Ir al contenido
_
_
_
_
Crítica de cine
Crítica

‘El sonido de la caída’: memoria y fantasmas de una película extraordinaria

El segundo largometraje de Mascha Schilinski, que compartió un premio con ‘Sirât’ en Cannes, es la historia de cuatro generaciones de mujeres y niñas a través de la casa familiar

01:36
Tráiler de 'El sonido de la caída'
Hanna Heckt, en 'El sonido de la caída'.

Las casas tienen memoria y, tras sus muros, tabiques y paredes, en los pomos de las puertas, perviven las huellas y heridas de nuestro pasado. Es imposible contar la extraordinaria película alemana El sonido de la caída. Y no existe mayor cumplido: las palabras no sirven para atraparla. El segundo largometraje de Mascha Schilinski habla de niñas, muerte y memoria; de los fantasmas de una casa de campo llena de recovecos, hecha para perderse en el tiempo, el de cuatro generaciones de mujeres que han vivido a lo largo del siglo XX entre esas paredes.

Con vetas que sugieren ecos de un terror experimental, entre folk y neogótico, la película de Schilinski —que en el pasado festival de Cannes logró el Premio del Jurado ex aequo con Sirât, de Oliver Laxe— va más allá de cualquier juego de etiquetas gracias a una poesía visual y sonora sobrecogedora. Narrada con las voces de algunas de las niñas que vivieron en esa casa de una granja familiar, la película navega por el tiempo a través de la genealogía de las mujeres que la habitaron, sus miedos y traumas. Las niñas son ángeles vestidos con el luto de un país atravesado por la sombra más siniestra del siglo XX.

La primera secuencia de la película sitúa al espectador frente a una cicatriz cuyo dolor traspasa generaciones. Una joven peinada a la manera de los años cuarenta cruza un pasillo haciéndose la coja hasta entrar en la habitación de un hombre que parece dormido. En la pared hay dibujos de muñones: el hombre tiene la pierna amputada y la chica examina su herida y su cuerpo desnudo. Adivinamos pronto la maraña temporal: en la siguiente secuencia, tres niñas juegan bajo el mismo techo, aunque la ropa nos sitúa en una fecha anterior, principios del siglo. En el piso de arriba, en la misma habitación y con la misma postura, aunque más joven, está el hombre amputado. Esta vez, quien observa la cicatriz es una cría pequeña y rubia, quien, a través de otra puerta, examina también a su madre, doblada ante un aparador con aquellas fotografías post mortem decimonónicas que había en las casas y que evocan a los espectros (“El teatro muerto de la Muerte”) de los que habla La cámara lúcida, de Roland Barthes. El misterio de ese aparador y de esas imágenes, como el de las niñas y sus vestidos negros, es el de los fantasmas de la casa, sus espíritus, los que mueven los hilos de la sigilosa y enigmática cámara de Schilinski.

Con su cautivadora belleza y sus movimientos circulares, El sonido de la caída viaja por el tiempo a través de mirillas, puertas y ventanas para hablarnos de hijas, madres, abuelas y hermanas atrapadas en una realidad opresora de la que tampoco se escapan algunos hombres, como el trágico tullido —hermano de unas, tío de otras— que tanto las obsesiona.

La película cruza el siglo XX, y el siglo XX cruza la película con su historia de muerte y desgracia. Compleja y apasionante como un laberinto, impregnada de su romántica oscuridad, Schilinski firma una película pictórica en sus encuadres, envolvente en sus continuos movimientos y con un uso magistral del sonido.

Segundo trabajo de su directora después de la muy interesante Dark Blue Girl (2017) —sobre los sentimientos encontrados de una niña hacia sus padres separados cuando deciden volver a estar juntos en su casa de una isla griega—, El sonido de la caída tiene la misma pulsión de muerte que Las vírgenes suicidas de Sofia Coppola, pero pasada por los interiores del pintor Vilhelm Hammershøi, cuya maravillosa exposición El ojo que escucha, ahora en el Museo Thyssen de Madrid, es un perfecto preámbulo para adentrarse en una película única, inquietante, arrebatadora e imprescindible.

El sonido de la caída

Dirección: Mascha Schilinski.

Intérpretes: Hanna Heckt, Lena Urzendowsky, Laeni Geiseler, Susanne Wuest, Lea Drinda, Luise Heyer.

Género: drama. Alemania, 2025.

Duración: 149 minutos.

Estreno: 24 de abril.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_