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Jesús del Cerro, el cineasta español que rompe la taquilla en Rumania

Tras dirigir en series como ‘Médico de familia’ y ‘Un paso adelante’, el director triunfa en la cartelera comercial del país y acaba de estrenar su decimotercera película, ‘Navidad con Ramón’

Cuando visitó Rumania como mochilero por primera vez en 2002, al madrileño Jesús del Cerro no se le pasó por la mente que se convertiría casi dos décadas después en uno de los cineastas más taquilleros en este país de Europa del Este. Su película Miami Bici —es un juego de palabras en rumano, la última palabra significa fusta, pero se lee como “playa” en inglés— sumó casi 600.000 espectadores en las tres primeras semanas de proyección en las salas en 2020, uno de los mejores datos de la historia para un filme rumano. La irrupción de la pandemia que obligó a confinar a la población interrumpió el triunfo del cineasta. Aunque solo lo aplazó.

Este filme, que trata la historia de dos jóvenes que se mudan a Miami con la idea de enriquecerse rápidamente y acaban involucrados en asuntos turbios, demostró que el género comercial podía llenar las salas en un país cuyo cine de autor ha dejado su impronta en el mundo con directores como Cristian Mungiu y Corneliu Porumboiu. “Mientras que en el resto de los países ya habían cerrado los cines por la covid, la gente seguía yendo para ver nuestra película”, resalta el director, de 56 años. La segunda parte, Miami Bici 2 (2023), rodada en Los Ángeles, volvió a vender cientos de miles de entradas, y peleó de tú a tú con Oppenheimer y Barbie en la taquilla. Las críticas, eso sí, suelen mostrar menos entusiasmo por su cine que el público.

Del Cerro repasa sus comienzos hasta el estreno a principios del pasado diciembre de su último filme, Navidad con Ramón, una comedia familiar que está abarrotando nuevamente las salas rumanas y tiene como actor principal a Pavel Bartos, el presentador de La Voz de Rumania.

Como si de un guion de una película se tratase, Del Cerro aterrizó en Bucarest en 2006 de la mano de la productora española Globomedia, para la que había dirigido series como Médico de familia y Un paso adelante. “Había vivido un año en Buenos Aires para trabajar en un reality show de La Sexta; al volver, me ofrecieron arrancar como consultor en el remake en Rumania de Un paso adelante, del que fui creador, director y productor ejecutivo", cuenta el realizador, hoy en día a medio camino entre Madrid y la capital rumana. “Rumania tenía una industria de cine desarrollada, pero en televisión estaban empezando; recordaba a cuando nosotros hacíamos la serie Médico de familia en el 95. Estaba todo muy en el aire".

Su espíritu aventurero lo llevó a quedarse un año en Rumania hasta que se le cruzó una oferta irrechazable. Emilio Aragón, uno de los cofundadores de Globomedia, le propuso rodar Carlitos y el campo de los sueños, una oportunidad única para hacer su primera película tras muchas series, mientras mantenía su colaboración con la productora rumana, que lo agasajaba sin cesar. Nada más terminar el largometraje, siguieron llamándole, así que no dudó y puso rumbo otra vez al Este, pero en esta ocasión para transformar su deseo en realidad: sacar adelante un proyecto propio. “Tenía una visión distinta de cómo hacer cine y conectar con el espectador, no porque fuera más listo, sino porque lo había vivido en mis propias carnes haciendo series muy populares en España”, abunda. ”Por ejemplo, cuando llegué, querían grabar Un paso adelante con una cámara. Dije ‘eso es imposible’, hay que tener dos o tres para rodar las coreografías, las secuencias complicadas, para darle más riqueza", rememora.

