Las Tablas de Daimiel se llenan por completo por primera vez en más de una década
A pesar del buen estado actual del parque nacional, su equilibrio natural sigue roto al estar desconectado de las aguas subterráneas por la sobreexplotación agrícola


El agua ha comenzado a rebosar por la presa de Puente Navarro este jueves, una señal inequívoca de que el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel ha alcanzado su máxima capacidad. No ocurría desde hace una década, en 2016. Este humedal, una llanura de inundación única en Europa situada en Castilla-La Mancha, cuenta con 1.750 hectáreas inundables, en las que descansan, se alimentan y reproducen miles de aves migratorias.
Pese a esta imagen rebosante de vida, la situación del parque nacional continúa siendo muy preocupante, porque el aporte procede únicamente de aguas superficiales del río Cigüela y otros arroyos, y no del acuífero que debería alimentarlo durante todo el año. La inmensa reserva subterránea de agua, que se extiende por unos 5.000 kilómetros cuadrados, lleva décadas sobreexplotada por la actividad agrícola que rodea el espacio protegido.

Un problema de muy complicada solución, tanto que hay expertos que solo ven una salida: realizar trasvases desde el río Tajo cuando el humedal se convierte en un secarral, algo cada vez más habitual. Las organizaciones ecologistas, sin embargo, no quieren oír hablar de esta salida, que consideran contraria a la conservación del medio ambiente.
La carencia de actuaciones efectivas convierte a estos años lluviosos en un espejismo que desaparece en cuanto llega la sequía. En diciembre de 2023, por ejemplo, la turba ―carbón formado de residuos vegetales― del subsuelo de las Tablas de Daimiel estuvo a punto de entrar en combustión debido a la falta de agua. Hubo que poner en marcha los sondeos de emergencia, que bombean agua desde el acuífero para evitarlo y anegar 200 hectáreas.
“La situación en superficie es muy buena, pero el acuífero no se ha llenado nada y sigue con un déficit de 2.150 hectómetros cúbicos”, señala Miguel Mejías, jefe de Área de Hidrogeología Aplicada del Instituto Geológico Minero de España (IGME-CSIC) que controla este acuífero desde hace más de 25 años. Si el sistema natural funcionara, las Tablas de Daimiel se estarían llenando por el desbordamiento de los ríos Guadiana ―en los Ojos del Guadiana, donde nace este río― , y Cigüela. El agua saldría a borbotones del terreno formando pequeños charcos, y debido a la poca pendiente de la zona se generaría una extensa llanura inundada.
La última vez que ocurrió, sin alcanzar los niveles del régimen natural, fue a raíz del período húmedo excepcional que vivió la zona entre 2009 y 2013. En la actualidad, para que la situación volviera a repetirse, el acuífero tendría que subir unos 14 metros, recuerda Mejías.
“Es una gran noticia ver las tablas con tanta agua”, señala Samuel Moraleda, presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG). El agua de lluvia que dejaron las borrascas empezó a fluir muy lentamente el 10 de febrero al río Cigüela. “Llegamos a contabilizar 3.200 litros por segundo; ahora el caudal ha bajado a unos 2.226″, explica. A partir de ahora, salvo que se registren nuevas precipitaciones, el nivel comenzará a bajar y la inundación del humedal también, aunque el volumen actual augura un verano con muchas hectáreas anegadas y una gran temporada para las aves.
“En el acuífero, se irá notando algo, pero la respuesta es muy lenta, no es como los cauces de los ríos que responden rápido a las precipitaciones”, añade Moraleda. Que también recuerda que el equilibrio natural está roto: “No hay conexión río-acuífer. Nos gustaría que hubiera una conexión con el Guadiana a través de los ojos, pero no es así”, concreta.
Las aves aún están llegando, pero se prevé una temporada mejor que la del año pasado, cuando la situación del parque nacional también fue favorable, aunque no tanto como la de este año. Fue el mejor censo de aves nidificantes de la serie histórica 1980-2025. Se contabilizaron entre 1.350 y 1.400 parejas reproductoras de pato colorado, el emblema del parque nacional; más de 500 de porrón europeo; 1.300 de fumarel cariblanco y especies en peligro crítico de extinción como el porrón pardo o la cerceta pardilla.
El buen comportamiento de las Tablas de Daimiel con estas lluvias muestra cómo los humedales tienen capacidad de recuperación si se les da una oportunidad.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































