‘Hoppers’, la apuesta segura de Pixar que tira de humor, abuelas y castores con una pizca de oscuridad
A la espera de ‘Toy Story 5′, unos ecologistas castores se convierten en los protagonistas de la nueva película de la factoría, que ha tardado seis años en gestarse


Pixar sabe muy bien lo que hace. Lleva sabiéndolo 40 años, desde que abrió sus puertas como estudio de animación independiente; y también 20, desde que pasó a formar parte de Disney (el fructífero matrimonio celebrará su vigésimo aniversario este mayo). De ahí que hayan ido pillando el truco a lo que su público, cada vez más amplio, espera. Por eso ya no hay proyecto menor para ellos, ni secundario. Es el caso de Hoppers, su primera película del año —en salas el 28 de febrero—, pero que, en perspectiva, es la segunda en importancia. La cuarta secuela de ese arrollador éxito que es desde hace dos décadas Toy Story llegará a mediados de junio, pero antes, Pixar tiene claro que tiene más que ofrecer al espectador.
De ahí que se haya embarcado en una película como esta, en la que nada es especialmente novedoso, pero todo es diferente, algo que llena todas las casillas marca de la casa. La factoría de Emeryville (una pequeña ciudad cercana a San Francisco, en el norte de California) ha trabajado más de seis años en la historia, otorgándole esa pátina de cuidado y calidad tan característica. Como en otros recientes grandes éxitos de Disney (lease Zootrópolis 2, la película de animación con mayor recaudación de la historia), los animales son los protagonistas, mezclados con el humor, con la tecnología aliñada con una pizca de futurismo fantasioso perfecto para montar un guion sólido, con el ecologismo más lógico, ese que simplemente busca que no se destruya lo más cercano, con la nostalgia característica de Pixar y con nuevos modelos de familia. Y, también, con un punto algo punki y oscuro.
Aquí, la protagonista es una joven, Mabel, acompañada por su querida abuela, Tanaka, que la enseña a cuidar y a respetar su entorno, y un puñado de animales que se convierten en amigos y compañeros de aventuras. Compañeros hasta el final, porque Mabel —rebelde, protestona, despeinada, caótica; una chica cualquiera, vaya— llega a ponerse literalmente en la piel de un castor para salvar su ciudad de la construcción de una carretera. Daniel Chong es el creador y director del proyecto. Está acostumbrado a bichos y risas: primero estuvo en Pixar (animó Cars 2 o Del revés), pero después se marchó durante un lustro para crear y dirigir la serie de animación We Bare Bears (Osos escandalosos) y su posterior película. Cuando regresó, siguió con Lightyear, Del revés 2, Elio o, ahora, dirigiendo por fin para la factoría. Junto a él, la veterana productora Nicole Paradis Grindle, parte de Pixar prácticamente desde sus inicios.

La pareja profesional explica que, en un principio, sus castores no iban a ser los protagonistas: eran pingüinos. Pero les aconsejaron que cambiara de idea: bastantes pingüinos había ya en la animación. Cuando descubrieron las capacidades y bondades de los castores, capaces de construir presas y ayudar a preservar el frescor y verdor de zonas en sequía, y por tanto de controlar y evitar incendios, se convencieron. Fueron a espacios naturales y reservas, incluido el gran parque entre los parques de Estados Unidos, Yellowstone, donde madrugaban para inspeccionar el territorio a las cuatro de la madrugada, para investigar sobre los animales y cómo se comportan en su entorno natural. “Nos decían que escucháramos, simplemente. Que escucháramos a la naturaleza y estuviéramos en ella, en comunión”, explicaba Chong. Eso les ayudó a conocer el comportamiento de las comunidades de castores —de hecho, han trabajado con una experta universitaria en estos animales— y a darle más certezas a la película, con referentes más verdaderos.

Pero más allá de los castores, Chong siempre tuvo en mente “una organización secreta que hacía algo especial, como en esas pelis de los noventa, Sneakers y Hackers", de ahí el momento tecnológico pero de toques vintage del equipo con el que trabaja la joven Mabel para convertirse en un castor. De hecho, hay muchas referencias fílmicas en Hoppers, desde a la factoría Ghibli hasta La invasión de los ladrones de cuerpos o Wallace & Gromit.
Uno de esos toques de Pixar es que, por ejemplo, los castores cambian según quién los vea: si la escena ocurre entre los propios roedores, son más cercanos a un dibujo de animación, redondos, de grandes ojos; si hay humanos implicados, son más realistas. Chong explicaba que ha trabajado a mano alzada en las primeras fases del diseño, pero después con 3D. “Queríamos que encajaran en la naturaleza, que fueran creíbles, reales aunque estilizados”.

Nacido en Dakota del Sur y con antepasados de Singapur, al director tampoco le fue fácil dar con el tono en Mabel, la protagonista, de antepasados asiáticos. La productora explicaba que hubo que darle un toque más amable y empático, “porque en un principio a la gente no le gustaba esa chica joven que el gritaba a todo el mundo”. “Fue un reto”, confesaba. “Pero luego la ves de niña, con su abuela, y lo comprendes mejor”. De hecho, el director reconoce que buscó que sus personajes, sobre todo la protagonista, se convirtieran en icónicos y nostálgicos como tantos otros de la empresa de animación. “Pero una de las cosas que más recuerdo de crecer viendo Toy Story, Bichos, Monstruos S. A. o Buscando a Nemo era la diversión. Te reías muchísimo, y adorabas a esos personajes. He buscado esa diversión a fondo", explica. “Y este estudio es muy bueno ayudándote a dar con la emoción”.
Otra de las partes más complejas está en el fondo de la película, una lucha entre fuerzas del bien y del mal. Pixar y la animación no son solo para un público infantil, pero el filme tiene momentos oscuros, amenazantes, serpientes, elementos muy capaces de asustar a esos principales consumidores que son los niños. La productora Paradis Grindle responde. “En mi experiencia con ese público, y en mi experiencia vital, los padres suelen preocuparse más de lo que asusta a los niños que de aquello que los niños quieren. Y tener algo de miedo es parte de la narrativa. Es parte de los cuentos de los hermanos Grimm. Y a los niños, como a los adultos, les gusta ponerse al borde del precipicio”, reflexiona. “No creo que hayamos ido demasiado lejos, lo hemos pensado mucho, tuvimos anotaciones de pases previos con público. Y echamos hacia atrás donde habíamos ido demasiado lejos. Pero es más interesante cómo una historia para niños hace sentir esa pizca de miedo, y, luego, retroceder. Mis hijos, desde luego, están perfectamente”, reía. El director afirma que, como niño de los ochenta, creció con películas que daban un cierto miedo pero pensadas para el público familiar, como Los Gremlins, y que cree que con Hoppers han llegado “a un buen punto”.
En el original, ese humor se ve reforzado por voces como la de Jon Hamm, Dave Franco o Meryl Streep, que tiene una aparición como la jefa de las mariposas monarcas en el que quizá sea el momento más divertido de la película. Cierto es que quedan unos meses para que llegue Toy Story 5, pero si este 2026, en el que está de aniversario, Pixar buscaba la nostalgia y el humor, han dado con ellos.
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