Borja Iglesias fueron algunos de los jugadores del primer equipo que salieron a jugar al terreno de juego con las uñas pintadas.
Empezó el partido después de una actuación folclórica del entroido [carnaval] gallego. Las pantallas de Xinzo de Limia rememoraron la historia de su fiesta. Una tradición que más que contrastar con una grada y un equipo que exponen nuevas variantes de la masculinidad, recordó que lo nuevo y lo viejo pueden ir de la mano. “Una patada a la homofobia”, se leyó en un cartel que desplegó la grada de animación al inicio del encuentro. Cómo no, sujetadas por uñas cuadradas, redondas, ovaladas o almendradas, pero, todas ellas luciendo su esmalte impregnado. Borja no salió de titular, pero la solidaridad no va solo con él. “Homofobia nunca más”, inició el cántico una aficionada en el minuto uno del partido. Toda la grada y gran parte del estadio lo emularon al unísono.
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