Ana Mena: “He picado mucha piedra como para creerme una estrella”
La cantante malagueña, de 28 años, lleva desde los ocho curtiéndose en concursos, conciertos y series de televisión. Ahora estrena su primer papel protagonista en cine, ‘Ídolos’, junto a su pareja, Óscar Casas, y ultima su nuevo álbum.


Cita a primera hora de la mañana en el café más concurrido de la exclusiva urbanización madrileña de la Moraleja, donde desayuna muchos días y donde nadie se sorprende de estar mesa con mesa con una celebridad del pop con dos millones de seguidores en Instagram y millones de reproducciones en Spotify y YouTube. La acompañan tres colaboradoras que se retiran discretamente durante la entrevista, pero que la escoltan y que marcan al fotógrafo durante la sesión de fotos, que parece preocuparles más que la charla. Menuda de estatura, con una espléndida melena rubia y la piel resplandeciente de sus 28 años y sus cuidados estéticos, Ana Mena ni apabulla ni se hace pequeñita ante nadie y, sospecho, ante nada. Mira a los ojos, llama a la periodista, que podría ser su madre, por su nombre de pila y parece genuinamente interesada en la conversación. Ni rastro de las ínfulas y los dengues de otras estrellas de la música y la pantalla. Tablas le sobran.
Tiene 28 años, pero ¿cuántas vidas lleva a cuestas?
La verdad es que muchas. Todo viene de una ventaja y es que, desde muy pequeña, tuve muy claro cuál era mi pasión en la vida: cantar y actuar. Y eso llevo haciendo desde que, a los ocho años, gané el concurso Veo, veo. Saber a qué quieres dedicarte es una suerte, porque te clarifica el camino, pero ha sido largo, duro y difícil. Y he tenido la suerte de tener siempre el apoyo incondicional de mi familia.
Otros jóvenes, a los 28, viven con sus padres y el sueldo no les da ni para alquilar una habitación. ¿Habla de eso con sus amigos?
La mayor parte de mis amigos no están relacionados con este mundo, es una conversación que sale a menudo y no hace falta que me lo expliquen. Llevo trabajando desde niña, durante mi adolescencia estudiaba a distancia y, para trabajar, viajaban conmigo mi padre o mi madre. A los 21, me vine a Madrid y compartí casa dos años con mi amigo Luis, un bailarín de mi espectáculo, que ha sido mi gran apoyo. He vivido en Seseña (Toledo), en Navalcarnero... Sé lo que es la periferia: terminaba un viernes de rodar y me iba conduciendo a Málaga y volvía el domingo por la noche porque tenía necesidad de ver a los míos. Somos una familia muy apretá, que decimos en Málaga. Mis padres y mi hermano, que ahora va a cumplir 22 años, han hecho un gran esfuerzo para que yo fuera lo que quería ser.
Algo habrá hecho usted.
Ser muy, muy cabezona, muy pesada, tener mucha confianza en lo que hago y estar convencida de que esto es lo mío. O esto te encanta y lo amas muchísimo, porque el camino es difícil, duro y solitario. Ves muchas injusticias, muchas puertas cerradas a las que tienes que dar el rodeo del siglo para encontrarles la llave. Pero me ha encantado vivirlo, porque he aprendido muchísimo, y sigo aprendiendo, me ha dado mucho callo, y me hace alegrarme de las cosas buenas que me pasan porque sé lo que es estar abajo, sé perfectamente de dónde vengo. Ahora vivo aquí, y estoy muy cómoda, pero puedo estar en cualquier sitio, porque ya he estado.
De hecho, triunfó a nivel masivo en Italia antes que en España. ¿Eso fue hacer de la necesidad virtud?
Bueno, aquí no me iban bien las cosas, y me fui a Italia, sin saber italiano. Tuve la suerte de poder colaborar con otros artistas, como Rocco Hunt, y de que mis canciones gustasen. Nadie me ha regalado nunca nada.
