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Robert Aramayo, de niño prodigio de la interpretación a ganar el Bafta a DiCaprio

El actor inglés protagoniza ‘Incontrolable’, el ‘biopic’ de John Davidson, un escocés que popularizó el síndrome de Tourette en Reino Unido y que se convirtió en protagonista involuntario de los pasados premios de la Academia británica

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Tráiler de 'Incontrolable'
Robert Aramayo, en los Bafta el pasado mes de febrero, en Londres.Foto: Kate Green (Getty Images)

En Incontrolable colisionan dos mundos. Por un lado, la película británica —que se estrena mañana, viernes, en España— funciona como el buen cine social de ese país de los años noventa, y atrapa al espectador con buenos secundarios y una hábil traslación de la vida de John Davidson, un escocés de 54 años que ha logrado con su tesón y dos documentales popularizar los problemas del síndrome de Tourette, una condición neuronal que él posee, en Reino Unido. En 2019 fue nombrado miembro de la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel II. Tras haberse ido de su casa por no sentirse querido, el estreno del filme parecía un remate feliz.

Por otro lado, está la realidad, tenaz en sus miserias y en su incomprensión. El proyecto, dirigido por el irregular Kirk Jones, firmó como protagonista al inglés Robert Aramayo (Hull, 33 años), niño prodigio de la prestigiosa escuela neoyorquina de arte Juilliard, y conocido como el joven Ned Stark en Juego de tronos y por encarnar a Elrond en la serie El señor de los anillos: los anillos de poder. Una jugada arriesgada, con la posibilidad de que el actor sufriera ataques en redes porque Aramayo no tiene esa condición. Además, cuando todo el recorrido llegaba a ese final feliz, antes mencionado, como era la entrega de los premios Bafta —donde Incontrolable defendía seis nominaciones—, los sucesos ocurridos en la ceremonia confirmaron que todavía queda pedagogía social por hacer.

En Madrid, Jones y Aramayo recuerdan aquellas horas agridulces. El síndrome de Tourette comporta, simplificando mucho, movimientos espasmódicos y vocales incontrolables. Es un trastorno neurológico crónico que puede —cada persona es distinta— hacer que quienes lo padecen tengan tics y suelten insultos y juramentos sin freno. Davidson, además, tiene un trastorno obsesivo-compulsivo y golpea a quien esté a su lado. En los Bafta, antes de empezar la ceremonia, la organización avisó de que Davidson estaba en el patio de butacas, pero solo a los que estaban allí sentados. “Fue hermoso, porque la gente le aplaudió y él saludó. La BBC nos aseguró que, como la gala se emitía en diferido, cortarían sus posibles salidas de tono”.

Esa tarde, Aramayo ganó el premio a estrella emergente (votado por el público) y al mejor actor (contra Chalamet, DiCaprio, Michael B. Jordan, Jesse Plemons y Ethan Hawke)... Sin embargo, nadie advirtió a los presentadores de que en el patio de butacas había un invitado con síndrome de Tourette. Cuando los actores Michael B. Jordan y Delroy Lindo salieron a entregar un premio, se escuchó un nigger (negrata) que les dejó helados. Davidson, que ya había proferido previamente una decena de insultos, abandonó la sala. Peor aún: la BBC no eliminó ese “negrata” en la emisión (aunque sí quitó un “Palestina libre” del director de La sombra de mi padre, Akinola Davies Jr), incumpliendo el acuerdo previo. “Dijeron que porque el realizador no lo había escuchado. Llamé a John al día siguiente y me dijo que había sido como otra jornada más en su vida, aunque con un eco gigantesco. En fin, estaba bien. Como se escucha en la película, solo debes disculparte cuando eres responsable de lo pasado. No cuando es incontrolable”, recuerda el actor. “Esto confirma que queda mucho camino aún por recorrer”.

Aramayo, que reside en Nueva York, viajó a Escocia a convivir con la familia de Davidson para aprehender su día a día y para entrenar el acento escocés. “Pero nunca ensayamos con los tics”, recuerda el director, confirmando esa decisión arriesgada. Y Aramayo ríe a su lado. “Fue una cuestión de confianza. Es una interpretación compleja en lo emocional y en lo físico. Solo lo hice con la cámara encendida”. A su lado contó con un entrenador de acento y otro de movimiento. “Y para mí lo fundamental era plasmar el carácter de John, que es más que una persona con Tourette, es un hombre increíble con una experiencia muy profunda. Enfoqué mi esfuerzo en estar a su altura”.

Las etiquetas médicas pueden suponer una exclusión social. A Davidson, en cambio, le ayudaron. El Tourette comenzó a asomarse al inicio de su adolescencia, cuando encaraba una posible carrera como portero de fútbol. “Durante un tiempo”, recuerda Jones, “no supieron qué le pasaba. Y aun diagnosticado, su familia no supo acompañarle. De ahí que solo le comprendiera la madre de un amigo suyo, enfermera de un hospital que había tratado antes a pacientes con Tourette”. Para Aramayo, “un gran filme permite al público identificarse con el protagonista. La historia de John es extraordinaria y la audiencia la entenderá si ve su viaje completo. El cine te enseña sin obligaciones”. ¿No les daba miedo que ya hubiera dos documentales previos sobre él? “Pues no mucho”, explica el cineasta. “Porque ambos ahondan en momentos muy puntuales de su vida. Nosotros recorremos cinco décadas, con sus más y sus menos”.

Aramayo defiende que un actor puede encarnar casi cualquier personaje. “En el caso de alguien con Tourette”, cuentan al unísono el actor y Jones, “los médicos nos dijeron que no lo encarnara una persona con esa condición. No pueden controlar lo que les pasa, como para pedirles que lo simulen ante las cámaras. Hubiera acarreado un mayor problema psicológico”. En un par de secuencias, sí aparecen adolescentes y adultos con Tourette. “Andrea [una chica con la que comparte viaje en coche] nos dio una tonalidad fascinante. Lo hicimos en dos tomas, algo impresionante para una persona con Tourette, e improvisó como una gran actriz”.

Davidson era conocido en su adolescencia como Fuck off John (Vete a la mierda,John), por la palabrota que más repetía. En el acto de 2019 ante la reina soltó al inicio “Fuck the Queen!”. “Como mucha gente”, explica el actor, “pensaba al inicio del proyecto que el Tourette era una cosa de insultos, cuando es una condición más compleja y cada caso es distinto”. La cantante Billie Eilish o el jugador de la NBA Mahmoud Abdul-Rauf, que tienen Tourette, han hablado abiertamente sobre sus diferentes grados.

Aramayo es nieto de donostiarra que emigró a Hull con 15 años, y recuerda que su padre y sus tías en diferentes momentos han vivido en San Sebastián. Sin embargo, él no conoce la ciudad ni habla español. Se ha enfocado en su carrera. “Ahora, Incontrolable me abre caminos distintos”. Este año también ha actuado en Palestina 36, otra película con trasfondo político y social. “Quiero ser parte de proyectos que quieran contar algo más, como estos dos filmes. Que el público disfrute y de paso aprenda del mundo. Que haya intenciones ulteriores en las historias. Hay un componente educativo en el cine que no podemos obviar. Se me acerca ahora mucha gente con familiares neurodivergentes para agradecer nuestro esfuerzo. El otro día, un amigo mío ayudó en una parada de autobús a una persona que probablemente tenía Tourette. La película le había enseñado cómo comportarse; eso significa que hemos cumplido con nuestra responsabilidad social”.

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