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La batalla artística más sanguinaria se ha desencadenado en Valencia

Una aldea entró en guerra el sábado después de que el público la tocara y ahora arde en llamas dentro de una obra del teamLab que se exhibe en el Centro de Arte Hortensia Herrero desde su inauguración en 2023

Fragmento de la obra 'The World of Irreversible Change' (El mundo del cambio irreversible), una de las más populares del Centro de Arte Hortensia Herrero (Valencia), en donde se aprecia una batalla sanguinaria.teamLab

Dentro del Centro de Arte Hortensia Herrero (CAHH) de Valencia se ha desatado una batalla terrible. Una lucha con katanas que ha dejado decenas de muertos. Una aldea completamente arrasada que ahora mismo arde en llamas. La suerte, o la desgracia, si se mira desde un punto de vista artístico, es que este suceso ha sido virtual. Todo esto ha ocurrido dentro de una obra titulada The World of Irreversible Change (El mundo del cambio irreversible). La pieza, una de las más populares en el joven museo inaugurado en noviembre de 2023 en el centro de la ciudad, ha cambiado radicalmente después de que los visitantes, los humanos de carne y hueso, interactuaran con la obra a pesar de que desde el centro se les advirtió de las consecuencias de hacerlo de forma repetida.

Todo empezó el sábado a mitad tarde. El museo calcula que un visitante, o varios, tocaron la obra con sus dedos reiteradamente en torno a las 18.45 horas. Esta pieza apaisada —cuatro metros de ancho y 1,21m de alto— mostraba una aldea medieval de Japón donde sus habitantes llevaban una vida plácida discurriendo de un sitio a otro dentro de este poblado con viviendas tradicionales, algún tori, atravesada por un río y llena de árboles que, en primavera, ofrecían su pequeño Sakura cuando florecían los cerezos. Allí dentro, con cada día diferente al anterior, la gente del museo ha visto a los aldeanos desde sacar a pasear un santo a celebrar una fiesta. La obra, y otras similares, está sincronizada con la ciudad donde se exhibe y, así, amanece cuando amanece en Valencia y anochece también al mismo tiempo. Si en la calle llueve, en la obra también. Si está nublado, lo mismo en la pantalla.

Cuando los visitantes llegaban a la sala 11, dentro del edificio anexo al palacio de Valeriola, dedicado al arte que no está hecho con los medios tradicionales, los trabajadores del CAHH les advertían de que si tocaban a algunos de los aldeanos iban a mostrar su disgusto, y que si esto sucedía de forma repetida, su disgusto iba a ser tal que desencadenaría una batalla.

Y eso fue lo que sucedió el sábado, día de San Valentín. “Sabíamos que esto podía pasar. Es triste, pero previsible”, advierte Javier Molins, director artístico del CAHH. “Ese día tocó más gente de la que tocaba y se desencadenó la guerra”. Al día siguiente, el domingo, acudió Hortensia Herrero, la propietaria del museo y mecenas artística en la ciudad de Valencia. “Estaba como triste, pero era consciente de que podía pasar. Ahora muestra curiosidad por la evolución de la obra”, explica Molins, la persona con la que Herrero visitó hace años Art Basel, la feria de arte contemporáneo de Basilea (Suiza). Allí, en el espacio de la Page Gallery de Nueva York, descubrieron la obra del teamLab, un colectivo artístico japonés fundado por Toshiyuki Inoko en 2001. “La vio y quiso que en el CAHH hubiera una para que la pudieran ver todos los valencianos”, apunta Molins.

La batalla duró dos días y medio y no dejó títere con cabeza. Todos murieron. Ahora la aldea arde en llamas y los cuerpos yacen en el suelo. “No sabremos qué pasará con ellos. Solo sabemos que el incendio puede durar hasta un año y que después crecerá la naturaleza. Pero nunca más volveremos a ver vidas humanas. Es el sentido de la obra y así la diseñaron sus creadores, para que supiéramos que somos mortales”, dice Molins.

El museo, situado en la calle del Mar, en Valencia, vio la expectación que generó lo que había sucedido con la obra que decidió hacer una excepción y abrir el lunes para que la gente pudiera ir a ver en vivo qué estaba pasando. “Es un hecho histórico”, parece presumir Molins. Ese día acudieron al CAHH 450 personas, algunas, sorprendentemente emocionadas por lo sucedido. “Estos días he visto a gente llorando y el lunes hubo una pareja que permaneció un buen rato, abrazados y emocionados, delante de la obra”, informa el director artístico, impactado por la reacción de los ciudadanos al desastre que ha sucedido en una pantalla del Centro de Arte Hortensia Herrero de Valencia.

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