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Zarzuela
Crítica

Noche de Champions con música de Barbieri en el Teatro de la Zarzuela

Marina Bollaín gana la partida con su divertida relectura de ‘Jugar con fuego’, ambientada en el Santiago Bernabéu, con un gran reparto encabezado por Ruth Iniesta

La soprano Ruth Iniesta (Duquesa de Medina) y el barítono José Antonio López (Marqués de Caravaca), durante el dúo de la carta de ‘Jugar con fuego’ de Barbieri, el 25 de marzo en el Teatro de la Zarzuela.Elena Del Real

La directora de escena Marina Bollaín lleva más de dos décadas jugando con fuego —nunca mejor dicho— en el territorio de la zarzuela. Ya en 2001, con Adiós, Julián, un compendio de zarzuelas hilvanado con dramaturgia propia en torno a Tomás Bretón, dejaba claras sus intenciones actualizadoras. Pero fue al año siguiente, cuando convirtió su proyecto de fin de carrera en la Hochschule berlinesa en una Verbena de la Paloma ambientada en un edificio a lo 13 Rue del Percebe, con Dos gardenias y La bomba como colofón verbeneril, cuando su nombre quedó asociado a una controversia productiva en un género que oscila entre la momificación devota y la actualización compulsiva.

En el documental incluido en el DVD de aquella Verbena, filmada en El Escorial en 2006 (Decca), Bollaín defiende su filosofía: “Hay gente que se resiste, pero la actualización de la zarzuela es ir a favor de su propio espíritu… y creo que es un trabajo que se puede hacer con todas las zarzuelas”. Su siguiente proyecto zarzuelístico, La del manojo de rosas, de Pablo Sorozábal, estrenado en 2023 con estudiantes de la Escuela Superior de Canto en un montaje ambientado en el área comercial de la T4 del aeropuerto de Barajas, confirmó su línea de trabajo: respetar íntegramente la partitura, intervenir a fondo el libreto y desplazar la acción a espacios contemporáneos que permitan identificar la función social originaria del género.

Ahora, para su debut en el Teatro de la Zarzuela, Bollaín ha elegido el título fundacional de la zarzuela grande: Jugar con fuego (1851), de Francisco Asenjo Barbieri. La ambientación dieciochesca del libreto de Ventura de la Vega —la verbena de San Juan a orillas del Manzanares, el palacio del Buen Retiro durante el reinado de Felipe V, el patio de un manicomio—, recreada con preciosismo en la anterior producción de Miguel Narros y Andrea D’Odorico de 2000, se traslada ahora a diversas estancias del estadio Santiago Bernabéu.

La directora defiende su propuesta en un artículo del excelente programa de mano: “¿Dónde se reúne actualmente el poder mediático, político y económico junto con las clases populares en torno a una fiesta? ¿Dónde se situaría hoy una corte o un lugar donde abunda el dinero y una clase social superior, aunque con gustos tan plebeyos como los más populares?… El mundo del fútbol ofrece un paralelismo sorprendente con los espacios y temas de Jugar con fuego”.

Aunque la trama de esta zarzuela se sitúa más de un siglo antes de su composición, en el reinado de Felipe V, no hubo intención explícita de ambientar históricamente la obra. Así lo explica la musicóloga María Encina Cortizo en la entrada dedicada a este título en el Diccionario de la zarzuela del ICCMU, referencia imprescindible para el estudio del género, ahora consultable en abierto de forma gratuita. Cortizo señala, además, la gran influencia en la música de Barbieri de la tradición del melodrama italiano, así como el uso de modelos formales de la ópera cómica parisiense.

La relectura de Bollaín respeta cada nota escrita por Barbieri. Sus intervenciones se concentran en el libreto de Vega: leves actualizaciones en el texto cantado (“Mensaje” en lugar de “Billete” en el dúo de la carta del Marqués y la Duquesa) y una completa reescritura de los diálogos, que reduce notablemente su duración y funciona francamente bien. La constelación de personajes también se mantiene intacta —por mucho que el loquero sea ahora un ultra— y la brillante dirección de actores permite identificar las convenciones dramáticas originales inspiradas en la tradición del teatro clásico.

Es el caso del rígido esquema de parejas de protagonistas y elementos secundarios: el hidalgo Félix, acompañado por su primo Antonio (aquí, trabajadores disfrazados como mascotas del club); la Duquesa de Medina, junto a su amiga la Condesa de Bornos (ambas reconvertidas en mujeres de clase alta y empresarias); y el ridículo Marqués de Caravaca, en compañía del viejo Duque de Alburquerque, padre de la Duquesa (representados como poderosos machirulos y hombres de negocios). Está también el arquetipo de la mujer disfrazada, una aristócrata que se hace pasar por criada para encontrar el amor verdadero y que aquí abandona la privilegiada zona VIP para mezclarse con la gente corriente como una forofa más. Pero al final se altera la forzada intervención del rey que permite la boda del hidalgo y la duquesa: en su lugar aparece un policía como elemento de autoridad que aclara al Duque de Alburquerque: “Su hija ya es mayorcita para irse con quien le dé la gana”.

