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La Filmoteca alemana se muda a un antiguo club tecno de los 90 y recupera el cine de esa época

La caída del Muro, el cambio y el caos que se respiraba en Berlín generaron en esos años unas películas que la institución se ha propuesto dar el valor que merecen

E-Werk, el antiguo club tecno en Berlín donde hoy se aloja a la Filmoteca alemana.Nancy Jesse (Deutsche Kinemathek)

Pensar en la década de los noventa del siglo pasado en Berlín es pensar en la reunificación alemana, en el fin de la Guerra Fría, en una época donde reinaba una nueva sensación de libertad entrelazada con una cultura underground que aprovechó los espacios vacíos tras la caída del Muro en noviembre de 1989. Uno de esos lugares fue una antigua subestación eléctrica que se transformó en un club de música electrónica. Entre 1993 y 1997, el E-Werk, en el centro de la ciudad, se convirtió en toda una institución de la noche tecno berlinesa. Músicos como Paul van Dyk, Sven Väth, DJ Hell y Carl Cox pasaron por el que posteriormente se conoció como el “Berghain de los 90”. Ahora, la música ha dado paso al cine.

“Este lugar es un edificio increíblemente bonito, un auténtico monumento industrial de los años 20. Cuando llegas aquí, parece un plató de Fritz Lang”, explica Heleen Gerritsen, nueva directora artística de la Deutsche Kinemathek, la Filmoteca alemana, en una de las nuevas oficinas. El edificio de ladrillos rojos levantado a principios del siglo XX acogerá el archivo cinematográfico del país durante diez años, hasta que cuenten con un edificio definitivo tras tener que abandonar su antigua ubicación en Potsdamer Platz, después de que les duplicaran el alquiler tras vencer su contrato.

En un guiño al antiguo club y a la ciudad, la Filmoteca ha puesto el foco en un cine muy particular: el que generó precisamente ese Berlín de los años noventa. A él le dedicaron una sección (Lost in the 90s) del último Festival de Cine de Berlín, del que por primera vez constituyó una de sus sedes. En aquellos años, además de tener que hacer frente a la crisis y adaptarse a la economía de mercado, en Berlín reinaba una nueva sensación de libertad tras el final de la República Democrática Alemana (RDA). Los cineastas comenzaron a descubrir el este y el oeste y a rodar películas allí.

“Hubo unos años en los que la industria cinematográfica en Europa del Este y también en la Alemania Oriental se encontraba en una especie de vacío, en el que las antiguas estructuras de financiación y producción, que en su mayoría estaban organizadas por el Estado, se desmoronaron. Pero aún quedaban cineastas que antes tenían un puesto fijo en los estudios, que guardaban material fílmico en sus propios frigoríficos, por ejemplo, y seguían rodando películas”, detalla Gerritsen. Como consecuencia de la precariedad, estas películas no se archivaron ni conservaron adecuadamente. A eso quieren ahora poner remedio desde la Filmoteca, a pesar de que se ha recortado a la mitad la partida destinada al ámbito de la restauración y de la digitalización. “Son documentos históricos muy valiosos, porque para Alemania los años 90 fue una época muy importante en la que se sentaron muchas bases tras la reunificación”.

Los cineastas plasmaron todo lo que ocurrió esos años en Alemania y, especialmente, en Berlín. La capital alemana era un lugar lleno de rupturas y contradicciones. No solo existía la oposición entre el este y el oeste, también había una tierra de nadie en el centro de la ciudad, alrededor de Potsdamer Platz, que animaba a los artistas a abordar esos lugares y las subculturas que florecían en esos terrenos baldíos.

“Berlín se encontraba en pleno proceso de transformación, en el que de repente dejó de haber financiación para el cine. Es un milagro que haya películas de Berlín. Pero hay películas icónicas como, Lola rennt (de Tom Tykwer), también por su música y estética tecno”, señala Gerritsen sobre unos años en los que la gente simplemente se unía y tomaba la cámara sin esperar a obtener financiación. Un buen ejemplo de esto son documentales colectivos que surgieron como Berlin, Bahnhof Friedrichstrasse, 1990, en donde cineastas de Alemania Occidental y Oriental se pusieron en marcha juntos porque “simplemente sentían curiosidad y vieron que todo estaba cambiando muy rápido y se preguntaron cómo podían capturar esa transformación”. Películas, muchas de ellas, con gran improvisación y donde la cultura musical se hace muy visible. “Se podían hacer cosas que luego, en los 2000, ya no se podían hacer, porque todo volvía a estar regulado. Entonces todo estaba aún en barbecho, el espacio no perteneciera directamente a nadie. Se nota en las películas que había más libertad para explorar la ciudad de otra manera”.

Décadas después parece haber renacido una nueva fascinación por esos años. Ya sean colores neón chillones, imágenes VHS con ruido o vídeos musicales icónicos con un lenguaje visual experimental, los 90 están viviendo un fuerte renacimiento en los videoclips, el streaming y las redes sociales. Pero, ¿por qué ese renovado interés? “Creo que porque fue una década esperanzadora, en la que la gente pensaba que las cosas iban a mejorar y que todo sería mejor, donde se mezclaba esperanza con hedonismo y libertad”, explica Annika Haupts, coordinadora del programa Retrospectiva y Berlinale Classics, al mismo tiempo que reconoce que muchos caen en la nostalgia, a pesar de que fueron unos años “agridulces”.

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