El diseño en la ciudad
Un espacio de ‘coworking’ en Barcelona ilustra cómo los comercios se reinventan y cómo el diseño contribuye a un nuevo diálogo con la ciudad


El mítico diseñador gráfico alemán Otl Aicher defendía que las cocinas debían ser blancas, con carpinterías blancas, paredes blancas y encimeras blancas, para no competir nunca con la belleza de la naturaleza: los pescados, las cerezas, las espinacas o media sandía que uno pudiera cortar o cocinar en la cocina.
Los diseñadores de Lagranja opinan que, para trabajar la belleza, los tonos deben ser amables, suaves, y la luz, sutil. Eso es lo que han hecho en The Grove, un coworking barcelonés dedicado a profesionales de la belleza. Que exista un lugar así habla de las nuevas ciudades. De la transformación de los comercios. Y también de lo que está ocurriendo en Barcelona. La coreana Jihee Kim y su pareja, Albert Aguiar, han vivido en varias metrópolis del planeta. Y, decididos a instalarse en Barcelona, optaron por abrir un negocio sobre belleza y cuidados personales.
Su espacio, The Grove, está en el barrio de Gràcia. Allí la densidad es clave en la sombra y peatonalización de las calles. Todo parece construido y, a la vez, mucho puede reconsiderarse sin tener que demolerse. Los diseñadores de Lagranja trabajaron con un inmueble, en parte nuevo, levantado sobre una vivienda antigua. Y… casi nada ha cambiado, pero el lugar se ha transformado. Una de las fachadas originales es hoy una puerta corredera. Indica que el espacio se abre a la ciudad. Aquí, lo nuevo habla con lo viejo. Las paredes que tienen textura contrastan con las superficies de trabajo brillantes y finas.

En el interior, una larga mesa de aluminio ofrece versatilidad. Sirve para trabajar o para acoger presentaciones. Este es un escenario del trabajo de estilistas. Y es también un espacio versátil. Cambia de uso con presentaciones o cuidados. El ambiente es neutro pero cálido. El color marca esa cercanía. El suelo, de resina continua, es de un tono salmón, y las zonas auxiliares están subrayadas en rojo.
Aunque todo está pensado, o precisamente por eso, manda la sencillez. El acero inoxidable de un lavamanos y del mostrador de recepción se camufla entre los colores tenues. El resultado es un diálogo. No sólo entre lo existente y lo que quiere arraigar, también entre colores e iluminación —la natural llega de la calle y de un patio al final del negocio—. El mensaje de este comercio, como de su diseño, habla de convivencia y adaptación. De cambio y descubrimiento. Pero también de respeto. Por eso va mucho más allá de la arquitectura.

Muchos de los nuevos inmigrantes de las urbes españolas ya no llegan por necesidad. Lo hacen para emprender. Es el caso de la surcoreana Jihee Kim que conoció en su país a su pareja, el barcelonés Alber Aguiar. Ellos son nuevos barceloneses. Barcelona, que arrastra grandes problemas de gentrificación, está cambiando sus pequeños comercios con ellos.
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