Han Kang: “¿Seré yo la rara al no sentir vértigo después del Nobel?”
La escritora surcoreana defiende la vida y el amor en su literatura de colisiones, y es la estrella en la fiesta de Sant Jordi en Barcelona


Han Kang sigue siendo esa mujer menuda, educada, amable, de apariencia tímida y con el mismo tono humilde y la voz muy bajita que la caracterizaba, pero es evidente la luminosidad radiante que hoy desprende esta escritora surcoreana que recibió el Nobel de Literatura en 2024, cuando se convirtió en la primera persona de su país en conseguirlo y en una de las más jóvenes de la historia del premio. La escritora, nacida en Gwangju (Corea del Sur) hace 55 años, recibió este miércoles a EL PAÍS en Barcelona, donde ha acudido a la llamada de Sant Jordi, la gran fiesta del libro que se celebra en la capital catalana en tiempos en que crece en España el refugio de la lectura. Como librera que ha sido hasta hace dos años, le emociona el entusiasmo que se respira en la ciudad en torno a la literatura.
Hay autores de un solo universo; otros capaces de combinar muchos registros. Y luego está Han Kang. La escritora lo vuelve a demostrar en Tinta y sangre, una novela de 2010 ahora recuperada en español por Random House con traducción de Sunme Yoon, en la que abraza la intriga criminal mientras extiende las raíces de los temas que la volvieron poderosa en La vegetariana, La clase de griego, Imposible decir adiós o Actos humanos: el miedo, el cuerpo, la colisión entre la vida y la muerte, la violencia visible y la invisible, la intimidad más acuciante y la sensibilidad explosiva que transmite de todas sus aproximaciones, sean los sueños, las sensaciones de un niño, los zapatos que resbalan o el filtro del café. La escritora sublime que es Han Kang ofrece aquí —de nuevo— la paleta completa de colores que le ha valido el máximo galardón.
Pregunta. En una entrevista en Madrid en 2023, antes del Nobel, usted dijo: “El lenguaje me hace sufrir”. ¿Sigue siendo así?
Respuesta. No tanto como entonces. En ese momento el lenguaje para mí era más difícil de comprender, pero al fin y al cabo es algo que todos tenemos. Vivo con ello, es el medio para comunicarme, para conocer a la gente y transmitir todo lo que pienso. Hoy lo siento como algo más preciado, lo valoro un poco más. No significa que sea más fácil, pero le pongo un poco más de valor y por ello siento que lo que escribo hoy se me hace menos dificultoso. No todas las novelas salen bien, pero cuando salen bien la lengua se me hace menos pesada y puedo empezar a entenderla más.
Tinta y sangre es su cuarta novela, la primera tras el gran éxito que fue La vegetariana, premio Booker en 2016, y en ella lleva de la mano a los lectores por un mundo sin mapa, a veces incomprensible, oscuro, donde no habitan la facilidad ni la simpleza, pero sí la verdad en torno a una muerte que alguien quiere convertir en suicidio. Hay intriga y misterio contemplados como choques en busca de esa verdad.
P. Un personaje nos dice que la vida es una sucesión de actos violentos. ¿Es esa violencia insoportable de cada día lo que quiere reflejar?
Lo que nos hace vivir en este mundo lleno de violencia y sufrimiento, en estas épocas oscuras, es el amor"
R. Cuando se iba a publicar esta novela en España, la releí y lo que me sorprendió es que está llena de amor. Es verdad que hay mucho sufrimiento y violencia, pero también es tan potente y tan cálido el amor que hasta duele el corazón el consuelo que se dan, lo que se intentan proteger, la comida que comparten y la forma de abrazarse. Todo ello hace que el amor se refleje más grandiosamente. Y es que lo que nos hace vivir al fin y al cabo en este mundo lleno de violencia y sufrimiento, en estas épocas oscuras, es el amor. En La vegetariana el amor no se ve de manera tan directa, pero aquí me enfoqué mucho en la pregunta que se hacen: ¿tenemos que vivir, merece la pena? Sí, hay que vivir. Hay que vivir con todas las fuerzas y la fuerza que nos hace vivir es el amor. El siguiente libro fue La clase de griego, que se hace la misma pregunta y que representé con los cinco sentidos, sobre todo con el tacto. Pero este libro, Tinta y sangre, es el intermediario, un puente que pudo unir La vegetariana con La clase de griego.
P. En la entrevista de 2023 usted contó que en este libro, en Tinta y sangre, precisamente se bloqueó en el capítulo 7 y estuvo mucho tiempo bloqueada. ¿Por qué y cómo logró desbloquearse?
R. ¡Tiene muy buena memoria! [ríe] En esos días tenía problemas personales, estaba pasando por situaciones difíciles, había leído mucha ficción y ese universo de lo imaginario y lo ficticio me costaba verlo y digerirlo. No era capaz ni siquiera de ver películas, la ficción no me permitía avanzar. Y estuve descansando un año. Después empecé a recordar lo escrito de manera más bonita, como si fuera una amiga a la que no había visto hacía mucho y que empiezas a echar de menos, así que la leí de principio a fin, que en ese momento era el capítulo 7. Fue como reencontrarse con esa amiga a la que no había visto durante mucho tiempo y pude tener esa fuerza y energía para volver a escribir.
