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De qué trata ‘El fin del Homo sovieticus’, uno de los libros favoritos del presidente Boric

La obra de la bielorrusa Svetlana Aleksiévich es uno de los mejores títulos que el mandatario ha leído en su vida, según confesó en su reciente entrevista con EL PAÍS. Es un relato coral de cómo los antiguos habitantes de la URSS —incluida la autora— vieron la disolución de la realidad que habían conocido

Gabriel Boric en Valparaíso (Chile), el 8 de enero.

Tenía tres años para la caída del Muro de Berlín y cinco para la disolución de la Unión Soviética. Sin embargo, el presidente de Chile, Gabriel Boric, de 39 años, que entregará el mando el próximo 11 de marzo, confesó en su reciente entrevista con EL PAÍS que uno de los mejores libros que ha leído en su vida es El fin del ‘Homo Sovieticus’, de la bielorrusa Svetlana Aleksiévich. En octubre, en el primero de los tres encuentros que sostuvo con este periódico, lo acababa de terminar y lo tenía todo rayado tenía encima de su escritorio en el Palacio de La Moneda.

“De lo más desgarrador que he leído en mi vida. Una dimensión del dolor humano que la que yo no tenía consciencia. Y te ayuda a tener perspectiva de cuáles son nuestros problemas. Y ahí lo inevitable es preguntarse: ¿son comparables los dolores? No te hablan de la Batalla de Stalingrado desde la perspectiva de [el mariscal Georgui] Zhúkov, son pequeñas historias cotidianas que constituyen un país. Mientras leía me imaginaba cuáles eran las chilenas. De lo mejor que he leído en mi vida", aseguró el presidente.

El fin del ‘Homo Sovieticus’, fue publicado en 2013, dos años antes de que la escritora bielorrusa recibiera en Nobel de Literatura. Aleksiévich, de 77 años, quien escribe en ruso y actualmente vive en el exilio, en Berlín, por ser opositora del régimen de Aleksandr Lukashenko, compuso este libro, como lo ha hecho en todos sus títulos, rescatando las voces de los ciudadanos soviéticos o postsoviéticos de una manera coral. No escribe ficción, sino que sus textos usan técnicas del periodismo —carrera que estudió en la Universidad de Minsk؅— para plasmar las experiencias de aquellas personas que vivieron las guerras, la tragedia de Chernóbil y la caída de la patria soviética.

“En 70 y pocos años, el laboratorio del marxismo-leninismo creó un singular tipo de hombre: el Homo sovieticus”, escribe Aleksiévich en el prólogo del libro encumbrado por Boric, donde la autora asegura que “intenta escuchar honestamente a todos los participantes del drama socialista”. Agrega: “Tengo la impresión de conocer bien a ese género de hombre. Hemos pasado muchos años viviendo juntos, codo con codo. Ese hombre soy yo. Son mis conocidos, mis amigos, mis padres”. Aclara que a la categoría de Homo sovieticus no solo pertenecen los rusos, sino también los bielorrusos, los turkmenos, los ucranianos y los kazajos. Ahora viven en “Estados distintos” y hablan “lenguas distintas”, pero siguen siendo “inconfundibles”.

“Mi padre solía recordar que su fe en el comunismo surgió a raíz del vuelo [al espacio] de Yuri Gagarin. (…) Y en esa fe nos educaron él y mamá. (…) La desilusión me llegaría más tarde”, destaca. Divide a los soviéticos en cuatro generaciones: los de Stalin, los de Jruschov, los de Breznev y los de Gorbachov. “Yo pertenezco a esta última. A nosotros nos resultó más fácil asistir al desplome de las ideas comunistas”, relata. Con el fin de la URSS, en 1991 “creíamos que la libertad llegaría en unas horas. Que despertaríamos libres a la mañana siguiente”, dice. “¡Felices tiempos aquellos!”, afirma con nostalgia y pesadumbre.

El fin del ‘Homo sovieticus’ vino de alguna manera a completar la obra de Svetlana Aleksiévich, según el crítico literario Roberto Careaga. En este título le da voz “a personas que creían en el ideario comunista, que participaron de él desde oficinas e incluso desde centros de detención, que crecieron amando al camarada Stalin; pero también a prisioneros que fueron catalogados como enemigos del pueblo, a niñas que nacieron en campos de trabajo y algunos que jamás fueron tan felices como en los 90, en los brazos del capitalismo”, dice a EL PAÍS. A todos ellos —explica Careaga— los dejó hablar, contar sus secretos y dar rienda suelta a su decepción y perplejidad. “Es el réquiem de una civilización. No sé si existe un libro más ilustrativo para entender la experiencia soviética. Pocos más desoladores”, sentencia.

Pero en una entrevista con EL PAÍS en noviembre pasado, Svetlana Aleksiévich reconoció que se apuró demasiado. “Lo enterré demasiado pronto, porque el Homo sovieticus no ha muerto, sino que está en el Kremlin y combate y dispara en Ucrania”, dijo en referencia a la guerra que Vladímir Putin inició en febrero de 2022 en contra del país vecino y que aún continúa. El mismo Boric ha sido un enconado crítico de la invasión rusa y de la defensa de la integridad del territorio ucraniano.

El escritor y diplomático chileno José Rodríguez Elizondo aplaude la lectura de Boric. “Teóricamente El fin del ‘Homo sovieticus’ ayuda a pasar del utopismo totalitario —en este caso el soviético— al realismo de andar por casa. Ese de quienes no se cortan las venas por estar en ‘el lado correcto de la historia”, dice a EL PAÍS. Sugiere a los lectores complementar esa lectura con Vida y destino, de Vasily Grossman, y la última novela de Leonardo Padura, Morir en la arena, “que es su equivalente cubano y contemporáneo”. Advierte eso sí que “que libros de este tipo suelen ser voluntaristamente olvidados por quienes optan por ‘el buenismo de la consecuencia’, para no alejarse de la manada”. Y cita el epígrafe —de Friedrich Steppuhn— que Aleksiévich usó en su libro: “Los verdaderos responsables del triunfo del mal no son sus ciegos ejecutores, sino los clarividentes espíritus que sirven al bien”.

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