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Patricia Almarcegui, escritora: “Aquel pobre dromedario nunca se recuperó de la borrachera”

La autora y viajera recrea en su nuevo libro la odisea de un camello llevado a dar la vuelta a Mallorca en 1964

Patricia Almarcegui, fotografiada en la librería Altaïr. Albert Garcia

La escritora viajera Patricia Almarcegui (Zaragoza, 57 años) no aparece con un camello en la librería Altaïr de Barcelona (hubiera sido la pera) pero sí lo hace cubierta por una chaqueta aventurera que parece de pelo de leopardo de las nieves. “Es artificial, eh”, advierte innecesariamente: ella, que reivindica una poética más animalista, nunca se pondría la piel verdadera de un animal muerto. Su nuevo libro (30.000 dromedarios, H & O editorial, 2026) es, precisamente, una historia muy triste y empática sobre la peripecia real de una criatura explotada, un maduro dromedario transportado de Marruecos a Mallorca para hacer de reclamo turístico y que en 1964 fue llevado a dar la vuelta a la isla caminando.

Pregunta. Notable viajera por Asia central usted es más de camello (dos jorobas) que de dromedario (una).

Respuesta. He visto más el primero, el camello bactriano que el segundo, el dromedario o camello arábigo. Pero ambos pueden enseñarnos muchas cosas, el bactriano no solamente como el dromedario la manera de economizar agua sino la forma de adaptarse a zonas radioactivas.

P. Parece más fácil de montar el bactriano.

R. No tengo mucha experiencia directa. Vi un grupo de bactrianos en el Kirguistán, pero yo iba a caballo. He montado un poco el dromedario, subí a uno en Guiza, en El Cairo, para documentarme para el libro, y los he estudiado a fin de poder contar bien la historia. Son especiales, muy sensibles y expresivos.

P. Una historia triste la del dromedario mallorquín.

R. Sí, lo sé, hay gente que me dice que ha llorado al leerla. Una historia asombrosa y metafórica por otro lado. Vi en Mallorca una vieja postal de unos turistas sobre un dromedario con sombrero mexicano en la playa del Arenal. De esa postal se hicieron 30.000 copias (de ahí el título del libro) que difundieron por todo el mundo una imagen exótica y orientalizante de nuestro Mediterráneo. Tiré del hilo y me enteré de que tres de esos animales habían sido transportados desde Marruecos como reclamo a inicios de la turistificación de la isla. A uno de ellos, Mohamed, se lo prestó el dueño a dos jóvenes para su extravagante aventura de dar la vuelta a la isla a pie con un dromedario y luego contarla en un libro.

P. Mohamed

R. No era el nombre original que llevaba en Marruecos, claro, y que ignoramos. Ese se lo pusieron en Mallorca. Con el dromedario los dos jóvenes, que salieron de Palma el 16 de enero de 1964, recorrieron unos cuatrocientos kilómetros en 25 días. No lo montaban porque estaba muy viejo, iban a su lado caminando. La gente de los pueblos del interior salía a recibirlos, causaban expectación. En Deià conocieron los tres a Robert Graves, que se había enterado de la aventura y se sumó al vino de bienvenida del Ayuntamiento.

P. Unos desaprensivos emborracharon a la pobre criatura en una etapa del viaje.

R. Así es, ese episodio da mucha pena. Unos tipos lo metieron en un bar y le hicieron beber licor de palo, de treinta grados. Se hinchó y ya no salía por la puerta. No se recuperó de la borrachera. Al poco de reemprender el trayecto, se desplomó y murió. No sabemos que fue del cuerpo.

P. La llegada de los tres dromedarios a Mallorca coincidió con el estreno de Lawrence de Arabia. Lawrence tuvo varios, generalmente hembras como la excelente y sensata Wodheida, y no los trataba muy bien. Hay aquel episodio triste con Ghazala a la que hacían avanzar mostrándole el pellejo desollado de su cría muerta. O la ocasión en que Lawrence, en plena carga contra los turcos y disparando su revólver, le descerrajó un tiro en la cabeza sin querer a su propia montura, Obeyd.

R. No era hombre de grandes afectos. Un narcisista.

P. Dice usted que nos hace falta una poética más animalista, más empática con los animales.

R. Sí, una nueva supersubjetividad. No conocemos nada de los sueños y las tristezas de los dromedarios.

P. Usted conoce bien Irán. ¿Qué está pasando allí?

R. No lo sabemos. Parece que la revolución ya ha tenido lugar. Me dicen que no se va a perseguir a las mujeres que no lleven velo. Que se mueven muchas cosas en la política interior. Pero mientras dure la guerra es difícil tener noticias fidedignas.

P. Lo de EE UU…

R. Es oportunismo, desfachatez, incultura..

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