‘Calle Málaga’: una gran Carmen Maura reivindica la dignidad en su hogar de una mujer mayor
La película de Maryam Touzani hace hincapié en esos valores y momentos vitales aparentemente nimios que acaban siendo la base de una existencia en calma


Karen Blixen tenía una granja en África y Mari Ángeles tiene una casa en la calle Málaga de Tánger. Y aunque sean bien distintas las extensiones de la morada de la escritora real de Memorias de África (bajo el seudónimo de Isak Dinesen) y del pisito del personaje ficticio interpretado por Carmen Maura en la película de Maryam Touzani, el sentimiento es mutuo: su lugar en el mundo; no solo un cuarto propio sino una existencia propia; una sensación de individualidad, de dignidad femenina al margen de cualquier convencionalismo; la celebración de libertad de una mujer.
Calle Málaga, tercer largometraje de la directora marroquí, estrenado en el festival de Venecia de 2025, llega a los cines de nuestro país tras ser un éxito en los franceses. Todo un triunfo para una película hablada casi totalmente en español, acerca de una mujer mayor que pierde su mundo y lo recupera a golpe de rabia, y además encuentra cobijo en algo tan poco tratado como la compañía, el cariño y el sexo en la tercera edad.
Ahora bien, la nobleza de una abuela que se rebela contra una hija egoísta (a la que pone mirada cansada Marta Etura), perdida y lastrada por un modo de vida radicalmente opuesto al de su madre, basado en la pura resistencia ante la fuerza de las olas del trabajo, no es el único gran tema de Calle Málaga. Escrito por Touzani junto a su pareja en la vida real, el cineasta francés de origen marroquí Nabil Ayouch —director de la notable Ali Zaoua, príncipe de Casablanca (2000), y de la terriblemente reveladora en materia de forja del yihadismo Los caballos de Dios (2012)—, el guion de la película es seguramente desigual, pero, junto al amor otoñal, la ingratitud de los hijos y el elogio de la multiculturalidad, se hace especial hincapié en esos valores y momentos vitales aparentemente nimios que acaban siendo la base de una existencia en calma: poder asomarse a tu balcón y hablar con los vecinos; un rayo de sol que entra por una ventana entre los visillos mecidos por la brisa; la importancia de un tocadiscos, de una canción y de un recuerdo.
Es en esos aparentes tiempos muertos cuando Calle Málaga confirma su férrea condición de justa reivindicación. Y no tanto cuando fuerza las transiciones entre secuencias con alguna burda simbología (los churros en el aceite), cuando los diálogos se hacen demasiado explícitos, o cuando la universalidad del fútbol da pie a escenas de excesivo trazo grueso. Sin embargo, como ya había demostrado Touzani en su anterior película, el encantador triángulo sentimental de El caftán azul (2022), los bellos interludios de su protagonista por las calles tangerinas o sola en su casa (que no en soledad) proporcionan al espectador los instantes más placenteros del conjunto.
Homenaje a una ciudad, Tánger (la de la directora), a un modo de vivir y de estar en el mundo, Calle Málaga no sería lo que es sin la soberbia Carmen Maura, naturalidad, frescura y talento, en un papel en el que tiene que decirlo casi todo sin palabras, y en el que se zambulle también físicamente con un semidesnudo en penumbra a los 80 años, junto al marroquí Ahmed Boulane, en una secuencia que rememora en cierto sentido a aquel desnudo de Liv Ullmann en Saraband, el testamento de Ingmar Bergman. La casa de Mari Ángeles en la calle Málaga no es ni más ni menos que el lugar donde habita el brío tranquilo de una mujer lúcida que no quería rendirse.
Calle Málaga
Dirección: Maryam Touzani.
Intérpretes: Carmen Maura, Marta Etura, Ahmed Boulane, María Alfonsa Rosso.
Género: drama. Marruecos, 2025.
Duración: 116 minutos.
Estreno: 1 de abril.
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