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Veinteañeros a la contra: ni trap ni reguetón, tocan rock en español

Una nueva generación de bandas como Amposta, Linaje o Drugos construye su camino bajo las enseñanzas de Extremoduro, Los Ronaldos, Platero y Tú o Triana

El trío madrileño Amposta posa cerca de su local de ensayo, en San Blas (Madrid), el pasado 11 de febrero. Desde la izquierda: Pablo Aliseda (19 años, batería), Iván Sánchez (26 años, guitarrista y voz) y Mario Rejos (23 años, bajista). Candela Ordóñez

No se les ve la cara porque la cubre una melena que les cae, larga y espesa, sobre los hombros mientras tocan sus instrumentos. Mario Rejos, el bajista, 23 años, luce un tatuaje con las letras AC/DC en el hombro; Iván Sánchez, 26 años, guitarrista y cantante, viste una camiseta de Parálisis Permanente; y Pablo Aliseda, el batería, 19 años, se ha puesto una camisa estampada que seguramente triunfó allá en el Verano del Amor de 1967. Forman el trío Amposta, son del barrio madrileño de San Blas y están ensayando en unos locales próximos a sus casas. Suenan como una mixtura entre los Leño del primer disco (1979) y Triana, también años setenta. Constituyen, pues, una anomalía dentro de la música joven española actual, que se nutre, en su versión más vendedora, del género urbano (Quevedo), el pop ligero (Aitana) o de raperos reconvertidos en poperos melifluos (Rels B). Y vivir fuera de las tendencias cuando se tiene 20 años supone un posicionamiento casi político. Amposta y otros grupos se muestran “orgullosamente pasados de moda”, bandas integradas por miembros que no habían nacido cuando sus grupos favoritos ya cosechaban éxitos: Rosendo Mercado, Extremoduro, Triana, Las Grecas, Los Rodríguez, Los Ronaldos, Tequila o Platero y Tú.

José Carlos Sánchez, Charlie, va a ser, de largo, el más mayor que participe en este reportaje. A sus 65 años, forma parte de la vieja escuela de la industria discográfica. Sobre Charlie, como le llaman en el sector, recae la responsabilidad del fichaje de Extremoduro y Platero y Tú, entre otros, para Dro/Warner (discográfica donde ejerció de presidente), y hoy dirige el sello Metales Preciosos, también especializado en rock. “Cuando comencé con la nueva compañía, hace cinco años, no había casi bandas jóvenes de rock. Pero ahora existen muchos grupos: creo que estamos ante el inicio de una escena, a la que solo le falta un grupo que explote, como ocurrió con Extremoduro en los noventa”.

Charlie asume que en la música vuelve de forma cíclica el género de las guitarras eléctricas. “Al rock lo han matado muchas veces, pero siempre está ahí. Es uno de los pocos géneros que se heredan. Si el padre tiene en casa un disco de AC/DC, el hijo lo va a escuchar y con muchas probabilidades de engancharse”, señala, y recuerda: “En los noventa, cuando fichamos a Extremoduro y a Platero y Tú era el momento del techno y del indie. Me acuerdo de que nos decían que era un error apostar por el rock, que no estábamos en la onda. Y luego mira. Ahora puede ocurrir lo mismo”. El ejecutivo discográfico aporta un dato sobre la fidelidad del público: “En los quioscos españoles solo quedan en versión papel tres revistas de rock and roll: La Heavy, Ruta 66 y Popular 1”.

Procede una precisión: no se contemplan en este reportaje grupos adscritos al pop-rock más o menos de corte indie, como Alcalá Norte, Carolina Durante, La Paloma o Biznaga. Ni siquiera Arde Bogotá, que han rockerizado el panorama, pero no muestran una tendencia tan militante con el rock español de-toda-la-vida como Amposta, La Perra Blanco, Drugos, Linaje, Vamos Con Todo (antes Volvoreta), Juventude, Bala, Vértize, Puño Dragón o Dura Calá. Muchos veinteañeros, otros en la treintena.

Amposta ha finalizado el ensayo, los tres se abren unas latas de cerveza y comienzan a lanzar ideas. De fondo se escucha la inconfundible voz de lado de Jaime Urrutia, que ensaya en un local cercano. Iván, el cantante, confirma: “Yo con mis gustos me sentía un bicho raro en el colegio. Hablaba de música solo con los profes, porque no me quedaba otra. En mi clase solo le gustaba Iron Maiden a mi profe”. Pablo, el batería, añade: “Mis colegas del barrio solo escuchan reguetón y rap, lo típico. Trap también. Cuando conocí a Mario y a Iván se me abrió un mundo. Por fin podía hablar de música con chicos de mi edad”. Mario, el bajista, amplia: “Es que no solo es la música, engloba muchas cosas. Yo, por ejemplo, no salgo de fiesta. Me voy a ver conciertos. Y no voy a discotecas. Alguna vez he ido con amigos y escucho la música de la discoteca y digo: ‘¿Pero qué coño me estás poniendo?’. Es que salgo de allí de mala hostia. Y encima te cobran 15 pavos por una copa. A tomar por culo…”.