La escenografía de Blanca Añón conecta los actos primero y tercero mediante la representación de una galería interior del estadio, antes y después del partido. El segundo acto, el ámbito cortesano, se traslada a la sala de trofeos del Santiago Bernabéu durante el descanso, mientras se sirve un cóctel muy exclusivo. La iluminación de Marc Gonzalo articula con precisión todos los ambientes, al igual que el atractivo vestuario diseñado por Teresa Mora.

Cada uno de los tres actos va precedido, además, de un vídeo ambiental realizado por Félix Bollaín, hermano de la directora de escena, que sitúa la acción en el Bernabéu en una noche de Champions y la traslada en el tercer acto al Metropolitano. Los locos del libreto se identifican así con los ultras del Frente Atlético, que ridiculizan al Marqués de Caravaca enfundándole el disfraz de la mascota de su equipo rival. La licencia resulta un broche ideal y francamente divertido para el número que cierra la zarzuela, el aria del Marqués con coro de locos, donde Barbieri cita la popular Canción de las habas verdes, siempre difícil de integrar al producirse cuando la trama ya se ha resuelto con el final feliz de los enamorados.

La gran triunfadora del reparto vocal fue Ruth Iniesta como la Duquesa de Medina. La soprano zaragozana, que sigue alternando la ópera con un firme compromiso con la zarzuela, encontró una conexión natural entre el bel canto de Barbieri y sus concesiones al folclore español. Lo demostró en la romanza de la Duquesa, Un tiempo fue, que cerró con una coloratura de su cosecha y se llevó la ovación de la noche. Correcto el tenor santanderino Alejandro del Cerro como Félix, que lució musicalidad y buena línea en su romanza del primer acto, La vi por vez primera, pese a una emisión algo estrangulada en el registro agudo. Brilló también su antagonista, el versátil barítono José Antonio López, que en su día cantó como el cajista/butanero Julián en la referida Verbena de Bollaín. El murciano fue un excelente Marqués de Caravaca, de voz robusta, timbre varonil y dicción impecable, creíble además en su condición de dandi engreído.

Entre los secundarios, la caracterización del bajo-barítono David Lagares no resultó convincente como viejo Duque de Alburquerque, aunque cantó con autoridad pese a alguna leve sombra en el registro agudo. El tenor Manuel de Diego, en cambio, fue un Antonio divertido y eficaz, con su momento estelar en la escena del loco y el coro de locos del tercer acto. Y el barítono Javier Povedano convirtió al loquero en un ultra tan insolvente como hilarante. La producción mantuvo un nivel muy alto en el reparto de actores, empezando por Zaira Montes como Condesa de Bornos y extendiéndose al conjunto del elenco que incluía algunos nombres bien conocidos de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. El Coro Titular del Teatro de la Zarzuela resolvió con acierto el exigente trabajo actoral de la producción en una actuación ascendente que brilló especialmente en los dos últimos actos.

La dirección musical de Álvaro Albiach, que sustituía a José Miguel Pérez-Sierra, fue de menos a más. Comenzó con leves desajustes con el escenario, escasa en detalles y color, pero mejoró sensiblemente en el segundo acto, con un final bien gestionado, y destacó en el tercero. De hecho, antes de iniciar el último acto, repitió la introducción y coro de vendedores y majos que abre la zarzuela, esta vez sin voces, con mucho mejor resultado: una licencia motivada por la necesidad de tiempo para el cambio de escena que enlazó, a continuación, con el intermedio y el preludio del tercer acto.

Jugar con fuego llevaba 26 años ausente del Teatro de la Zarzuela. Su regreso con esta producción demuestra que el título fundacional de la zarzuela grande no es solo una pieza de museo, sino una obra capaz de interpelar al público de hoy cuando se pone en manos de una directora de escena con ideas claras, sentido del humor y respeto genuino por la partitura. Bollaín ha jugado con fuego, sí, pero ha ganado la partida.

'Jugar con fuego'

Música de Francisco Asenjo Barbieri. Libreto de Ventura de la Vega, basado en la comedia Madame d’Egmont, ou Sont-elles deux? (1833), de François Ancelot y Alexis Decomberousse. Versión de Marina Bollaín.

Ruth Iniesta, soprano (Duquesa de Medina); Alejandro del Cerro, tenor (Félix); José Antonio López, barítono (Marqués de Caravaca); David Lagares, bajo-barítono (Duque de Alburquerque); Manuel de Diego, tenor (Antonio); Javier Povedano, barítono (Loquero/Ultra1); Zaira Montes, actriz (Condesa de Bornos), entre otros.

Coro Titular del Teatro de la Zarzuela.

Director del coro: Antonio Fauró.

Orquesta de la Comunidad de Madrid.

Dirección musical: Álvaro Albiach.

Dirección de escena: Marina Bollaín.

Teatro de la Zarzuela, 25 de marzo. Hasta el 12 de abril.

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