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La punta de la lengua
Columna

“Aviador”, qué sorpresa

Esta palabra ha adelantado de repente a la opción “piloto” en casi todos los periódicos españoles a la vez. ¿Por qué?

Frank Stanton y su perro junto al biplano del aviador, hacia 1900.Buyenlarge / GETTY IMAGES

Muchos lectores se habrán sorprendido al observar días pasados la repentina revitalización del sustantivo “aviador” en casi todos los diarios españoles, a causa de las vicisitudes que sufrieron dos militares estadounidenses en Irán. Compruebo ese resurgimiento con búsquedas en bancos de datos, en periódicos digitales y a través de Google; y también verifico que, como sospechaba, hasta hace poco sus apariciones en la prensa eran mínimas, incluso si se informaba de accidentes de aviones militares: jamás iba dentro un aviador.

El libro Palabras moribundas (Taurus, 2011), que firmamos la filóloga Pilar García Mouton y un columnista de ustedes, consideraba que ese término había entrado en desuso para las referencias actuales. Podía llamarse “aviador”, con cierta connotación romántica, a un piloto de la II Guerra Mundial, a un pionero de los aeroplanos, a los tipos intrépidos que se ponían gafas de mosca y vestían traje de cuero y gorro con orejeras. Pero nadie se habrá referido nunca así a un comandante de Iberia, aun siendo este técnica y lingüísticamente un aviador.

El corpus de la Academia documenta el primer uso de la palabra el 27 de diciembre de 1910, en dos noticias de un mismo diario, El Universal: “el aviador Loxsey” establecía el récord mundial en 3.474 metros de altura, y un incendio destruía el cobertizo de Douvres (Francia) donde “el aviador Graham White” tenía recogido su nuevo avión.

La palabra llegaría al Diccionario académico en 1914, y se incorporó adaptada al español a partir del francés aviateur. Su definición básica sigue viva aún, y señala a la persona “que gobierna un aparato de aviación, especialmente si está provista de licencia para ello”. La segunda acepción, añadida en 1947, se ajusta como un zapato al caso que comentamos: “Individuo que presta servicio en la Aviación militar”. Pero ambos usos de “aviador” –el civil y el castrense– fueron cayendo en picado, con perdón, a partir de 1975, como refleja la gráfica de Ngram Google Libros.

¿Y por qué de pronto resurge este vocablo ahora? Busco en la prensa norte­americana cómo se habían referido en ella a los dos pilotos rescatados en Irán, y encuentro ahí la explicación. Los llamaron aviators (y no pilots). Me malicio entonces que nuestros diarios, lejos de haber recuperado, en un rasgo de estilo, una vieja palabra del español como podían interpretar en principio los bienintencionados lectores, han clonado la que habían visto poco antes en inglés.

En Estados Unidos, aviator se utilizaba ya para los pilotos de dirigibles; después, para los pioneros del vuelo con alas, y luego ya pasó a la aviación militar, donde todavía hoy el naval aviator es el título específico que se obtiene al completar la instrucción de vuelo en la Armada. En el Reino Unido, sin embargo, predomina el término pilot, si bien aviator está en uso pero con cierta connotación heroica.

Consulto a dos periodistas norteamericanos residentes en España y me cuentan que aviator funciona en su país de origen como sinónimo elegante de “piloto militar”, ya se trate de un personaje histórico o de un combatiente contemporáneo; y que los propios ejércitos se toman muy en serio el prestigio que implica esa palabra, propiciado y reforzado por las connotaciones que sembró en ella el cine de Hollywood. Sin embargo, el término no se emplea nunca en la aviación civil, donde predominan (como en España) pilot (piloto) y captain (para nosotros, comandante). En ese sector los aviadores no se llaman aviadores.

Con todo y eso, podemos alegrarnos, los lectores bienintencioandos y yo, por esta recuperación de “aviador” en castellano como “piloto militar”, aunque el proceso que la ha traído a la luz nos haga recordar, por analogía, aquella genial viñeta de El Roto (publicada en EL PAÍS el 25 de octubre de 2018) en la que uno de sus oscuros personajes decía: “El español es un idioma vivo que sigue creando palabras nuevas. Pero en inglés, naturalmente”.

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