‘Hangar rojo’, la película chilena que aborda el dilema entre la obediencia y la conciencia en medio del golpe de Estado de Pinochet
El filme, estrenado en el festival de Berlín y que recibió cuatro premios en Málaga, narra la tensión que vive un capitán de la Fuerza Aérea cuando recibe la orden de colaborar en la instalación de un centro de detención y tortura. Llegará a los cines de Chile en octubre

El protagonista de la película es un dilema universal: el conflicto entre el deber y la obediencia frente a la ética y hacer el bien. Todo encarnado en la figura del capitán de la Fuerza Aérea de Chile (Fach) Jorge Silva, en medio del golpe de Estado de 1973 y la instauración de la maquinaria represiva. Es el argumento de la película Hangar rojo, estrenada universalmente en la Berlinale, en febrero, y que logró cuatro premios en el festival de Málaga, en marzo pasado. El filme, del director Juan Pablo Sallato (Santiago de Chile, 1978), es una mirada intimista de lo vivido en las primeras horas de la dictadura de Augusto Pinochet, basado en el libro Disparen a la bandada (2002), de Fernando Villagrán.
La película, una coproducción chileno-argentina-italiana basada en hechos reales, narra la tensión que vive Silva, un paracaidista, antiguo oficial de inteligencia y a cargo de la logística de la Escuela de Especialidades de la Fach, cuando recibe la orden de colaborar en la instalación de un centro de detención y tortura en el recinto donde trabaja, y participar en el interrogatorio de algunos de los detenidos. El capitán (interpretado por Nicolás Zárate), se bate entre las órdenes dadas por el terrorífico coronel Jahn (encarnado por Marcial Tagle) y su conciencia.

Por ese lugar de detención, bautizado como el ‘Hangar rojo’, pasó el propio Fernando Villagrán tras ser detenido con su amigo, Felipe Agüero. Silva tiene que interrogarlos y más tarde trasladarlos hasta el Estadio Nacional, convertido en lugar de confinamiento de los partidarios del derrocado Gobierno de Salvador Allende.
La obra, que está siendo exhibida en un largo periplo de festivales y muestras por el mundo y que será estrenada en Chile recién en octubre, es íntegramente en blanco y negro, entre otras razones para acentuar los grises que tienen las personas, como explica a EL PAÍS Juan Pablo Sallato. “El claroscuro y este mundo de grises, era una analogía visual perfecta para este conflicto que queremos tratar en el personaje” de Silva.
Tanto en Berlín, donde la película fue presentada en la sección ‘Perspectives’, como en Málaga, en que logró el público EL PAÍS y Zárate ganó la Biznaga de plata a la mejor interpretación masculina, el público le comentó a Sallato la vigencia de las dudas que plantea Hangar rojo. “Con el nivel de violencia que hay hoy en mundo (…) volvemos a repetir una y otra vez la importancia de las responsabilidades individuales”, asegura.
Fue filmada en apenas tres semanas en Mendoza, Argentina, ante la negativa de la Fuerza Aérea de Chile a colaborar con la producción, posiblemente una muestra de que los hechos del pasado no han sido superados y que las instituciones aún se niegan a reconocer la memoria histórica. En la elaboración de la película y de su guion, escrito por Luis Emilio Guzmán, ayudaron tanto Villagrán como el mismo Silva, quien falleció en Londres, en agosto de 2024, apenas dos meses antes de que comenzara las grabaciones.
El personaje central de la trama de 82 minutos es el capitán de la Fach que lucha por mantenerse dentro de unos márgenes sin mancharse las manos de sangre. “No veo a Jorge Silva como héroe clásico, pero en lo macro, en el contexto histórico y, finalmente, donde se sitúa, lo que hace él sí tiene un valor enorme, que es poner su conciencia, su ética y su moral por sobre la institución, por sobre el deber ser. Ese fue el corazón que siempre me movió de la película”, afirma Juan Pablo Sallato, codirector del documental Ojos rojos (2010).

Silva no quiere manchar su impecable carrera militar ni enfrentarse a su mando, pero también teme por su integridad y por la seguridad de su esposa, Rosa, una profesora universitaria. Finalmente toma una decisión que cambió su vida y que lo convirtió en objetivo y víctima de sus propios compañeros de armas.
Pese al oscurantismo y la tensión que rodea el filme, deja un sabor a optimismo. Sallato recuerda el día que, en medio de la preparación de la película, almorzó con Villagrán y Agüero: “Verlos a los dos comiendo y ver que pudieron continuar con sus vidas (…) gracias a ese gesto [de parte de Jorge Silva] que puede parecer mínimo, pero que es un gesto de valentía enorme, te da esperanza”.
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