Xabi, una idea sin ejecutores y una autoridad mermada
La salida de Alonso se produce después de un Clásico que perdió, pero empezó mucho antes, en el Clásico que ganó


Creo que fue Juan Antonio Palomino, el tuitero conocido como Van Palomaain, muerto en el accidente de tren de Angrois en 2014, el que dijo que al Madrid hay que venir a entrenarlo soltero. Se refería Van Palomaain a que ese banquillo no lo soporta ni el Mick Jagger de los 60: después de dos meses en el Bernabéu se cortaría el pelo y se matricularía en Derecho. Es probable que Alonso —casado y de cultura futbolística cosmopolita, que encontró el éxito abrumador como entrenador en un club, el Bayer Leverkusen, que no esperaba todo lo que el vasco le dio— haya calculado mal la presión asfixiante e insólita del club que mejor conoce de todos, y a quien dedicó años de juego y estudio. Es probable, digo, que hasta Alonso, un tipo inteligente, de carácter, que ha dado pocos o ningún paso en falso en su carrera, creyese en verano estar preparado para la empresa más grande de cualquier entrenador, que es ponerse al frente del Real Madrid. El secreto, sin embargo, es llegar al Madrid sabiendo que nadie lo está, que nadie dura aquí más de tres años seguidos sin que le cueste la juventud o la cordura.
Xabi llegó en condiciones extrañas para una carrera sin improvisaciones: el epílogo de la temporada pasada, el Mundial de Clubes en Estados Unidos. Es decir, se subió al tren en marcha, y un tren que había descarrilado ya en todas las competiciones. Fue un gesto de coraje, algo que en el Madrid puede pagarse caro. Quizá fuese ese el primer paso en falso.
En el campo, bloque alto, sacrificio de los delanteros y un chico de la cantera que ejemplificaba la mordiente que pretendía: Gonzalo. Fue la figura del Madrid en el Mundial y enseñaba lo que Alonso quería en Vinicius, de físico portentoso: morder en la presión y desbordar arriba. Los galones, la condición de primera estrella, se depositaron en Kylian Mbappé en cuanto empezó la temporada. Y el francés, descontrolado, sostuvo al Madrid con goles de todas las facturas. En la plantilla, tres laterales izquierdos, centrales eternamente tocados con antecedentes de lesiones graves y un centro del campo sin un jugador capaz de aguantar el balón, de parar el partido, de darle al equipo una posesión potable.
No dejaba de ser un equipazo, pero confeccionado de irregular manera. Para la idea de Xabi, esa presión alta, recuperación rápida y todos disparados para arriba, necesitaba de jugadores que o no dieron la talla o directamente se abstuvieron de deberes. Hace muchos años, cuando él era en el campo uno de los mariscales más reconocibles de Mourinho (el otro era Arbeloa), dijo una frase que levantó cierta efervescencia porque captaba bien el espíritu de aquel equipo que batió el récord de goles de la Liga: “En el Madrid no estamos muy cómodos con la posesión defensiva: somos de rock&roll. Pum. Tralla y que pasen cosas”, dijo al biógrafo de Guardiola, Martí Perarnau.
De alguna manera, de una manera más sofisticada porque los tiempos se mueven, la idea de Alonso en el Madrid no estaba lejos de aquella de Mourinho, el entrenador que hizo llorar a Cristiano Ronaldo en el vestuario por no perseguir al lateral izquierdo rival en un partido. Un equipo rápido y agresivo que ofreciese transiciones veloces, que levantase al público moviéndose como un violento acordeón para pánico del rival.
Algo que iba en consonancia con la admiración que Alonso siempre tuvo por Luis Suárez cuando Suárez jugaba en el Liverpool: un delantero rabioso, molesto, trepidante, que iba al choque con cualquiera y mataba. Quizá buscó en Gonzalo algo de eso porque no lo encontraba en Endrick en los entrenamientos —es una conjetura— ni en Mbappé ni en Vinicius —esto no lo es— en los partidos. Pero no hizo llorar a ninguno, que se sepa, y por ahí empezaron los problemas. Quizá intentó hacer de Güler una especie de Kroos porque no le trajeron a nadie ni remotamente parecido; a nadie, en realidad. Sería estúpido en cualquier caso no responsabilizarle del juego y de las derrotas. Cambió de idea, transigió con jugadores que merecían un castigo (¿por indicación del palco? Peor sería) y al final terminó sin saber qué Madrid quería. Ayuda al desconcierto y la impotencia que haya jugadores ahí dentro, también Bellingham, cuyo nivel a veces es tan alarmante que se desconoce si no les gusta la posición o no les gusta directamente el fútbol.
Es paradójico que su salida se produzca después de un Clásico en el que mejor planteamiento expuso para los efectivos que tenía, consiguiendo descentrar al Barcelona en la primera mitad y apretarlo al final de la segunda gracias a los cambios. Paradójico, porque su salida empezó en otro Clásico, el que ganó en el Santiago Bernabéu. Allí sustituyó a Vinicius que, en el centro del campo y apuntado por todas las cámaras, la emprendió a gritos contra el entrenador. Así, una victoria que puso al Madrid líder con cuatro puntos de diferencia se convirtió en una crisis que aumentó cuando en las disculpas de la estrella no incluyó a su víctima, el entrenador. Casi al mismo tiempo, en Liverpool, la falta de respeto de la estrella Salah a su entrenador lo dejaba fuera de la convocatoria en el siguiente partido. Muchas veces se ganan más partidos educando que entrenando, dejando claro quién manda y por qué manda, que dejándose autoridad por el camino.
Este domingo, después de la final de la Supercopa, pidió a sus jugadores que presentasen respeto al Barcelona en la entrega de trofeos mientras Mbappé, contrariado, les dijo a sus compañeros que no, que se fuesen: y los jugadores se fueron.
“Si hay un equipo en el mundo que pueda llevar un dragón en la camiseta es el Real Madrid”, dijo Florentino Pérez cuando el Madrid, conseguida la Décima, presentó una tercera equipación. El dragón, sus llamas, vuelve a volar descontrolado por el Bernabéu a mitad de temporada con los grandes títulos en disputa. No sería la primera vez, en un nuevo arranque impredecible, que el animal vuelva la vista a Europa, donde siempre ha lamido sus heridas. Pinta no tiene, pero quién entiende al Real Madrid.
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