P. En este libro es importante la cara oculta de la Luna. ¿Es una metáfora de nuestras heridas?
R. Nosotros sabemos que no podemos ver la cara oculta de la Luna, pero cuando va rotando alrededor de la Tierra, podemos llegar a ver un poco más o un poco menos. Eso me pareció muy interesante literariamente porque cuando vamos conociendo a las personas es lo mismo: a veces podemos ver un poco más o un poco menos de su cara oculta. Leí mucho sobre astrofísica y me esforcé mucho para poder expresar esa lengua en esta novela. En Bachillerato me emocionó mucho aprender la teoría de Kepler sobre cómo se desplazan las estrellas en sus órbitas y me sorprendió mucho saber que el universo estaba creando esta melodía, esta música tan matemática. Yo era la típica estudiante que hacía preguntas muy raras al profesor: “¿Por qué cuando nieva no hay tormentas?”. Y quería que hubiera esa conexión de las preguntas de la astrofísica con las de la literatura. En literatura nos preguntamos: ¿qué es el ser humano? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Por qué existe? ¿Por qué tiene que vivir o morir? Y en astrofísica también se preguntan: ¿Por qué existe el universo? ¿Cómo existió? ¿Es eterno o ilimitado? ¿Es finito o infinito? Y estas cosas que parecen tan distintas estaban muy relacionadas y yo quería representar a través de esa novela ese punto en común que comparten el universo y los humanos.
El universo es tan inmenso y tan infinito que ante esa maravilla nuestros dolores pueden percibirse como pequeños"
P. ¿También quería mostrar la pequeñez de nuestros problemas frente al infinito del espacio?
R. Yo siempre escribí esta novela teniendo en cuenta esa comparación. El universo es tan inmenso y tan infinito que ante esa maravilla nuestros dolores pueden percibirse como pequeños. Y sentí algo bastante nuevo y curioso: ante el maravilloso e inmenso universo, el dolor se veía más pequeño, pero el amor se veía más grande. Era algo muy interesante para mí y quería que los lectores lo pudieran sentir.
P. Usted hace una literatura del cuerpo. ¿El cuerpo es un territorio de combate, de colisión?
R. Nosotros tenemos un cuerpo y no sé si es porque soy asiática, pero veo lo corporal y lo espiritual como una misma cosa, no separados ni divididos, sino un todo. Quería hablar de este cuerpo tan sentimental tocando puntos que fueran uno mismo. Lo usamos como herramienta y quería hablar de estas corrientes eléctricas que podemos sentir con este elemento llamado cuerpo.
P. Suele utilizar dos amigas o dos hermanas como protagonistas muy fuertes en sus novelas. ¿Es una expresión de la importancia de la amistad?
R. No me gusta repetir la forma literaria o estructural en mis obras, me gusta que cada una sea diferente desde distintas perspectivas. Pero sí me doy cuenta de que siempre termino hablando de dos mujeres amigas o hermanas o tan amigas que parecen hermanas de sangre. Creo que tengo mucho interés en esa relación tan profunda de dos mujeres.
Escribo porque tengo cosas que quiero escribir"
P. ¿Por qué escribe?
R. Escribo porque tengo cosas que quiero escribir. Normalmente suelo partir de un folio en blanco, empiezo desde la nada y me digo: no hace falta que te esfuerces, no te obligues a ti misma a escribir. Pero cierro los ojos y pienso qué me ronda la cabeza, qué me desespera escribir, qué historias quiero contar y siempre hay algo que quiero expresar. Siempre he tenido algo que he querido escribir, si algún día me quedara sin cosas que quiero escribir dejaría de hacerlo, pero nunca cesan. Es como una maldición, porque cada vez que estoy terminando una obra hay otras tres cosas que quiero escribir, siempre tres. Y cuando acabo una, deberían quedar dos, aunque siempre aparece una más y terminan siendo tres otra vez. Las ideas que quiero expresar nunca cesan.
P. Dice que solo conoce el título y el final al arrancar. ¿Es todo lo que tiene?
R. Sí, siempre tengo el título y el final. A veces veo entrevistas de otros autores que no saben cómo será final. Me parece interesante y quiero probarlo, pero normalmente cuando empiezo ya lo tengo pensado. A veces cambio, pero lo que cambia son las rutas o caminos en que los que se va desarrollando la novela hacia la conclusión. Lo importante es esa imagen que visualizo de la escena final.

P. ¿Cómo definiría su literatura, su proyecto literario?
R. Es difícil definirlo porque considero que estoy cambiando constantemente. Siento que en mi literatura voy avanzando, voy andando, y de vez en cuando miro atrás y digo: fui una escritora así, de esa manera, y aunque yo lo describa de una manera u otra, quizás en diez años o en dos tal vez sea totalmente diferente porque voy a seguir escribiendo. Sigo cambiando y quiero seguir cambiando.
P. ¿Y su mirada de la violencia y de la muerte también ha cambiado, como su literatura? Los agujeros de la muerte no cicatrizan nunca, dice en Tinta y sangre.
R. Eso habla del anhelo y amor hacia una persona que ha fallecido porque una persona, aunque haya muerto, siempre se queda con nosotros. Su lugar nunca desaparece. Tinta y sangre es una obra llena de amor porque esa imposibilidad de cicatrización habla de una persona fallecida a la que nunca vamos a olvidar.
P. Usted dice que el Nobel no le ha cambiado, pero ¿no le da más vértigo escribir después de recibirlo?
R. Me lo preguntan todos y me digo: ¿debería sentir esa presión? Pero sorprendentemente no la siento. A la hora de escribir estoy tan metida en ello que no pienso y me digo: ¿seré yo la rara por no estar sintiendo esa presión y ese vértigo por el que todo el mundo me pregunta y que no siento? No, no lo siento.


























































