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La novela que reconstruye “el primer genocidio del siglo XX” a través de una Biblia

El libro ‘Hic sunt leones’, de la escritora alemana Katerina Poladjan, reflexiona sobre el origen, la memoria y la trágica historia de Armenia

Campamento de refugiados armenios en la cubierta de un crucero francés que los rescató de la masacre en el Imperio Otomano (hoy Turquía) en 1915, durante la Primera Guerra Mundial. Photo 12 (Universal Images Group via Getty Images)

Los libros en Armenia son “como un miembro de la familia”, cuenta Katerina Poladjan. Por eso, cuando sus padres fueron asesinados por los turcos, Anahid y Hrant solo se llevaron en su fuga una vieja Biblia. Con ella en brazos, los menores huyeron del Imperio Otomano en 1915. Después, los “tres” se separaron y no volvieron a verse. Pasó un siglo para que el libro —ya con olor a polvo de madera, hongos y tierra— llegara a manos de una restauradora extranjera. Allí, la mujer comenzó a preguntarse: ¿a quién perteneció?, ¿qué fue de ellos? El tipo de preguntas que la escritora alemana Poladjan (Moscú, 55 años) se planteó sobre su propio origen al escribir esta historia para su novela Hic sunt leones (Armaenia), publicada en 2019 como Hier sind Löwen y traducida recientemente al castellano.

La vida de la protagonista, Helen Mazavián, y la de la autora “tienen mucho en común”, admite la escritora en una entrevista durante una reciente visita a Madrid. Las dos tienen raíces en la Unión Soviética y sus familias emigraron a Alemania, donde descubrieron que su apellido era armenio y no ruso. Aunque su obra tiene tintes autobiográficos, Poladjan afirma que, más que nada, ella y el personaje comparten “las mismas preguntas sobre su pasado”. Sin embargo, el libro no va “tanto de respuestas”, sino de la “importancia del origen y la identidad”, asegura la escritora, galardonada con el Gran Premio del Fondo de Literatura Alemana el año pasado.

“No era consciente de esta identidad armenia”, reconoce Poladjan, aunque creció con el “genocidio armenio en la cabeza”. Lo veía —de forma abstracta— en el arte de su padre. Pero no fue hasta los 14 años cuando se enteró de que su apellido era lo único que su abuelo había traído consigo después de que su familia “fuera asesinada por las fuerzas del Imperio Otomano”, durante la Primera Guerra Mundial. Nunca supo más de su pasado: el padre de la escritora jamás preguntó al abuelo por su historia. Ella tampoco pudo hacerlo.

Después de publicar sus primeras obras —In einer Nacht, woanders (2011) y Hinter Sibirien (2016), ambas por la editorial Rowohlt Verlag—, Poladjan sabía que tenía que escribir sobre Armenia. Lo hizo a través de la historia sobre la restauración de una biblia familiar, que, a su vez, reconstruye el pasado de dos niños exiliados. Y, en parte, Poladjan intenta contestar a sus propias preguntas acerca de su familia.

La idea surgió tras su visita a una exhibición en Armenia de “varias biblias que se quedaron atrás en la diáspora”. Poladjan descubrió que al final de los libros “se anotan cosas muy personales” que incluyen detalles sobre quién copió el manuscrito, cuándo y dónde se hizo, así como oraciones e historias de los propietarios. Se trata de un tipo de colofón llamado Hishatakaran, un término armenio que significa “lugar de memoria” o “memorial”. Las biblias “no eran solo un objeto para poner en algún lugar y rezar, sino que era como una especie de miembro de la familia”, cuenta.

El lenguaje y la forma para contar cosas horribles sin ser explícito es lo esencial”
Katerina Poladjan

Aunque la tragedia está presente en la mayor parte de Hic sunt leones, la autora insiste en que “no quería escribir un libro que tratara solo del genocidio”. Aun así, una pregunta surgió: “¿Cómo contar una desgracia manteniendo la dignidad de las personas?”.

“El lenguaje y la forma para contar cosas horribles sin ser explícito es lo esencial”, reconoce Poladjan. En la novela, “una de las menores sufre una agresión sexual y está escrito de tal manera que no lo sabes. No es obvio. Aún así, es importante contarlo, pero al mismo tiempo quería protegerla”, apunta. Los niños “son personajes universales: podrían ser de Siria, de Ucrania, de Egipto o Sudán. Hablo sobre el genocidio, pero, sobre todo, hablo de lo que las personas le hacen a otras. Es una cuestión de humanidad”, añade. Sin embargo, “con este libro no quería hacer ninguna acusación contra Turquía [que ha negado explícitamente que lo ocurrido hace un siglo fuese un genocidio]”.

La versión del pueblo armenio es que un millón y medio de personas fueron asesinadas por los turcos cuando el Gobierno otomano ordenó la deportación de los armenios —una comunidad cristiana— a los desiertos de Siria. La persecución que siguió culminó en lo que el papa Francisco llamó “el primer genocidio del siglo XX”. Actualmente, entre ocho y 10 millones de personas de ascendencia armenia viven fuera del país, según datos de la ONU. Es algo que “nunca olvidarán”, señala la autora, “y no deberían”. “Imagínate que le cuentas a alguien la historia de tus padres y abuelos y que te respondan que todo es mentira. Siempre estás en la situación en la que tienes que demostrarle al mundo entero que mataron a tu familia”, lamenta.

Solo 32 países reconocen como genocidio lo ocurrido hace un siglo. La mayoría lo hicieron 100 años después. Entre ellos están Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, El Vaticano y Rusia. Algunos reconocen el genocidio en ciertos territorios, como es el caso de España —Aragón, Islas Baleares, País Vasco, Cataluña, Navarra, La Rioja—. El primer país en hacerlo en su totalidad fue Uruguay, en 1965. Armenia es un país “muy pequeño”, explica Poladjan. “Queda muy alejado de la política [internacional] y la economía [mundial]”.

“Muchas personas han visto esas imágenes [de las víctimas armenias] del siglo XX, pero a veces pienso que no es suficiente. Las miramos y ahora es como si estuvieran perdidas en el tiempo”, señala Poladjan. “Por desgracia, todas estas cosas terribles aún ocurren en el mundo”, y se pregunta: “¿De qué manera podemos recordar las cosas reales y ser conscientes?”. “Debemos evitar que el pasado se desvanezca”, asegura ahora más que nunca, debido a que “la presión de la derecha es cada vez mayor en toda Europa y el mundo. Es importante preservar la historia y la memoria una y otra vez”. Especialmente en Armenia, un país que —según la novela— “se preocupa más por el pasado que por el futuro”.

La autora confiesa que cuando estuvo en Rusia se sintió “más alemana”. Y Alemania, donde vive, la mantiene siempre “entre otras dos culturas”. De eso trata su libro: de “una tierra incógnita, algo que no sabes de ti”, señala Poladjan. La identidad es “un territorio lleno de leones”. Así lo expresaban los mapas medievales para marcar áreas inexploradas o peligrosas. Advertían a los viajeros que se adentraban en lo desconocido con la frase latina Hic sunt leones (Aquí hay leones). Para Poladjan, ese lugar habitaba dentro de sí misma.

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