Ir al contenido
_
_
_
_

La noche en que un tren con barra libre llevó la Movida madrileña a Vigo y el vagón donde nacieron The Rolling Stones

El escritor y periodista Miguel López repasa en un ensayo la estrecha relación entre el ferrocarril y la música, y su papel clave en la difusión de ritmos como el blues y el flamenco

La vibración continua de las ruedas sobre los rieles, el chirrido de los frenos, el zumbido espeso cuando se entra en un túnel, junto a la reverberación de los vagones contra sus paredes, los pitidos de la bocina, el soplido de la apertura de puertas. Los trenes tienen su propia música, pero también han influido en la difusión de otros ritmos, además de haber inspirado las letras de compositores y cantantes. El escritor y periodista Miguel López (Chacao, Venezuela, 63 años), que trabajó durante tres décadas en Renfe y fue director de la revista Vía Libre, hace en el libro La música viaja en tren (editorial Sílex) que las vías ferroviarias sean dos líneas más del pentagrama musical.

Hay dos músicas cuya propagación debe mucho al ferrocarril, asegura Miguel López. Son el blues y el flamenco. “Hay un paralelismo entre ambas porque son músicas que estaban confinadas en determinadas áreas geográficas. El blues, en el Delta del Misisipi, y el flamenco, en algunas zonas de Andalucía. El ferrocarril abre una vía que permite salir de ese confinamiento. Cuando llega el tren, tanto al Delta del Misisipi como a Andalucía, propicia un flujo humano, en ambos casos hacia el norte, hacia núcleos industriales, y también salen los artistas, que van creando afición, y así va cristalizando un cierto circuito”, dice López en conversación por videoconferencia. “Y esto ocurre, además, con dos músicas de raíces, dos músicas muy especiales que casi diría que representan la salvaguarda última de la identidad de un pueblo”.

La relación de los flamencos con el ferrocarril, desgranada sobre todo en la última parte del libro, en la que se hace también un recorrido por la historia y expansión del tren en España, era a veces una relación casi laboral, ya que algunos flamencos se ganaban la vida cantando al plato, como el Chato de la Isla, que lo hacía en el tren de vía estrecha que unía Jerez, Puerto de Santa María, Puerto Real y Cádiz. “Se dijo que incluso Camarón había cantado al plato en los trenes. Es decir, poniendo la gorra, que diríamos ahora, pero Rancapino, que era amigo íntimo de él, lo niega tajantemente”, aclara López.

El ferrocarril ha favorecido incluso la aparición de nuevos instrumentos musicales. Es el caso de la trikitixa, un acordeón que llegó al País Vasco traído por los peones de ferrocarril piamonteses contratados a mediados del siglo diecinueve para construir la línea Madrid-Irún. La dificultad orográfica del recorrido había llevado a la Compañía de Caminos de Hierro del Norte a buscar a estos peones especializados que ya habían instalado muchas vías en los Alpes. “Son esos trabajadores del ferrocarril alpino los que traen esos acordeones, muy típicos en la zona. Después los artesanos vascos empezaron a fabricarlos y ahora tienen una identidad propia”.

En tren se intentó llevar también la Movida madrileña hasta Vigo, pero fue un fracaso. La idea se llamó Madrid se escribe con V de Vigo y costó 18 millones de pesetas. Grupos y músicos como Gabinete Caligari, Los Nikis, Alaska, Ana Curra y Fabio McNamara viajaron en el tren Rías Baixas, que salió de la estación madrileña de Príncipe Pío en la noche del 20 de septiembre de 1986. Más adelante, el proyecto incluía otro tren lleno de músicos en sentido contrario, de Vigo a Madrid, pero ese viaje nunca llegó a organizarse. Parte del problema del viaje inicial fue la barra libre que hubo dentro del tren durante toda la noche. “La historia de ese viaje absolutamente disparatado me llega a través de Jesús Ordovás [periodista musical y autor de La Movida madrileña y otras movidas, entre otros libros]. Él es una de las personas que estuvieron en aquel tren”, dice Miguel López.

Entre los músicos enamorados del tren, y hay muchos, destacan Johnny Cash, que protagoniza la portada del libro, y Bob Dylan. En el caso del segundo, no solo ha llevado esta pasión a la música, sino también a la pintura y a la escultura. “Su especialidad es dibujar vías y traviesas de tren, motivo de inspiración durante décadas. Retrata casi obsesivamente las líneas paralelas que se unen en el infinito”, escribe Miguel López en La música viaja en tren. En escultura, la obra ferroviaria dylanita es Rail Car, un vagón de mercancías en hierro forjado que se expone frente a los viñedos de Château La Coste, una bodega francesa de la Provenza, y que fue trasladado en 2022 desde Los Ángeles. En el comunicado que envió para la inauguración de la obra, Dylan dijo: “Vi y escuché trenes desde que era muy pequeño y su presencia y sonido siempre me han hecho sentir seguro”.

The Rolling Stones también nació junto a las vías del ferrocarril, en concreto en el andén 2 de la estación de Dartford, donde se encontraron Mick Jagger y Keith Richards el 17 de octubre de 1961. Una placa en la estación recuerda ese encuentro y es una de las fotografías que aparecen en el libro. Apunta en él Miguel López que Keith Richards estaba esperando el tren cuando vio a Jagger, al que conocía de la escuela primaria, pero con el que no había vuelto a coincidir. Jagger llevaba bajo el brazo un disco de Chuck Berry y otro de Muddy Waters. Eso hizo que Richards se le acercara y que acabaran en el mismo vagón de tren para iniciar una conversación sobre música que resultaría en la creación de un grupo mítico.

Las composiciones influidas por el ferrocarril son muy habituales entre los músicos, desde Crazy Blues, la primera canción de blues grabada en un disco por la pionera Mamie Smith en 1920, hasta otras canciones de Bessie Smith, Robert Johnson y Charlie Patton. Una autora de un clásico musical ferroviario mucho más olvidada es Elisabeth Cotten, que a los doce años compuso Freight Train (Tren de mercancías), aunque no consiguió grabar la canción hasta los sesenta y dos años, gracias a un encuentro casual con Pete Seeger.

Entre los músicos españoles que han cantado al ferrocarril, Miguel López cita a Víctor Manuel, cuyo padre fue factor de Renfe; Luz Casal, Duncan Dhu, Javier Krahe, La Oreja de Van Gogh, Fito y los Fitipaldis, Rozalén y Leño, entre muchos otros. “El rock tomó el coche como símbolo, pero la presencia del tren en la música sigue existiendo porque además los músicos beben de las músicas anteriores, y allí sí aparece. Creo que la influencia musical del tren estará en relación con la que tenga en la propia sociedad y desde luego ahora el ferrocarril tiene mucha presencia”, insiste López.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_