La banda sonora de Mandy, Indiana para un mundo en llamas
Con su segundo disco, ‘Urgh’, la banda ofrece un amasijo sónico que contiene punk, tecno duro y ritmos epilépticos


Existen, y son necesarios, los discos simplemente divertidos. Hablamos de trabajos de fiesta que no deben ser ni profundos ni perdurar en el tiempo. Son álbumes que entran de maravilla escuchados después de servirse un vermut. Dua Lipa graba eficaces bandas sonoras para esos momentos. Y luego está Urgh, el nuevo disco de Mandy, Indiana, música condenadamente turbia que requiere un contexto industrial y estroboscópico. También con pista de baile cerca. Las canciones de Urgh sonarían perfectas a las cuatro de la madrugada en Berghain, la discoteca berlinesa de electrónica que si alguien no la conocía ya se encargó Rosalía de realizar esa labor de relaciones públicas.
Un álbum tan desalmado solo puede ser engendrado por inadaptados. Todo es singular y a la vez encaja en esta banda con cantante francesa (Valentine Caulfield) y que se mueve entre Mánchester y Berlín, dos de las ciudades europeas con más tradición en la cultura de club. El nombre del grupo, que se fundó en 2016 y ha editado dos discos (el último el que nos ocupa), proviene de un capricho de los miembros por Gary, pequeña localidad de Indiana. No se sabe por qué esta obsesión del cuarteto por esta ciudad estadounidense; tampoco desvelan por qué cambiaron Gary por Mandy. ¿Importa algo? Porque aquí lo relevante es la virulencia musical con la que se desenvuelve el cuarteto. Caulfield canta en francés, un idioma más expresivo que el inglés y que se adapta mejor a su música dentada. Ella entona como si estuviera encerrada injustamente en una celda y se agarrase a los barrotes en pleno ataque de furia contra sus carceleros. En lugar de gritar “soy inocente”, estalla con un “me has violado y voy a por ti”.
Al escuchar el disco, el oyente recibe un impacto tras otro de sonidos chirriantes, bajos saturados y gritos ansiosos
Muchas de las letras de este disco, que a veces suena como unos Rage Against the Machine cortocircuitados (o unos Nine Inch Nails interpretando su última canción antes de ser envenenados), tratan sobre violencia, pero no solo sexual: también la que ejerce un mundo desquiciado que se desintegra en llamas para que Mandy, Indiana le ponga banda sonora. Música no recomendada para los corazones sensibles que proporciona un amasijo sónico que contiene punk, tecno duro y ritmos epilépticos.
Desde el título del álbum, ese Urgh que puede representar muchas cosas pero que finalmente es un gruñido de insatisfacción, el oyente recibe un impacto tras otro de sonidos chirriantes, bajos saturados y gritos ansiosos. Seguramente el ambiente en el que se grabó provoca este resultado: los músicos se quedaron prácticamente a vivir en el estudio, solo saliendo para acudir al hospital ya que el baterista, Alex MacDougall, se sometió a una cirugía por una hernia que se complicó hasta tener que extraerle el tiroides, y la cantante se quedó sin vista en un ojo debido a otra cirugía. No se puede crear algo apacible en esas condiciones…

Urgh
Sacred Bones / Popstock!
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