

El Madrid gana en un minuto al Mallorca
Una oleada de los blancos al borde del descanso, con tantos de Güler y el regresado Vinicius, remonta el gol de un atrevido equipo bermellón que mantiene en vilo a los locales hasta el final


El Madrid hace progresos en su fútbol, se exhibe con más energía que la temporada pasada y cerró la apertura del curso con tres triunfos que, eso sí, se antojaban obligados. Le sigue costando, no obstante, abrochar los encuentros. Contra un buen Mallorca se volvió a abocar a un desenlace de intriga por más que controlara el juego. El VAR le negó tres goles y enfrente se encontró un rival que no se achantó de inicio, cuando se adelantó, ni cuando recibió un doble sopapo en un minuto al borde del descanso. Esa oleada, rubricada por los tantos del regresado Vinicius y Güler, definió un encuentro interesante y, a ratos, abierto.


Después de la hora de banquillo (y algún bostezo) de hace una semana en Oviedo, Vini volvió al once en detrimento de Rodrygo, aunque sus partidos siguen siendo incompletos. Esta vez, acabó relevado a falta de 20 minutos por su compatriota, de nuevo con el resultado en el aire. De inicio siguió Mastantuono y lo que permanece invariable es la medular de Tchouameni, Valverde y Güler. Tampoco hay mucho más sin el lesionado Bellingham. Ceballos, que parece que se queda tras la marcha atrás de esta semana, asomó a falta de 20 minutos cuando Xabi Alonso buscó más control de juego.
El Mallorca, como Osasuna y Oviedo, también recurrió a los tres centrales, pero una cosa fue la pizarra y otra, el plan inicial. Lejos de encapsularse atrás, los muchachos de Jagoba Arrasate se desplegaron expansivos, animosos. Adelantaban la línea, encadenaban pases si podían y, si no, siempre les quedaba el recurso de buscar a Vedat Muriqi por arriba. El paisaje abría el campo, así que tampoco debía disgustar al Madrid. Sin embargo, el primer golpe fue de los visitantes.
Los locales se presentaron imprecisos en tres cuartos, a Güler se le fueron dos balones francos y las cámaras del VAR anularon un gol a Mbappé. El que se lo cobró fue Muriqi, que no será el futbolista más virtuoso, como él mismo admite, pero domina como nadie el viejo recurso del juego aéreo y conoce al dedillo todo lo que necesita su equipo de él. Y, si hace falta, remata de espalda un córner rodeado de varios madridistas. El 0-1 premió las buenas intenciones del Mallorca y puso en órbita a los locales.
No es sencillo plantarse en Chamartín con ganas de buscarle las cosquillas al Madrid, pero resulta todavía más complicado mantener esa idea cuando un equipo como el bermellón se pone en ventaja. El Mallorca se tiró un poco atrás, una reacción tan natural como la vida, y los blancos aceleraron hasta desatar una de sus habituales tormentas bajo el techo de la Castellana.
Curiosamente, el empate le llegó por arriba, con dos cabezazos dentro del área, una vía difícil de prever cuando enfrente estaban dos centrales (Raíllo y Valjent) que se acercan al 1,90. Sin embargo, centró Carreras (clave arriba y abajo al final de la cita), Huijsen prolongó en el segundo palo y todos se olvidaron del más pequeño, Güler, que remató solo. Un tanto que desbocó al mejor Madrid de la noche.
El 1-1 inauguró una oleada ofensiva local que fue incontenible hasta el descanso. Lo agradeció Vinicius, que ganó foco y gritó de liberación en una contra. Robó Valverde, el brasileño condujo y, cuando parecía que no encontraba soluciones, se hizo sitio y se la cruzó a Leo Román. Un minuto y dos goles para desencadenar una ventolera de ataques que arrinconaron al Mallorca.
El Madrid subió mucho el volumen. Mbappé se quedó a un palmo, el VAR volvió a interrumpir una celebración del francés y Güler soltó un latigazo algo escorado que rechazó Román. El turco andaba en modo cazagoles, pero el 3-1 a la vuelta del descanso se lo quitaron porque el árbitro, después de revisar la acción en el VAR, interpretó que el toque en el brazo previo a su remate a gol, tras un gran recorte de Mastantuono, fue irregular.
El Mallorca, pese al doble golpe, no perdió del todo el hilo, y ninguna vía mejor para seguir amenazando que Muriqi, el origen de una jugada que acabó con Carreras sacando el balón debajo de los palos. Todavía quedaba choque por delante, pero ese lance al límite lo condujo definitivamente a un terreno de dudas para el Madrid, que no atinaba a cerrar el duelo y enfrente sufría a un conjunto que no perdía la cara.
Brahim había relevado a Mastantuono, al que los encuentros todavía se le hacen largos, y el estadio ovacionó el retorno de Carvajal. Lo que le faltó al Madrid fue el remache de Mbappé, empachado de VAR, para cerrar la noche más tranquilo.
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