Las ciclistas, impacientes por medirse al Angliru en la Vuelta: “Vamos a sacarnos la máscara de que las mujeres no pueden subir esos puertos”
Corredoras como la talentosa Paula Blasi defienden la idoneidad de que el coloso asturiano sea la cima que cierre la carrera femenina


En la niebla del Angliru donde pacen las vacas y sestean en verano, surge el 12 de septiembre de 1999 la figura del gran Chava Jiménez, un animal prehistórico y terrible que entre los coches de la Vuelta acelera en los últimos metros verticales para superar al ruso Pavel Tonkov y ganar. Toda España contiene la respiración. La expectación es máxima, y el temor. Es la primera vez que se asciende en competición el considerado puerto más duro del mundo —13 kilómetros a más del 10% de pendiente media, y los seis últimos a más del 12%, con zonas como la Cueña des Cabres que llegan al 24%— y los días previos se multiplican los reportajes, las historias de miedo a una subida considerada inhumana, más aún que los terribles Mortirolo o Zoncolan. Recuerdan esas historias al temor de los ciclistas del Tour de 1909 antes de ascender por primera vez el Tourmalet, rodeado de un bosque de nieves perpetuas, decían, en el que habitaban osos… A nadie atacaron los osos ni ningún ciclista profesional murió subiendo el Angliru, que forma parte ya de la épica domesticada del ciclismo masculino y que dentro de un mes entrará en la mítica de un ciclismo femenino que se aproxima con pasos llamativos pero demasiado lentos a la equiparación.
Lo extraordinario hace nada ya es normal, y la Vuelta femenina —siete etapas del 3 al 9 de mayo próximo, de domingo a sábado, cuatro en Galicia, partiendo de Ribeira, una de transición en León y dos finales de alta montaña en Asturias, en Las Praeres el 8 y en el Angliru el 9, fin de fiesta y traca— lo acoge con el entusiasmo de los que se saben especialistas en buscar espectáculo.
Los fisiólogos y entrenadores dicen, por qué no, bastante se ha tardado en empezar a considerar adultas a las mujeres ciclistas, y las más jóvenes aplauden. “Poco a poco vamos a sacarnos la máscara de que las mujeres no pueden subir esos puertos”, dice Paula Blasi, la campeona de Europa sub-23, que lamenta no haber subido aún el Angliru, y no por falta de ganas, porque le encantan esos puertos. “Solo he recibido inputs de miedo de todas que lo han hecho, porque solo hay que ver el perfil para imaginarme que cualquier desarrollo va a ir justo. A mí me hace muchísima ilusión poder correrlo”.
Fisiólogos y entrenadores consideran absurdo que pueda abrirse en los tiempos que corren el debate que pretendieron los que hace aún 40 años aplaudían que las mujeres no podían pasar de los 3.000m en el atletismo. “No hay ningún límite fisiológico para que no puedan ascenderlo. Las potencias que desarrollan les permiten perfectamente superarlo”, recalca Aitor Viribay, fisiólogo del equipos Salomon de trail que trabajó en el Ineos. “El único problema es que en el pelotón masculino hay más igualdad entre los corredores, mientras que en el femenino hay un gap mayor de potencia entre las mejores y las demás. Entre, digamos Demi Vollering o Pauline Ferrand Prévot con las ciclistas de equipos menos profesionales”.
Para Viribay, la potencia en vatios de la francesa que ganó el pasado Tour es comparable con la del pelotón masculino de hace unos años, y más similar aún según más grande sea el tiempo del esfuerzo. “Las mujeres están lejos en explosividad, fuerza máxima, activación de fibras rápidas o capacidad neuromuscular en esfuerzos de tres o cinco minutos”, explica. “Pero los vatios/kilo en esfuerzos de 60-70 minutos, como los que supondrá el Angliru no son tan distantes”.
A Mavi García, en lo mejor de su forma ya cumplidos los 42 años, le infunde respeto un puerto que no ha subido nunca y con un perfil que le hace temblar. “Los últimos seis kilómetros son brutales y, sinceramente, más de 12 kilómetros y esas pendientes no es lo que mejor se me da, pero por supuesto lo afrontaré con ganas. Otro reto más. Supongo que por algo lo llaman el Olimpio del ciclismo…”, dice la medallista de bronce en el pasado Mundial de Ruanda y ganadora de una etapa en el pasado Tour. “Pero el tema de que seamos o no capaces me hace un poco de gracia. Quizás le sea más fácil subir a una chica con poquito peso que a un chico de 80kg. ¡Son las polémicas de siempre que me dan bastante pereza!”
Javier Sola, que entrena a Tadej Pogacar y a la ciclista Eva Anguela, entre otros, lo expresa más rotundamente: “Con los desarrollos actuales, no creo que haya problemas. Las mujeres top estarían en la mitad del pelotón WorldTour masculino en una grande”.
Blasi, de 23 años, la ciclista española del futuro, tiene tanta impaciencia por conocer el Angliru —“no sé si tendré tiempo de reconocerlo antes de la Vuelta”, dice, “pero ojalá”— como por lograr que el ciclismo femenino crezca y crezca. “Este tipo de etapas dan muchísimo juego a las carreras y es lo que nos hace falta”, analiza la corredora catalana. “Son un paso adelante pero no es la prueba definitiva de que ya nos tomen en serio a las mujeres. Aún siguen los organizadores recortándonos etapas y metiendo los puertos lejos de la meta. Hay muy pocos finales en alto fuera de Vuelta, Giro y Tour. Sin ir más lejos en Australia [carrera en la que Blasi fue tercera] nosotras no teníamos la ascensión a Willunga Hill que figuraba en la ruta de los hombres o el circuito final con una subida que solo hicimos dos veces y no cinco como los chicos. Aún falta sacarnos un poco ese miedo y meter etapas más duras”.
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