Ir al contenido
_
_
_
_
Domingo de Resurrección en La Maestranza
Crónica

Morante, más que amor, frenesí

El presidente se contagió del triunfalismo imperante (la plaza de Sevilla está perdida) y concedió dos inmerecidas orejas al torero sevillano. Roca Rey y David de Miranda pasearon una cada uno ante una infumable corrida de Garcigrande

Morante de la Puebla, durante la vuelta al ruedo tras cortar las dos orejas al cuarto toro de la tarde.Joaquín Corchero (Europa Press)

Lo de Sevilla con Morante no tiene nombre. Bueno, sí. Es cariño, aprecio, apego… No, no. Es algo más, amor, adoración, quizá. Tampoco. Es frenesí, arrebato, pasión, paroxismo… Eso sí.

Sevilla se pasó toda la tarde aplaudiendo a Morante. ¡Qué más da que se retirara y haya vuelto sin haberse ido...!

Se abrió la puerta de cuadrillas, el torero se adelantó hasta la primera raya y llegó la primera cerrada ovación. Tras el paseíllo, la plaza en pie lo obligó a saludar desde el tercio. Más ovaciones gordas cuando brindó la muerte del cuarto toro, otra cuando colocó la montera boca abajo… Y no digamos cuando se abrió de capa ante su renqueante primero, y cuando en el otro trazó algunas verónicas.

Una exageración. Lo que sucede es que esa corriente se convierte en un virus y contagia a todos; así, de uno en uno, el veneno llegó hasta el palco, y el presidente, Gabriel Fernández, no tuvo empacho en sacar los dos pañuelos para conceder a Morante dos trofeos absolutamente inmerecidos.

Su labor ante ese cuarto toro fue animosa y decidida, tanto en los lances iniciales y en el quite, todos a la verónica, ejecutados con más voluntad que acierto, y una media de calidad. Después, muleta en mano, se apretó con la mano derecha y consiguió que el toro, un marmolillo, aceptara la invitación para acudir en tres tandas cortas de derechazos en los que se mezclaron algunos de cierto empaque con otros enganchados. Unos muletazos por la cara, un desplante airoso y una estocada algo caída provocaron el éxtasis y las dos orejas fueron a parar a las manos del artista.

Pero no acabó ahí el asunto. David de Miranda, con nula suerte con su lote, sufrió una tremenda voltereta cuando citó al sexto en el centro de ruedo por estatuarios. El animal lo arrolló, lo pisoteó, pero parece que accidente no tuvo mayor consecuencia. Ya se sabe: una cogida, media oreja. El torero, decidido a triunfar como fuera, y con el apoyo entusiasta del público, lo intentó por uno y otro lado, muy valiente, bien colocado, asentadas las zapatillas, y de tal modo robó algunos muletazos muy jaleados por los tendidos. Pero esa labor comprometida no era merecedora de trofeo. ¿Qué no? Oreja concedida. Su primero no tuvo un pase.

Otra paseó Roca Rey ante un novillete, mansote y noble, el quinto, que le permitió trazar varias tandas de muletazos por ambas manos, técnicamente correctos, pero vacíos de hondura. De insípida dulzura el segundo, con él estuvo suficiente y sin gracia.

Y que no se olvide hablar de toros: Garcigrande merece un castigo. El petardo -toros más presentados, mansos, blandos, descastados y amuermados- rompieron el festejo de principio a fin.

De todos modos, nada pareció molestar a este público triunfalista y condescendiente. Unas protestas aisladas y poco más.

Lo dicho: con este presidente, y sin él, Sevilla está perdida.

Garcigrande/Morante, Roca, De Miranda

Toros de Garcigrande, el sexto como sobrero, mal presentados, mansos, sin fortaleza, descastados, nobles y sosos.

Morante de la Puebla: estocada caída (silencio); estocada algo caída (dos orejas)

Roca Rey: pinchazo y estocada caída (ovación); estocada trasera (oreja).

David de Miranda: media caída y cuatro descabellos (silencio); estocada trasera (oreja).

Plaza de La Maestranza. 5 de abril. Inauguración de la temporada. Lleno de ‘no hay billetes’. Asistieron el Rey emérito y la Infanta Elena desde el palco utilizado habitualmente por los maestrantes. Se guardó un minuto de silencio por Rafael de Paula, Álvaro Domecq, las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz y Ricardo Ortiz. Los tres toreros brindaron sus primeros toros a Don Juan Carlos.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_