‘Constelaciones’: Peris-Mencheta hace realidad la fantasía de los universos paralelos
El director lleva a escena la aclamada obra de Nick Payne en un montaje artificioso de factura impecable


La teoría científica de los universos paralelos es un filón para las artes. Es un campo de investigación de la mecánica cuántica puramente especulativo, pero su formulación es tan poética que resulta irresistible y dispara poderosas metáforas sobre la realidad, el destino, la libertad o la identidad. ¡Cómo no sucumbir al placer de imaginar dimensiones alternativas en las que somos más felices, mejores personas, más listas, más amadas y donde siempre tomamos buenas decisiones!
Con esas ensoñaciones juega Constelaciones, aclamado texto del dramaturgo británico Nick Payne, estrenado en Londres en 2012 y traducido a numerosos idiomas. La obra no se limita a evocar teóricamente la hipótesis científica, sino que la pone en práctica con una estructura que imita la superposición cuántica. La historia avanza a saltos, con escenas que se repiten con ligeras variaciones que generan universos distintos, en los que asistimos a diferentes evoluciones de una pareja. En unos mundos no llegan a besarse, en otros hay una infidelidad por parte de uno de ellos y en algunos es al revés.
El texto es hipnótico porque ofrece múltiples lecturas y vivencias. Cada cual, en su universo particular, la que prefiera. Por ejemplo, puede interpretarse que el amor no es más que fruto de la casualidad; pero a la vez, precisamente porque se abre paso entre infinitas posibilidades, puede considerarse un milagro: la sublimación del amor romántico.
Tras un par de producciones en España, Sergio Peris-Mencheta acaba de estrenar un lujoso montaje en el Centro Dramático Nacional donde redobla la apuesta formal de Payne añadiendo dos elementos relacionados no solo con la mecánica cuántica, sino con el propio hecho teatral: el azar y la premisa de que el observador modifica el resultado. En lugar de dos actores para encarnar a la pareja protagonista, el director pone a seis sobre el escenario, entre los que se realiza un sorteo con los espectadores al principio de cada función: los dos ganadores son los que actúan esa noche y los demás interpretan en directo la banda sonora, que también se decide por sorteo entre cuatro opciones, liderados por un maestro o maestra de ceremonias (se alternan Litus y Ester Rodríguez). En total, sesenta realidades posibles.
Con este arranque, el público entra en la función ya fascinado. Predispuesto a la fantasía cuántica, abierto a los saltos temporales, involucrado en la historia y cómplice del juego teatral. Pocas cosas gustan más al espectador actual. De nuevo, igual que en montajes anteriores como La cocina, Lehman Trilogy o Una noche sin luna, Peris-Mencheta demuestra una gran audacia para conectar estéticamente con la sensibilidad contemporánea, sirviendo un espectáculo de factura y ritmo impecables. Contribuye a ello la música en directo, pero también los subrayados que introduce el director en momentos clave: un comentario que cambia el curso de la relación o le pone fin, un gesto que anticipa lo que viene después, una mirada reveladora.
La maquinaria teatral de Peris-Mencheta es envolvente y funciona con precisión. Pero al mismo tiempo, el artificio dificulta la conexión emocional con los personajes y entre ellos mismos. Como si les faltara una atmósfera de intimidad para atravesar los múltiples estados emocionales que se desencadenan. Tal vez influya también la alternancia de los actores.
Aun así, hay escenas conmovedoras. Sobre todo, cuando se destapa la enfermedad letal de uno de los miembros de la pareja. Es lo único que no cambia en la obra. A la manera de la tragedia clásica, la muerte se impone como destino en todos los universos.
Constelaciones
Texto: Nick Payne. Versión y dirección: Sergio Peris-Mencheta. Reparto: Jordi Coll, Diego Monzón, Paula Muñoz, María Pascual, David Pérez-Bayona y Clara Serrano. Teatro Valle-Inclán. Madrid. Hasta el 29 de marzo.
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