¿Ha escrito siempre sus canciones?
Al principio, principio, no. Me ayudaban. De hecho, me he pateado todos los escenarios de España, y de Italia, haciendo covers, versiones de otros, porque no tenía repertorio ni para llenar una hora. Al principio, mis canciones igual estaban hechas al 80% por otros y un 20% por mí. Pero ahora, por fin, puedo decir que todas son mis ideas. Tengo un pequeño grupo de personas con las que escribo, pero soy la dueña de mi proyecto. Me ha costado muchísimo que confiaran en mi intuición, en mis gustos y mis decisiones.
¿Desde cuándo confían los peces gordos de la industria en usted? Imagino que desde que sus números han empezado a pesar.
Ha sido paulatino. Me ha costado años de bregar con unos y con otros, pero en este momento decido cómo me quiero vestir, qué y cómo quiero decirlo. Son mis historias, mis canciones, de puño y letra, y eso me hace muy feliz. Pero, sí. Los números están sobre la mesa y he visto cómo ha cambiado la mirada de algunos sobre mí. Yo soy muy seria trabajando. Mucho. Sobre todo, cuando se trata de tomar decisiones. La gente se piensa que quizá este trabajo es solo subirse al escenario, hacer entrevistas y hacerse fotos guapa, y no. Ser artista es, sobre todo, tomar decisiones. De lo que quieres hacer, de lo que no, cada día, todos los días.

Es una estrella que llena grandes auditorios y tiene dos millones de seguidores en Instagram. Estará acostumbrada a la lisonja.
Lo odio con toda mi fuerza. Porque, además, igual no debería serlo, pero soy una persona muy desconfiada, me protejo mucho. Soy una chavala de mi casa, normal, que canta y actúa. He picado mucha piedra, he usado mucho pico y pala para creerme una estrella. Creo que soy muy honesta. Soy igual que tú, y que cualquiera. Me adapto a todo y todo me gusta.
Este verano anunció que estaba agotada y se retiraba a descansar. No es la primera artista que lo hace. ¿Tan infernal es el ritmo de trabajo de su oficio?
Sí. Y sucede que ese ritmo también necesita un reposo para asentarse y alimentarse. Un barbecho. Digamos que he estado en barbecho, como hago con mi huerto, para luego poder florecer. Quiero que se me entienda: no he estado tocándome las narices, he estado trabajando, componiendo, pasando tiempo en el estudio. Pero por barbecho me refiero a que he estado los últimos 10 años de gira. A los 18 me tiré al mundo y no he parado de trabajar. He hecho conciertos en todos los sitios que te puedas imaginar, me los conozco todos. A veces, cantando en medio de un botellón y con la gente dándome la espalda. Pero yo seguía cantando. Vengo de todo eso, y todo eso está ahora en mi trabajo.
Hablaba de la soledad. Muchos jóvenes de su generación confiesan sentirse solos. ¿Usted la ha sentido?
Mucha, muchísima. Mi vida social durante estos 10 años ha sido muy poca. Trabajaba, dormía e iba a ver a mi familia. Claro que lo he pasado bien, pero no soy una chica de salir mucho de fiesta. Me encanta, a veces, hacer canciones para discoteca, pero no me encanta una discoteca. Y después del concierto, te quedas sola.
¿Y la leyenda del sexo, drogas, rock and roll?
Hay de todo, por supuesto. Pero también es cierto que cada vez más gente está dejando de beber y prefiere levantarse pronto a hacer deporte. Se lo puede pasar uno bien de muchas maneras, siendo un poquito más maduro y más consciente de los peligros. En estos últimos diez años, he estado mucho tiempo soltera y no pasa nada [ella misma contó que su primera experiencia sexual fue a los 24 años], y las personas que he conocido han sido gente de mi entorno.
