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Italia busca el centro de gravedad de Franco Battiato

Una exposición en Roma, una película y varios libros exploran el legado del músico italiano en el quinto aniversario de su muerte

El cantautor y músico italiano Franco Battiato. Fondazione Franco Battiato

Cuando Franco Battiato tenía ocho años escribió una redacción en el colegio titulada “Pero yo… ¿Quién soy?”. La pregunta traumatizó a su profesora, que llamó preocupada a la madre del músico italiano para contárselo. En la familia aquello se quedó en pura anécdota. Sin embargo, no fue una pregunta casual. En realidad es el interrogante que persiguió a este ecléctico artista hasta su muerte a los 77 años en 2021 y, en cierto modo, es la pregunta que a los comisarios de la muestra, Giorgio Calcara y Cristina Battiato (sobrina del artista), les gustaría que contestara también la exposición dedicada a su figura, Otra vida, que el Museo Maxxi de Roma acoge hasta el 26 de abril. “Hablamos de un gigante de la cultura que se ha expresado a través de la música, pero también de la filosofía, de la espiritualidad, de la pintura, del cine. Nunca se contuvo. Siempre estuvo dispuesto a descubrir con la curiosidad de un niño, por eso podemos hablar de muchas facetas de su existencia”, asegura a este periódico Giorgio Calcara.

Por primera vez la obra de Battiato y alguna pincelada sobre su vida se convierten en objeto de museo y por eso la muestra, organizada por el Ministerio de Cultura Italiano en colaboración con la Fundación Franco Battiato, ha creado cierta expectación en Italia, donde también coinciden estos días el estreno en cines de un apasionado biopic titulado El largo viaje y la publicación de varios libros, entre ellos Lavorare con un genio – Franco Battiato raccontato dai suoi artisti (Trabajar con un genio - Franco Battiato contado por sus artistas). Gianfranco D’Adda, quien fue durante décadas batería y percusionista de Battiato, firma ese libro y presta para la exposición memorabilia como el cartel en árabe y las banderas japonesas que utilizaron durante la gira del disco L’era del cinghiale bianco o el mono blanco que Battiato se ponía para salir al escenario cuando lanzó su disco Fetus, un clásico de la psicodelia setentera. En España también acaba de editarse el cómic Battiato. El extraterrestre, de Maurizio di Bona y Alessio Cantarella.

Organizada en siete bloques temáticos con títulos como Misticismo, Éxito, El hombre o Experimentación, esta exposición, modesta en tamaño, trata de lanzar una mirada sobre los diferentes momentos y búsquedas por los que atravesó el artista siciliano. No llega a conseguirlo del todo, quizás porque pasa por todos los temas de puntillas, sin profundizar en ninguno.

En los ochenta, Italia y España bailaron al ritmo de Busco un centro de gravedad permanente, incluido en el disco La voce del padrone (La voz de su amo), con el que Battiato se convirtió en el primer artista italiano que vendió más de un millón de elepés. Fue músico, pero también viajero incansable, místico entregado, intelectual reservado, pintor y cineasta. En sus letras prolíficas mezcló ironía, literatura, espiritualidad, filosofía, crítica social y poesía. Experimentó con los sonidos de vanguardia, la música de cámara, la música árabe, la ópera, el pop, el rock y múltiples géneros, construyendo un vasto mapa de sonidos. Sin embargo, en la muestra solo es posible disfrutar de cinco grandes éxitos de los ochenta, aunque eso sí, en un espacio de sonido impecable construido con tecnología punta. “A Battiato le encantaba todo lo tecnológico”, subraya el comisario.

Con más de treinta álbumes a sus espaldas, en la exposición hay objetos que sin duda entusiasmarán a sus fans, como el primer sintetizador portátil de la historia, el EMS Synthi AKS. Cuando salió a la venta en 1971, Battiato viajó a Londres y se gastó sus únicos ahorros en adquirir un aparato que también fue utilizado por Brian Eno o los Pink Floyd (que firmaron con él The dark side of the moon), siendo los tres artistas que más jugo supieron sacarle cuando la experimentación musical y la psicodelia estaban en pleno apogeo. De esa época también se exhiben pasquines anunciando aquellos conciertos donde se ponía sus gafas de aviador ―años después las cambió por gafas de sol― en eventos en los que a veces se limitaba a crear sonidos inconexos y abandonar el escenario, para pasmo de su público.

Y es que si algo consiguió Battiato en esa búsqueda de sí mismo fue sorprender. “Leía muchísimo y por eso hemos creado un ambiente con los libros que había sobre su mesa, centrados en la espiritualidad. Meditaba dos veces al día sobre varias alfombras que también utilizó en conciertos y con las que hemos hecho una instalación y también proyectamos lo que veía al amanecer desde su ventana en su casa siciliana a los pies del Etna. También abrazó la pintura y de ahí que mostremos muchos retratos que les hizo a sus amigos…”, explica Calcara.

Cabe preguntarse si los cuadros, de no ser firmados por Battiato, se mostrarían en un museo. “Bueno, él no buscaba la excelencia, sino simplemente pintar, pero le dedicaba muchas horas”, explica su sobrina Cristina Battiato, también presidenta de la fundación que lleva el nombre de su tío. “Era, sobre todo, una persona muy generosa, tanto en lo espiritual como en lo material”, afirma.

En la exposición solo hay una partitura, de una canción de los sesenta poco conocida, y no hay cuadernos con letras o cartas o papeles que dejen entrever a la persona más allá de las imágenes de portada de discos, pósteres o sesiones de fotos. ¿Los regaló todos? “La verdad es que no lo sé. Él tampoco tenía fotografías suyas en casa, ni premios, creo que cuando publicaba una canción ya no la consideraba suya y quizás las tenga alguien, pero en casa he encontrado pocas cosas. Él escribía mucho en el ordenador… En la Fundación Battiato tenemos algunas partituras, pero no muchas”, explica Cristina Battiato. También se echan de menos reflexiones sobre él por parte de colaboradores cercanos, o contextualizaciones históricas en relación a Italia, puesto que su carrera abarca medio siglo. Tampoco hay información sobre su infancia o sobre su madre, a la que estaba muy unido. Lo cierto es que se aprende poco sobre su vida personal o sus opiniones, aunque quizás los comisarios hayan querido respetar su obsesión por la privacidad.

“Muchos le consideraban un maestro precisamente por su manera de estar en el mundo y por esa sabiduría interior que transmitía en gestos sencillos del día a día y en ese incansable querer aprender más”, explica Calcara. De hecho, no es casualidad que pusiera al cineasta y psicomago Alejandro Jodorowsky a interpretar a Beethoven en su anárquico filme Musikanten, recordado en la muestra con un gran póster. Battiato, que seguía las enseñanzas del gurú-filósofo George Gurdjieff, buscó a menudo la amistad con personajes inclasificables como Jodorowsky, filósofos, expertos en metafísica, maestros espirituales y todo el que pudiera aportarle algo a su búsqueda interior. También ayudaba a músicos jóvenes y creó un sello discográfico para ello y también una editorial, Ottava, para publicar los libros que no encontraba en italiano, aunque en la exposición no aparecen.

Pero cuando se habla de este inconformista genial, lo más importante es la música, como concluye el comisario Calcara: “Cuando aprendes de memoria sus letras, al cantarlas, atraviesan tu corazón y cuando salen de tu boca son como un bálsamo para el alma”.

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