Desde entonces ya ha dirigido 13 largometrajes —entre ellos los tres únicos filmes navideños rumanos— y el documental Estoy embarazada en Rumania. Ha ganado tres veces el premio Gopo, el Goya rumano, a la película más taquillera con Nasa, Miami Bici y Miami Bici 2. Empezó a hacer filmes televisivos al adaptar la serie Cuenta atrás. Luego llegó Ho Ho Ho, la primera película rumana de Navidad. “En ese momento, el único director con cierta noción de comercialidad en Rumania era yo”, explica Del Cerro, que había rodado episodios de Navidad en Médico de familia. Subraya que ese filme fue uno de los primeros en el mundo en estrenarse en digital. “Fuimos pioneros porque ya solo había cines en los centros comerciales del país, dotados de la más nueva tecnología”, recalca.

A finales de la primera década de este siglo, Rumania despuntaba por el cine de autor y casi no existían largos comerciales. “Hacer una película para que la gente fuera a ver cine rumano era una cosa marciana”, apunta. Las productoras no apostaban por este género hasta que apareció Miami Bici. “Mostramos que se podía hacer otro tipo de cine en Rumania; un poco lo que pasó en España cuando se hizo Ocho apellidos vascos“. “Los directores rumanos piensan en los festivales, algo que me parece lícito y creo que debe existir; pero ¿quién hace cine para las mayorías?”, incide Del Cerro. Desde que se proyectó Miami Bici hace cinco años, se ha quintuplicado el número de estrenos. “Incluso, hay un par de productoras que estrenan tres o cuatro películas al año”, dice el director, que también estuvo a cargo en España de las series Más que amigos (1997-98) y Compañeros (1998-2002).

“En Rumania empecé a hacer películas con cierta libertad y cierto éxito; esto último me permitía hacer lo que quería con menos trabas”, detalla el cineasta. “Si tengo que hacer una película en España, necesito una televisión, una plataforma, un distribuidor”, profundiza. Pero en Rumania tiene la capacidad de producir una película, distribuirla y exhibirla, a pesar de que suele aportar dinero de su bolsillo. “Con financiación del banco mediante un préstamo a título personal, un par de inversores, marcas interesadas en publicitarse y mucho miedo, hacemos la película con riesgo de perder dinero, pero acabamos ganando algo”, remarca. ”Lo más difícil es vender la película y, por raro que parezca, lo más fácil es hacerla", incide.

Del Cerro confiesa que le costaría hacer un cine lento porque ha mamado el de comedia, acción y aventura. “Solo dirijo películas que me gusten y con la gente que quiero; no es que me sobre el dinero, pero voy en bicicleta, con lo cual no me hace falta ganar mucho”, asevera sonriendo. Se define como un realizador que se adapta a la historia, no esta a él, siempre preguntándose qué puede aportar y siendo leal a lo que quiere contar. “La historia manda más; en realidad, yo me pongo a su servicio”. También es consciente de lo complicado que resulta hacer un filme:

En estos momentos prepara un thriller policiaco en Cádiz y un filme infantil sobre la historia de una niña que no sabe leer y se adentra en una biblioteca fantástica. Y espera materializarlos pronto. “Tengo muchos guiones que no van a producirse nunca porque no hay un momento concreto en el que un actor y una productora puedan, o porque ya pasó eso, o el tema no está de moda”. Eso lo aprendió en el largometraje Hawái, una historia en la que un taxista rumano hereda tres millones de dólares en los estertores de la dictadura comunista. “Me costó siete años hacer Hawái y estoy muy contento; pero, por salud mental, no debes obsesionarte más de un tiempo; si no lo logras en dos o tres años, guárdala y a lo mejor dentro de cuatro la recuperas".

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Sobre la firma

Raúl Sánchez Costa
Periodista en la Europa del Este desde 2004. Escribe en El PAÍS sobre Rumania y Moldavia desde 2008. Ha trabajado en Xinhua, EFE y Euronews y, en la actualidad, sigue colaborando con France Presse. Tiene un máster de Estudios Europeos por la Universidad de Iași (Rumania) y otro de Relaciones Internacionales y Comunicación por la Complutense.
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