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De Cajal a Dalí y Lorca: los dibujos que revelaron la sustancia de la mente humana e inspiraron el surrealismo español

Santiago Ramón y Cajal, descubridor de las neuronas en 1888, tuvo un impacto decisivo en el pintor Salvador Dalí y el poeta Federico García Lorca, según destaca un nuevo documental

Federico García Lorca, en el laboratorio de Pío del Río Hortega en la Residencia de Estudiantes, hacia 1923.Archivo Residencia de Estudiantes

Un antiguo aprendiz de zapatero, obligado a garrotazos por su padre a estudiar Medicina, se asomó en 1888 a un mundo diminuto que muy pocos habían contemplado y en el que nadie había visto lo que él vio. Santiago Ramón y Cajal, armado con un microscopio y cerebelos de pollo, descubrió que el sistema nervioso ―la sustancia del pensamiento― estaba compuesto por células independientes, que se comunicaban entre sí por besos. El investigador, de 35 años, pudo aplicar entonces la que fue su auténtica pasión de niño: la pintura. Dibujó aquellos asombrosos bosques de neuronas, con trazos intrincados y estilizados, y acabó ganando el Premio Nobel de Medicina en 1906. Un nuevo documental recuerda ahora que el científico hizo algo más. “Conscientemente o no, Cajal es una piedra fundacional de nuestro surrealismo”, proclama en la película el historiador del arte Jaime Brihuega.

La vida del científico es inverosímil, como relató él mismo en sus memorias. Nació en 1852 en un “villorrio triste y humilde”, Petilla de Aragón, en una familia de labradores. Desde niño, Cajal cogía un lápiz, como si fuera una “varita mágica”, y dibujaba a escondidas otros mundos, con héroes griegos, paisajes apocalípticos y guerras con catapultas. Su padre, que había aprendido el oficio de cirujano barbero, aborrecía esa afición a la pintura, que consideraba propia de gandules. Cajal, tras constantes palizas paternas, acabó estudiando Medicina en Zaragoza y, ya catedrático en Barcelona, descubrió la individualidad de las células del cerebro, las “mariposas del alma”. El documental Ramón y Cajal: dibujos en la retina, que se estrena en cines el 9 de abril, sigue los pasos del nobel por España e intenta responder a una pregunta: ¿Cómo se forman las imágenes en el cerebro?

Es difícil exagerar el impacto de Cajal en la ciencia. “Los historiadores lo sitúan junto a Darwin y Pasteur por ser uno de los más grandes biólogos del siglo XIX, y entre Copérnico, Galileo y Newton por ser uno de los más grandes científicos de todos los tiempos”, afirma uno de sus biógrafos, el estadounidense Benjamin Ehrlich, en El cerebro en busca de sí mismo (editorial Ladera Norte). El nuevo documental subraya que Cajal viajó a Suecia para recoger el Nobel en diciembre de 1906. Nada más regresar, en enero de 1907, se puso al frente de una nueva institución, la Junta de Ampliación de Estudios, creada para promover la investigación científica en España. Una de sus primeras medidas fue el levantamiento de la Residencia de Estudiantes, en Madrid. Allí coincidieron, entre 1922 y 1925, el poeta Federico García Lorca y el pintor Salvador Dalí.

Jaime Brihuega, profesor emérito de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, destaca aquel “triángulo sensacional” formado por Cajal, Lorca y Dalí, “porque de ahí surge, ni más ni menos, el nacimiento del surrealismo español”. El documental, dirigido por Luis Gómez Juanes, confronta dos dibujos aparentemente hermanados, uno de una neurona humana pintada por Cajal en 1899 y otro que parece del mismo autor, pero fue ejecutado por Lorca en 1927, en los albores del surrealismo. “Tanto Dalí como Lorca empiezan a utilizar en sus dibujos una serie de elementos radiculares. Todo ello lo ven en los dibujos de Cajal”, explica Brihuega.

En la Residencia de Estudiantes convivían el arte y la ciencia. Allí tenía su laboratorio Pío del Río Hortega, discípulo de Cajal. Entre los dos descubrieron tres de los cuatro tipos fundamentales de células del cerebro. Si Cajal describió por primera vez las neuronas en 1888, y el anatomista húngaro Mihály Lenhossék acuñó en 1895 la palabra astrocito, para referirse a otras células estrelladas que actuaban como soporte, Del Río Hortega identificó alrededor de 1919 la microglía, encargada de limpiar los desechos del sistema nervioso; y también los oligodendrocitos, una especie de capa aislante de los cables de las neuronas. Una fotografía anónima, tomada en torno a 1923, muestra a Lorca en el laboratorio de Pío del Río Hortega, mirando por un microscopio. “No tiene madera de histólogo quien, después de saturarse de emoción ante un cuadro microscópico perfecto, no busque a alguien con sensibilidad gemela de la suya para mostrárselo”, escribió Del Río Hortega.

