El ‘sparring’ en la lona
La selección chilena fue humillada en Nueva Zelanda, sus nuevos referentes no aparecen y el futuro es incierto. Quedar fuera de la Copa del Mundo tiene sus costos y la única apuesta es a un eventual retorno de Manuel Pellegrini, actualmente en el Betis

Chile no va al mundial, se convirtió en sparring de selecciones que sí lo lograron y cae lastimosamente en busca de conseguir una nueva identidad.
El doloroso golpe lo propinó Nueva Zelanda, ya inscrita en la Copa del Mundo a la cual asistirá por tercera vez, sin haber ganado en sus incursiones previas. Es el primer partido que los All Whites le ganan a Chile en la historia y su primera victoria contra una selección sudamericana en 20 intentos. Venía con una pésima racha de ocho pleitos sin ganar y con varias ausencias importantes en su formación.
Más duele la caída porque La Roja sólo registraba dos derrotas ante rivales tan mal ubicados en el ranking, y ambos por clasificatorias. Venezuela, 110 en el mundo en el 2001 y Bolivia, 89 el 2024, manchaban su registro. Y, a diferencia del rival, traía una racha débil, pero efectiva, de cuatro victorias al hilo en amistosos con Nicolás Córdova en el banco: dos veces a Perú, Rusia y Cabo Verde, otro equipo clasificado al Mundial pero que sufrió una temprana expulsión y cometió errores infantiles en defensa. Avalado con esas escuálidas cifras, saltó a la cancha en Auckland para sufrir un humillante 4 a 1, la segunda derrota más contundente contra una escuadra no europea o sudamericana en la historia, sólo superada por el 4 a 0 ante Japón en el 2009, en el período de experimentación de Marcelo Bielsa.
Los números son calamitosos, pero también lo es el análisis futbolístico. El equipo de Córdova no encuentra una identidad definida, aunque recuperó el gol, un factor perdido en las últimas eliminatorias. Entendiendo que se requería una renovación total de las convocatorias, apostó por un grupo de jóvenes que, a diferencia de la generación dorada que ganó dos Copa América, no marcó diferencia en los torneos menores. Los fracasos constantes de La Roja en los sudamericanos y el pobre nivel de la competencia local conspiran contra la búsqueda de recambios.
Además, las nuevas “joyas” por las que se apuesta han estado lejos de un verdadero nivel competitivo, tanto en la selección como en sus clubes. Lucas Assadi deambula entre lesiones y lagunas futbolísticas en la Universidad de Chile; Lucas Cepeda, la figura más desequilibrante de Colo Colo el torneo pasado, es suplente en el Elche y Darío Osorio, que promete en el Midtjylland de Dinamarca, se desmorona cuando actúa por La Roja. Frente a Nueva Zelanda fue expulsado tempranamente.
No hay una figura gravitante que pueda salvarlos del naufragio y la táctica tampoco ayuda. Por delante hay nuevos amistosos ante cuadros mundialistas -como Portugal en junio- y una definición que tarda. Enfrentada a una nueva legislación, la dirigencia deberá obligadamente elegir una orgánica para la Federación, separada de la Liga, lo que ha sido resistido por años ante el temor de perder los fondos provenientes de los derechos televisivos de la selección y los dineros de la FIFA y Conmebol.
La apuesta es que, con nueva directiva, una Federación autónoma y la llegada de Manuel Pellegrini desde el Betis de España para cerrar su ciclo las cosas mejoren, pero las señales no son nítidas ni alentadoras. El proceso es lento y el interinado de Nicolás Córdova, resistido por el público y en conflicto con la prensa (casi no declara si no es por obligación y en el extranjero) tienen el futuro en el limbo.
Condenado a ser sparring, Chile recibe demasiados golpes. Y ahora está en la lona, con problemas para levantarse.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.







































