Ariadna Gil, actriz: “No vi ‘El Señor de los Anillos’ hasta que no tuve más remedio”
La intérprete ha protagonizado ‘Maria Magdalena’ en el Teatre Nacional catalán y encarnará a una judía en ‘Retorno a Haifa’, del palestino Gassan Kanafani


En los aledaños del Teatre Nacional de Catalunya (TNC), en Barcelona, haciendo tiempo para la entrevista con Ariadna Gil, pasa una mujer corriendo. Pese a que lo que marca aquí el paisaje es la caseta de la churrería J. Alpuente y no los bosques de la Tierra Media viene a la cabeza la escena de la película El Señor de los Anillos en que la elfa Arwen, “estrella de la tarde”, huye con Frodo perseguidos por los Nazgûl. La mujer que corre resulta ser, precisamente, Ariadna Gil (Barcelona, 57 años), vestida de negro, morena, con el cabello al viento. Se detiene y esboza una sonrisa: “Quería llegar antes para maquillarme un poco, por la foto”. Luego, en el gran vestíbulo del TNC, nos sentaremos en torno a una pequeña mesa cuyo sobre es un tablero de ajedrez. Las casillas negras son como sus ojos. Cálida y cercana, la actriz tiene algo hipnótica y encantadoramente melancólico.
Pregunta. Sorprende en Maria Magdalena, que ahora van a llevar de gira, la manera en que llena con su sola presencia el escenario, y mira que es grande el escenario principal del TNC. ¿Cómo se consigue eso?
Respuesta. Quizá porque voy de blanco.
P. No será solo por eso.
R. Estoy dentro, no soy consciente. La experiencia cuenta. Pero la presencia es como la fotogenia, si la tienes en este oficio, mejor. Es una suerte.
P. En el mismo escenario, hace 30 años, hizo La gavina, de Chéjov, en el papel de Nina, flanqueada por Núria Espert y Josep Maria Flotats, nada menos.
R. Un personaje maravilloso Nina, no tenía vida para entenderlo, te das cuenta haciéndolo. Me daba tanto respeto que una vez me tuvieron que empujar para que saliera a escena. Pero bueno, te dices: ya lo he hecho, he tenido el valor. Es como si fuéramos dos personas diferentes, aquella que era entonces y la que soy ahora.

P. ¿Qué personajes le gustaría hacer?
R. No tengo ninguno que me obsesione, voy haciendo lo que va llegando, no soy generadora de cosas, no pienso que me quede esto o lo otro por hacer.
P. Ha encarnado en escena a Jane Eyre, a Anna Karenina, a la Stella de Un tranvía llamado deseo, por no hablar de todo lo que ha hecho en cine, hasta de capitana de helicópteros. ¿Ve a todos esos personajes cuando se mira al espejo?
R. No, no se me quedan. Aunque a veces, actuando, pienso: esto es de aquel personaje, porque usas cosas que conoces. También me veo cosas de actrices que me gustan.
P. Interpretar, ser otro, es divertido.
R. Es un juego, claro, ser otro. Me ha gustado desde niña, por eso quise ser actriz. El oficio perfecto para jugar.
P. ¿Algo que se le resista?
R. La comedia, cuando la gente ríe, es increíble. A veces pasa, pero sé que no soy una persona graciosa innata. Es una limitación. Tampoco sé cantar; bailar un poco más. No soy una actriz completa.
P. ¿De método?, ¿brechtiana?
R. Mi método es prepararme mucho el papel, entenderlo, la época, la historia, el tema de que trata la obra. Ese es mi método, tener mucha información. Y ponerme al servicio del director, ser moldeable, sin certezas. Somos intérpretes.
P. Es feliz actuando.
R. Me gusta enriquecerme, aprender cosas. Imagínate hacer de Karenina, sumergirte así en Tolstói. Me encantan los escritores rusos, conecto mucho con ellos, Dostoievski, Chéjov. O todo lo que he aprendido ahora sobre María Magdalena, tan importante en nuestra cultura y lo que nos ha influido a las mujeres sin saberlo nosotras, ese modelo impuesto de pecado y redención. Me ayuda saber de qué hablo, para defenderme y no sentirme perdida.

P. En el estreno de María Magdalena, su pareja, Viggo Mortensen, la aplaudió a rabiar. Que te aplauda el noble y valiente Aragorn… ¿Hubiera querido interpretar a la elfa Arwen?
R. No vi El Señor de los Anillos hasta que no tuve más remedio. La fantasía no es un género que me atraiga demasiado. Pero, ¡me gustó mucho! Luego he visto otras cosas, Juego de tronos...
P. Hizo de Jane Eyre, ¿le hubiera gustado ser la Catherine de Cumbres borrascosas?
R. La leí muy joven, 14 años quizá, es de las primeras novelas a las que me enganché. Tenía una abuela que la había leído y aquel verano juntamos lecturas. Lo disfruté mucho.
P. ¿Es más de Elordi o de Chalamet?
R. Chalamet me carga un poco.
P. ¿Teatro o cine?
R. Como espectadora disfruto más el cine. Pero en teatro es donde más lejos puedes llegar como actriz. El teatro, si va bien, es maravilloso: lo efímero, la relación directa con el público. En el cine hay tantos filtros, las tomas, el montaje, te dejas manipular, lo que también está muy bien.
P. ¿Irá a los Goya?
R. No, solo voy cuando tengo que ir. Ahora estoy sumergida en los preparativos de un espectáculo de Àlex Rigola para su teatro, la adaptación de la novela de 1969 Retorno a Haifa, del palestino Gassan Kanafani, en la que interpreto a una mujer judía.
P. ¿Cómo cree que ha cambiado el hecho de ser mujer en estos años?
R. Me cuesta mucho hablar en general, pero creo que las cosas no han cambiado tanto como parece. Llevamos muchos años hablando de feminismo y de MeToo y, sí, hay más mujeres en puestos directivos y tal, pero no tengo la sensación de que se hayan producido los cambios que esperábamos. ¿Cómo puede ser?
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