La danza viral de Leïla Ka se queda en lo anecdótico
‘Maldonne’, de la joven coreógrafa francesa, revelación en carteleras europeas, no traspasa el ‘collage’ de entretenimiento visual


En la danza, como en otras artes, también se da el fenómeno de lo viral. Seguramente con menos frecuencia que en la música o el cine; o tal vez la misma, pero menos visible. El caso es que de vez en cuando, una coreografía o un artista alcanzan ese rótulo de “lo que hay que ver”, prescrito por carteleras internacionales y por visitas y likes en las redes sociales. A lo largo de 2024, pero sobre todo, en 2025, la coreografía Maldonne, programada este fin de semana en el Centro de Danza Matadero de Madrid, y su autora, la joven francesa Leïla Ka, figuran como dos de esos indispensables. Pero el resultado se queda en un collage irregular de entretenimiento visual, que va de más a menos, sin mucho calado ni descubrimiento. Un ejemplo claro que seguramente también sea testimonial de nuestro tiempo, de aquello que funciona en el impacto visual y lo breve de las redes sociales, pero se desinfla cuando el contexto requiere de la profundidad de lo escénico.
Hay momentos poderosos en Maldonne (malentendido). Como el que se corresponde con el inicio de la obra. Cinco bailarinas en línea, enfrentadas al público, con luz cenital de cinco focos, repiten una gestualidad muy sencilla con brazos, tronco y cabeza, apoyadas únicamente en su respiración (agitada, revela angustia y desesperación). Funciona entonces lo pequeño, lo reiterativo y el confiar en la suma de ambos. Posteriormente, cuando a esas frases coreográficas se le añade el levantamiento del brazo derecho y la posterior caída de los cuerpos al suelo (con el correspondiente sonido del desplome de las cinco bailarinas), la propuesta alcanza su cénit. Es precisamente esta escena la que acumula likes en las redes sociales y también vertebra la vídeo danza de 15 minutos que Leïla Ka ha creado a partir de Maldonne. Pero luego, la concentración se disgrega en diversas escenas con transiciones no resueltas, algunas de ellas con gags facilones.

También se echa mano con evidencia de esos recursos escénicos destinados a gustar, y que gustan, si no fuera porque se les ve demasiado la costura. En Maldonne, la fórmula pasa por usar músicas reconocidas y sobrecogedoras, que más que justificar la escena, te predisponen al encandilamiento de la misma. En este sentido se escucha el fabuloso tema Dance me to the end of love, de Leonard Cohen, o el Invierno de Las cuatro estaciones de Vivaldi, música que cierra el espectáculo en todo lo alto con ese oscuro repentino que anuncia el final y arranca los aplausos más fervientes. Una interpretación teatral de la conocida canción francesa de los setenta Je suis malade, recuerda a aquella maravillosa escena en el film La ley del deseo, de Pedro Almódovar, con el Ne me quitte pas como base coreográfica y existencial.
Las referencias dancísticas, a nivel de movimiento e incluso estética, también son muy reconocibles. Ahí está esa gestualidad, individual y grupal, de la obra May B (1981) de Maguy Marin, coreógrafa con quien ha trabajado Leïla Ka. La estética de Pina Bausch e incluso pasos concretos del Fase (1982) de la coreógrafa belga Anne Teresa de Keersmaeker (ese giro con el brazo derecho extendido). Tal vez como homenaje, no se dice nada de esto en la información que hay sobre Maldonne. Pero el posible tributo a estas tres coreógrafas podría casar con ese discurso feminista que sí se anuncia en el programa para contar lo que vertebra al espectáculo. “Cinco mujeres y cuarenta vestidos”, es la frase más usada en los textos de promoción que acompañan al montaje. Y aunque la denuncia y la exposición del sometimiento de las mujeres, que aún se sufre, está y adquiere verdadera revelación y fuerza cuando se encarna en la rabia, tampoco consigue rascar hacia capas más profundas y lo anecdótico sobrevuela la mayor parte.

Leïla Ka, que también ha coreografiado para Beyoncé y se encargó del movimiento de la 50ª ceremonia de los Premios César del cine francés el año pasado, ha recibido el premio revelación coreográfica del Sindicato de la Crítica en Francia y ha sido nominada al Bloom Prize 2025, nuevo galardón que otorga el teatro Sadler’s Wells de Londres a coreógrafos emergentes con menos de diez años de trayectoria. En Maldonne la creadora apunta hacia una dirección interesante, pero necesitada de concentración y hondura. Tal vez pueda adquirirla con más experiencia y pensamiento escénico.
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