Amposta publica su primer disco en unas semanas. Ya se pueden escuchar dos temas en las plataformas. Fueron los teloneros de Alcalá Norte el pasado diciembre en La Riviera, donde realizaron una furibunda versión de Este Madrid, de Leño. “Alcalá Norte se portaron de puta madre. Nos pagaron 1.000 euros. Nunca habías cobrado tanto”, apuntan. Su nombre, Amposta, es el mismo que el de una calle de su barrio, San Blas, en Madrid.

El incipiente movimiento se desperdiga por toda España (existen bandas en Andalucía, Galicia, Asturias, Madrid, Catalunya…) y comparten juventud y una arquitectura sonora basaba en el clásico guitarra-bajo-batería. La mayoría utiliza el universo digital para viajar al pasado. Es el caso de la gaditana Alba Blanco, 29 años, que se presenta como La Perra Blanco y que recurrió a la enorme biblioteca de YouTube para investigar sobre los cantantes que le apasionan. “Cuando tenía 18 años y mis amigos iban a la discoteca a bailar techno yo les hablaba de Carl Perkins. Imagínate. Les ponía vídeos en YouTube que eran en blanco y negro. No entendían nada, claro. Me decían: ‘A ti si un músico no está muerto no te gusta”. Alba, excelente guitarrista además de cantante, acaba de publicar su tercer trabajo, Lovers & Fears, rebosante de música inspirada en la que se grababa hace más de medio siglo. “En mi casa no había rock de los 50. Todo surgió de un impulso mío”, explica. “Me quedaba en casa investigando en YouTube. No tenía nadie con quien compartirlo. Pero eso lo hacía más atractivo. Soy una tía joven de La Línea de la Concepción tocando rock and roll clásico; no puedo ir más a la contra”.

No todos se formaron en ese aislamiento. En algunos casos estos jóvenes se apasionaron por las canciones en su propia casa, con la discoteca de sus padres. Jano Díaz, 29 años, asturiano y cantante de Drugos, grupo que acaba de publicar disco, Haz ruido mientras puedas, le debe su afición a los vinilos que encontraba en casa: “Mi primer contacto con la música fueron mis padres. Ellos son fans de Queen, los Beatles y también de Calamaro. Recuerdo viajes en coche y pedirle a mi padre que pusiera en bucle Maradona, de Calamaro. Tendría seis años”.

El caso de Linaje es especial. El cantante y guitarrista responde al nombre de Aarón Romero, 20 años e hijo de Kutxi Romero, cabecilla de Marea. “Nací con una guitarra en las manos”, explica Aarón para este reportaje. “Tenemos la suerte de que en Berriozar [municipio navarro a seis kilómetros de Pamplona] existe una cultura del rock muy arraigada. Esto es un microcosmos donde la gente joven toca la guitarra y se junta para montar bandas. Es llamativo que en un lugar de 10.000 habitantes haya tantas bandas jóvenes de rock. Es una buena cantera”. Linaje editó su primer disco en 2025, Desataron a los perros, y desde entonces se embarcaron en una gira por salas, que siempre llenan. Aarón confirma una comunión generacional en los conciertos: “En nuestros directos viene mucho público joven, que seguramente ha heredado la pasión de sus padres, que les han puesto los discos de Marea y Extremoduro. Se produce una curiosa división en los recitales, como la que se inventó Robe: a un lado la gente que va a bailar y a hacer pogos (los hijos) y al otro los más tranquilos (los padres). Es fundamental que te siga público joven, porque es el que va a estar ahí toda la vida”.

El mensaje de las letras de estas nuevas bandas tiende a actualizar conceptos de los grupos que les han influido. A ellos tampoco les gusta el mundo que les ha tocado vivir, el control digital les espanta, sortean las relaciones tóxicas y el amor no correspondido sigue siendo igual de doloroso y proclive a escribir una buena canción.

De vuelta al ensayo de Amposta, los tres bromean sobre su melena, que lucen desde que cumplieron los once o los 12 años. “Nunca hemos visto a un reguetonero con melena. Por eso la llevamos”, se ríen. Y rematan: “Más que viejóvenes, somos chavales normales a los que les gustan las cosas antiguas”. En las tres horas que ha durado el encuentro con EL PAÍS no han utilizado en ningún momento el teléfono móvil.

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