Más de un millón de personas en España toman cada día un tratamiento contra el infarto que no sirve para nada
Un ensayo en un centenar de hospitales demuestra que los betabloqueantes, recetados desde hace 40 años, no aportan beneficios a la mayoría de supervivientes de un ataque al corazón e incluso pueden ser perjudiciales para las mujeres


Millones de personas en el mundo están tomando cada día un fármaco con efectos secundarios sin necesitarlo, según revela este sábado una investigación realizada por más de un centenar de hospitales en España e Italia, sin participación de la industria farmacéutica. Un ensayo clínico, con 8.500 voluntarios, ha demostrado que los betabloqueantes ―unos medicamentos que desde hace 40 años se recetan de por vida tras un infarto― no aportan ningún beneficio a la mayoría de esos pacientes e incluso pueden ser perjudiciales para las mujeres. Uno de los líderes del trabajo, el cardiólogo Borja Ibáñez, calcula que en España puede haber 1,2 millones de personas tomando cada día betabloqueantes de manera totalmente inútil, arriesgándose a sufrir sus efectos secundarios, como fatiga, ritmo cardiaco lento y la disminución del deseo sexual. El científico, del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), resume sus resultados de manera gráfica: “Es una bomba”.
Ibáñez, nacido en Madrid hace 50 años, presume de una característica infrecuente en la vanguardia de la medicina: “Yo no tengo ninguna relación con la industria, tengo absolutamente cero”. Ni siquiera acepta invitaciones a comidas o congresos médicos, típicas en el sector. Esa falta de conflictos de interés hizo que la Sociedad Europea de Cardiología lo seleccionara en 2014 para elaborar su guía de tratamiento del infarto de miocardio, un problema que cada año afecta a dos millones de personas en el continente, 70.000 de ellas en España. Ibáñez recuerda que se topó con una total ausencia de pruebas actuales de la eficacia de los betabloqueantes en los casos de infarto no complicado, pese a que se recetaban de manera masiva a millones de personas por sistema. Lo comentó con el director del CNIC, el cardiólogo Valentín Fuster, que tenía la misma sensación, y decidieron iniciar un ambicioso ensayo clínico, al margen de la industria, para averiguar si los fármacos funcionaban o no. Sus resultados se han presentado este sábado en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología, en Madrid.
Más de un centenar de hospitales acudieron a la llamada, con 8.500 pacientes que habían sufrido un infarto, con diferentes grados de gravedad. El ataque al corazón ocurre cuando el flujo de sangre con oxígeno se obstruye y no llega a una parte del músculo cardiaco, cuyas células empiezan a morir. Ibáñez subraya que la mayoría de las personas, el 70%, sobrevive al infarto con la capacidad de bombeo del corazón conservada. En un 20% de los casos, la actividad contráctil está moderadamente reducida. Y en el 10% restante la disfunción es evidente. El ensayo clínico incluyó pacientes de los dos primeros grupos. En ese 20% con afectación intermedia, sí se apreció un posible efecto positivo. Pero en el grupo mayoritario con infarto no complicado los betabloqueantes no sirvieron para nada. Fuster, que también preside el Hospital Cardiaco Monte Sinaí Fuster de Nueva York, alerta de que hay “millones de personas” en todo el mundo tomando estos fármacos sin necesidad. “Yo en los últimos 10 años no he utilizado betabloqueantes en pacientes con infarto no complicado, pero he tenido muchos debates con otros compañeros, había controversia. Ahora tenemos datos exactos”, proclama el cardiólogo.
Los resultados del ensayo son especialmente sorprendentes y preocupantes en las mujeres. Las pacientes que tomaron betabloqueantes tras un infarto no complicado tuvieron un 45% más de riesgo de morir, tener otro ataque al corazón o ingresar en un hospital por insuficiencia cardiaca que las que no tomaron los fármacos. Es un riesgo relativo alto, pero el riesgo absoluto sigue siendo bajo. En el grupo de mujeres sin betabloqueantes, se registraron unos dos casos de muerte, reinfarto o ingreso hospitalario por cada 100 pacientes al año, frente a los aproximadamente tres en el subconjunto tratado con estos medicamentos. En el ensayo participaron más de 1.600 voluntarias, una cifra que Ibáñez considera suficiente para sacar conclusiones. “Estos resultados hay que tomarlos en serio”, advierte. Por cada 100 mujeres tratadas hay un desenlace de muerte, reinfarto u hospitalización atribuible a los betabloqueantes cada año.
El ensayo, bautizado REBOOT, ha servido también para confirmar que las mujeres que sufren un infarto tienen “un perfil de mayor riesgo cardiovascular” que los hombres en su misma situación. Las pacientes, en general, tienen una edad mayor y más problemas de salud simultáneos, como hipertensión, diabetes y colesterol. Su pronóstico también es peor. La mortalidad de las mujeres durante los cuatro años de seguimiento promedio fue del 4,3%, frente al 3,6% en los hombres. Los resultados se publican este sábado en tres importantes revistas médicas: The New England Journal of Medicine, The Lancet y el European Heart Journal.
Los betabloqueantes son fármacos de la década de 1970 ya libres de patentes, como el metoprolol, vinculado históricamente a la farmacéutica AstraZeneca, y el bisoprolol, desarrollado por Merck. Son medicamentos muy baratos (cuatro euros una caja de 40 comprimidos) y seguros, y se usan para tratar la hipertensión, la insuficiencia cardiaca, la angina de pecho, las arritmias y otros problemas cardiovasculares. El nuevo ensayo se limita a descartar su utilidad en los casos de infarto no complicado. Ibáñez aclara que los betabloqueantes sí fueron útiles en un principio, pero dejaron de serlo alrededor de 2005, cuando se generalizó la práctica de implantar stents coronarios, una especie de tubito de malla que impide la obstrucción de las arterias tras un infarto.
El centenar de hospitales de España e Italia ha participado de manera altruista, sin ninguna compensación económica, bajo la coordinación del CNIC y el Instituto Mario Negri de Milán. Sus conclusiones servirán para cambiar las guías internacionales de manejo del infarto. Eliminar los betabloqueantes permitirá además recetar otros fármacos que eran incompatibles y pueden tener beneficios contra la hipertensión. “Va a ser brutal, millones de personas a partir de este sábado van a recibir un tratamiento totalmente diferente”, afirma Ibáñez.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Sobre la firma
