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Es el cambio climático, no los pirómanos: hoy hay casi 12 días más al año de riesgo meteorológico extremo de incendios

Un estudio en ‘Science Advances’ muestra la vinculación del calentamiento planetario con el aumento del peligro de fuego en comparación con 1980

Masas forestales arrasadas por el fuego a las afueras de Palacios de Jamuz, León, este verano. PACO PUENTES

Aunque en España hay políticos que cada vez que suceden grandes fuegos forestales los achacan a los pirómanos, los incendiarios no pueden explicar el aumento de días de riesgo meteorológico extremo de incendios. Un estudio publicado este miércoles en Science Advances muestra que lo que sí está detrás es la huella del cambio climático.

Resulta complejo analizar la evolución de los fuegos a partir de indicadores como las hectáreas ardidas, pues si bien las estadísticas no muestran una tendencia de aumento de la superficie quemada, sin duda en esto influye que los medios para apagarlos sean hoy muy superiores a los del pasado. En lo que hay menos dudas para la comunidad científica es en el incremento del peligro meteorológico de incendios forestales. “Se sabe que en casi todo el globo hay un aumento de los días con condiciones meteorológicas extremas para el fuego y ahora nuestro estudio muestra que este aumento no se explica únicamente por la variabilidad natural y es consistente con la influencia humana sobre el clima, es decir, por las emisiones humanas generadas por los combustibles fósiles”, incide Marco Turco, investigador del departamento de Física de la Universidad de Murcia y autor principal de la investigación.

El índice meteorológico de riesgo de incendios (Fire Weather Index) es un indicador, aparecido originariamente en Canadá, que evalúa el peligro de fuegos forestales a través de cuatro parámetros: la temperatura, la humedad relativa, las precipitaciones y el viento. Como detalla Turco, para que se produzca un gran incendio hace falta que haya una ignición inicial y una continuidad forestal, pero también resultan determinantes las condiciones meteorológicas. “Si uno quiere prender fuego en el monte en un día de lluvia, por mucho que se esfuerce, no lo va a conseguir”, explica este investigador italiano. “Pero si surgen unas llamas en un día de verano como los del pasado agosto, con una fuerte ola de calor en gran parte de España, es mucho más fácil que el fuego se convierta en algo grande”, comenta.

Para estudiar la vinculación de este mayor riesgo de incendios con el calentamiento del planeta, los investigadores empezaron hace tres años calculando el número de días de peligro meteorológico extremo en todo el mundo, que son aquellos que superan el percentil 95 (es decir, que están dentro del 5% de los valores más altos de la serie histórica). Este análisis requiere grandes volúmenes de datos meteorológicos —para las variables de temperatura, humedad relativa, precipitación y viento— para todo el planeta, algo especialmente complejo en regiones con pocos registros. No obstante, en junio del año pasado publicaron ya esta parte de los resultados.

Su primera conclusión es que el mundo sufre hoy un 65% más de días con riesgo meteorológico extremo de incendios que en 1980, lo que supone casi 12 días más al año que entonces. Cada década que pasa, se suman 2,65 días anuales extra de máximo peligro de incendios.

Para entender hasta qué punto las condiciones meteorológicas resultan relevantes, este mismo equipo de investigación de la Universidad de Murcia ha calculado que el mes de agosto de 2025, en el que se registró uno de los datos más catastróficos de hectáreas quemadas en España, tenía el índice de riesgo meteorológico de incendios más alto en el país de todo el periodo estudiado desde 1985. “Aunque esto por sí solo no puede causar todo lo ocurrido, pues no habría pasado sin un comienzo de los fuegos y sin grandes extensiones continuas de masas forestales, sí que resultó esencial”, recalca Turco.

La novedad ahora, en el estudio que publica Science Advances, es que los investigadores han podido demostrar que detrás de este aumento del peligro por las condiciones meteorológicas está también el cambio climático.

Esto resulta complejo por la gran variabilidad del clima. ¿Cómo se puede determinar que el que haya ahora más días de riesgo meteorológico extremo se debe al calentamiento del planeta y no a los vaivenes normales del tiempo? Tras cuantificar el aumento de días de mayor peligro en el mundo —lo que ocurre por todos lados, salvo en la India y otros lugares del sureste asiático—, los científicos utilizan una metodología denominada análisis de huella climática para desarrollar dos simulaciones diferentes: una que reproduce el calentamiento actual del planeta y otra en la que se eliminan los efectos de las emisiones de efecto invernadero, en la que ya solo interviene la variabilidad climática natural. De esta forma, la investigación demuestra que solo con esta variabilidad natural no se produce el aumento de días de riesgo extremo de incendio. Este aumento solo aparece cuando se incluye el cambio climático asociado a las emisiones humanas.

Dado que la generación de estos gases de efecto invernadero no se reduce, por lo que siguen acumulándose en la atmósfera, también es previsible que el peligro meteorológico de incendios vaya a más en la mayor parte del mundo, particularmente en regiones como el Mediterráneo. “El estudio muestra la necesidad de trabajar en mitigación y adaptación al cambio climático”, destaca el investigador de la Universidad de Murcia. “Lo primero es la mitigación, la reducción de las emisiones, que aparte de reducir el riesgo de los fuegos puede tener otros muchos beneficios. Y luego hace falta adaptarse”, incide.

Como destaca, “el impacto de los fuegos no tiene que ver solo con el clima, una de las formas de adaptarse es actuar sobre el combustible disponible en el territorio [las masas forestales]”. “Aparte del peligro por las condiciones climáticas, el riesgo depende también de la exposición y la vulnerabilidad”, señala Turco. “Por eso hay que poner énfasis en actuar allí donde estamos más expuestos y somos más vulnerables, la interfaz urbana forestal [las zonas de contacto entre áreas forestales y urbanizadas]”.

En España, la gran mayoría de los incendios tienen detrás una causa humana, ya sea de forma intencionada o accidental. Sin embargo, como señala el investigador, “para que se produzcan grandes incendios no basta con una ignición”, explica Turco. “También tienen que darse condiciones meteorológicas y de combustible que permitan que el fuego se propague. Nuestro estudio muestra que esas condiciones meteorológicas extremas son hoy más frecuentes debido al cambio climático causado por las emisiones humanas”.

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