Cajal, medio siglo más viejo, no era amigo ni del pintor ni del poeta, pero su influencia estaba por todas partes. Otro de los habitantes de la Residencia era el futuro cineasta Luis Buñuel, que entonces estudiaba Ciencias Naturales y había diseccionado córneas de mosca para el científico. Como recuerda Benjamin Ehrlich en su biografía del nobel, Buñuel y Dalí presentaron en 1929 su cortometraje Un perro andaluz, un icono del surrealismo que comienza con una escena en la que un hombre mutila con una cuchilla de afeitar el ojo de una mujer. “Una de las imágenes más imborrables de la historia del cine evoca el seccionamiento de la córnea de una mosca en un laboratorio de Cajal”, en palabras de Ehrlich.

El nobel, sin embargo, detestaba lo que hacían aquellos jóvenes artistas, como “las idioteces deliberadas de Picasso”. En su libro El mundo visto a los ochenta años, publicado en 1934, Cajal dedica un capítulo entero a “la degeneración” de las artes. “Durante estos últimos veinticinco años nos han invadido los bárbaros, nacidos casi todos en Francia, Alemania, Holanda y Escandinavia. Menospreciando las enseñanzas acumuladas por 2.000 años de tanteos y progresos, han tratado de envilecer nuestros museos y exposiciones con los engendros más disparatados e insinceros”, lamentaba el científico. A su juicio, aquellas obras realizadas de manera “esquemática y pueril” eran “esperpentos”.

Brihuega reflexiona en el documental sobre esta paradoja. “Cajal renegó de una manera feroz, pero el tema de las neuronas como la base donde está escondido todo aquello que el surrealismo quería resucitar, formalmente, se transforma en algo fundamental. Y ese mundo oculto, esas trastiendas de la consciencia, son las que el surrealismo quería abrir y sacar”, sostiene. Un poeta francés, Louis Aragon, dio una charla el 18 de abril de 1925 en la Residencia de Estudiantes, donde presentó el movimiento surrealista, que ya llevaba un año impulsando lo irracional y lo onírico en Francia.

Una exposición en la Universidad de Zaragoza, comisariada por el propio Brihuega, ya evidenció en 2015 los vínculos visuales entre los dibujos de Cajal y las obras de Lorca y Dalí. El pintor publicó en 1927 un texto que demostraba su conocimiento del microscopio: “Acerqué mi ojo a la lente [...]. Cada gota de agua, un número. Cada gota de sangre, una geometría”. Sus dibujos Decapitación de los inocentes y El asno con números se asemejan a estructuras del sistema nervioso. Y un óleo pintado por Dalí a los 24 años, Carne de gallina inaugural (1928), incluye directamente un cuerpo humano con sus nervios al descubierto, con letras como las que usaba Cajal en sus dibujos neurológicos. El propio Lorca bautizó el estilo como “estética fisiológica”.

El documental Ramón y Cajal: dibujos en la retina se une a una avalancha de proyectos realizados con motivo del Año Cajal, declarado por el Gobierno español para homenajear al nobel. Libros como Descubriendo a Cajal (GeoPlaneta), de Belén Yuste y Sonnia Rivas-Caballero; Cajal y la emoción de los libros (CSIC), de José Manuel Sánchez Ron; Cajal y Madrid (Ediciones Cinca), de Javier Sanz; y Santiago Ramón y Cajal. El hombre, el científico, el intelectual (Universidad de Zaragoza), de Alberto Jiménez Schuhmacher y José María Serrano, han relatado diferentes facetas del padre de la neurociencia. La serie documental Tesoros y fantasmas de la ciencia española, de los hermanos Juan y Paco Pimentel, también ha dedicado un capítulo al nobel español.

El Año Cajal, finalizado el 31 de mayo de 2025, iba a culminar con la apertura de “un museo dedicado al funcionamiento del cerebro”, según anunció el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en octubre de 2022. El Ministerio de Ciencia propuso ubicarlo en la antigua Facultad de Medicina de Madrid, un caserón de 1834 en la calle Atocha en el que Cajal concibió su obra cumbre: Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados, considerada El Quijote de la ciencia. Casi un año después del fin del Año Cajal, los dibujos que iluminaron el cerebro humano e inspiraron el surrealismo español esperan a que el museo prometido se haga realidad.

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