Paula Blasi roza la victoria en la Flecha Valona femenina
Tres días después de ganar la Amstel Gold Race, la ciclista catalana sube al podio de la clásica del muro de Huy tras Demi Vollering y Puck Pieterse


Paula Blasi se hace la inocente, ay qué inconsciencia la suya que no sabe dónde se mete, y gana el domingo la Amstel Gold Race. Los cronistas de medio mundo se balancean en sus análisis. Unos cuantos reconocen que la ciclista catalana es una crack, pero la mayoría culpa a la segunda y a la tercera, las grandes veteranas Demi Vollering y Kasia Niewiadoma, por no tomarse en serio el ataque de Blasi en la penúltima ascensión al Cauberg, a 22 kilómetros de la meta. Pero para mantener la fuga con fuerza, sin agotarse, ante tamaña persecución, hace falta algo más que inconsciencia, suerte o desidia de las rivales, y tres días después de sorprender al mundo alrededor de Maastricht en la campiña holandesa, Paula Blasi, que ya no es una sorpresa, lo demuestra en la vecina Bélgica en el tremendo muro de Huy, uno de los lugares sagrados del ciclismo mundial, donde solo dos ciclistas la superan, la gran Demi Vollering, que se toma la revancha del domingo, y la ganadora del año pasado, la neerlandesa joven Puck Pieterse, que la adelanta en los interminables 100 metros finales con un punch refinado año tras año en las pruebas de ciclocross.
Blasi entra mal colocada en el muro, 1.200 metros al 9%, y está aún lejos de Vollering cuando esta acelera, sentada sobre la bici, a más de 600 metros de la meta. La catalana progresa hasta ponerse segunda, su larga coleta trenzada surge bajo el casco como una cola de leona salvaje, agitándose de lado a lado, cuando mantiene un feroz codo a codo triunfal con Niewiadoma. Vollering es inalcanzable. El segundo puesto le tiende los brazos. Pieterse, explosiva pelirroja, se los corta.
La corredora del UAE --equipo en el que comparte vida con Mavi García, de 42 años, que llega junto a ella, ayudándola, al pie del Muro, en el grupo de 16 que se desgajó en la anterior subida, a Cherave, y le pasa su bidón para calmar su sed—quiere ser corredora de clasificaciones generales, pero gana clásicas porque aún mantiene la explosividad que tanto entrenó el año pasado cuando la dirigía Paolo Slongo, el italiano que hizo a Vincenzo Nibali y a Elisa Longo Borghini. Este año ha vuelto a trabajar con Fran Escolá, su entrenador de atletismo. “Y progreso”, decía en Ciclismo a Fondo hace unas semanas la corredora de Esplugues con casa en la Cerdanya, cerca de Alp, y entrenamientos en Andorra. “Antes solo aguantaba el tirón y ahora hago las carreras; las leo mejor, y puedo anticipar los movimientos de las demás y calcular mejor los míos”.
Ya nadie puede decir que Blasi era una jovencita recién llegada a la que nadie prestaba atención. Ya no puede repetir Blasi --de 23 años, atleta de mediofondo hasta los 20, duatleta también, futbolista, hiperactiva, lectora impenitente, graduada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, tantas cosas y más— lo que explicaba en la revista: “No saber nada de ciclismo juega a mi favor. Cuando empecé no había oído ni hablar de Vollering o Marianne Vos. Eso me ayuda a no sentirme intimidada en la carretera. Sobre la bici somos todas iguales”.
Ya había llegado a la Flecha Valona como una de las favoritas. Ya sabía quién era Vollering, y todas ya sabían quién era ella. Y así llegará el domingo al final del camino de primavera antes de pensar en la Volta a Catalunya y en la Vuelta a España y su Angliru: la Lieja-Bastoña-Lieja, la gran clásica de las Ardenas. El Monumento que le espera.


























