Incluyendo a su pareja, Óscar Casas, al que conoció en el rodaje de Ídolos, la película que estrena en breve. ¿A la generación de la pandemia le cuesta encontrar el amor de forma casual, en la calle?
Fíjate que yo creo que no es tanto porque cada vez se salga menos a los bares, sino porque cada vez cuesta más cuajar con alguna persona porque tenemos todos esta mierda en la mano todo el día [coge el móvil]. Esto es un cáncer, esto es horrible. El ser humano es así, siempre pensamos que vamos a encontrar algo mejor, tenemos en la palma de la mano las redes sociales con un catálogo de cuerpos y caras perfectas, pensamos que sabemos la vida de los otros y así es muy difícil que aparezca alguien y que, si aparece, surja un vínculo real. Una persona que te respeta, te admira, te apoya. Eso no suele pasar. Eso es lo insólito. Y estoy muy feliz de que me haya pasado.
Pero usted usa sus redes sociales y cuelga fotos maravillosas. ¿Eso no es colaborar con el espejismo?
Claro, soy la primera a la que le gusta scrollear y divertirse y hacer tiktoks y estar ahí. Muestro lo que yo quiero de mi vida. Es un equilibrio entre la responsabilidad que una siente, y, también, el placer de sentirse libre. Tiro, otra vez, de mi intuición, pero también escucho a los demás y pido consejo.
Hay quien la percibe como un producto musical. ¿Se ha sentido alguna vez como tal?
Sí, me ha preocupado en algún momento y creo que he ido rompiendo un poco con ese estigma. Mi gira Bellodrama fue un poco mi particular golpe en la mesa. Creo que no hay edad para la música. La gente joven también aprecia los clásicos de los años setenta, que me encantan, pero también me encanta un temazo de discoteca, y me sigue maravillando la copla, por la que empecé en esto, escuchando a Marifé de Triana en mi casa. Yo canto flamenco todos los días. Me gusta poder tener ese crossover, ese híbrido. He hecho de todo y no se me caen los anillos.
¿Teme a que, ahora, se la mire con lupa como actriz en Ídolos? ¿Leerá las críticas?
¿Qué hago, te miento y te digo que no? Claro que las voy a leer. Parece que me estoy metiendo ahora en el cine, pero llevo siendo actriz desde los 11 años. Entiendo que se me mire con curiosidad, pero no soy ninguna novata.
Lola Índigo, Amaia, Valeria Castro... Hay muchas y muy buenas cantantes en su generación. ¿Cómo lleva la competencia?
Me encanta. Cuantas más seamos, más se retroalimenta la rueda. Lo que deberíamos hacer es unirnos entre nosotras y sacar canciones juntas. Pasa en otros países y no sé por qué en España no.
Igual por un problema de egos.
No lo sé, yo lo he intentado varias veces y confío en que pueda ser. Igual se trata de encontrar la canción justa. Eso sí que sería un golpe sobre la mesa.
LA MENA Y LA GANGA
A Ana Mena (Estepona, Málaga, 28 años) le encantaban desde pequeña las coplas -Antonio Molina, Rocío Jurado, Marifé de Triana- flamencas que se escuchaban en su casa, pero no solo. También los temazos de los y las cantantes italianos -Mina, Sandro Giacobbi, Zuchero- que les gustaban a sus padres. Ella misma cuenta que se recuerda de niña emocionada hasta las lágrimas o loca de contenta escuchándolos y queriendo ser como ellos, cantantes que, además de cantar, interpretaban sus canciones. Y a ello se puso. A los 8 años, su insistencia convenció a su madre para presentarse al concurso de talentos infantiles, Veo, veo, que ganó, y, desde entonces, no ha parado de perseguir su empeño. Alguno de sus grandes éxitos, como Madrid city o Música ligera son algunas de las canciones españolas más escuchadas en plataformas. Ahora, coprotagoniza la película Ídolos, junto a Óscar Casas, dirigidos por Mat Whitecross.
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