Manual literario sobre el enamoramiento
‘Los amores inconstantes’ recopila cuatro novelas cortas del escritor y político Benjamin Constant, pionero de narrativa psicológica francesa


Adolphe, una de las nouvelles que integran el libro que nos ocupa, Los amores inconstantes,de Benjamin Constant, alude al alter ego del autor y sus amores con Éllénore, inspirada en Germaine de Staël, la famosísima madame de Staël, escritora, pensadora, protofeminista, la mujer culta y audaz conversadora con la que Constant mantuvo una relación intensa y prolongada que marcaría sus vidas. El volumen también reúne las obras Cécile, Amélie et Germaine y El cuaderno rojo.
Benjamin Constant,(1767–1830) fue un escritor, ensayista y pensador político franco-suizo cuya obra ocupa un lugar central en la transición entre la Ilustración y el Romanticismo. Fue uno de los teóricos del liberalismo moderno, dueño de una prosa sobria y reflexiva, y exploró los conflictos interiores y la tensión entre libertad personal, sentimiento amoroso y responsabilidad moral del individuo.
Narrada en primera persona, Adolphe, una de las primeras grandes novelas psicológicas de la literatura francesa, analiza la incapacidad del protagonista para sostener en el tiempo el amor correspondido de Éllénore, después de haber peleado por él desesperadamente. Más que el enamoramiento del protagonista —obsesivo, animal—, destaca la reflexión sobre la inconstancia, la culpa y la pasividad emocional, rasgos que convierten al personaje en un antecedente del héroe moderno. Adolphe es lúcido, contradictorio y se ve paralizado por su propia conciencia, que saldrá malparada tras el trágico desenlace. “El amor lucha contra la realidad, contra el destino; la violencia de su deseo lo engaña sobre sus fuerzas y lo arroba en medio de su dolor”.
Constant y De Staël vivían ya su apasionado romance cuando, en 1798, ella, una mujer intelectualmente dominante, políticamente influyente y socialmente poderosa y célebre, conoció a Juliette Récamier (que también fue amiga de Constant), y esa atracción marcó a ambas en una especial sororidad ilustrada y romántica que parece sacada de una novela de Proust. Dos mujeres hors du commun. Si a la primera la retrató Elizabeth Vigée Le Brun, a la segunda la retrató Jean Louis David. Germaine de Staël, mente fértil —autora de la novela Corinne— del periodo de transición que vio florecer el sentimentalismo en el romanticismo, tenía 31 años cuando conoció a Juliette, esposa de un banquero, impulsora también de un salón literario y quizás la belleza más incontestable de la época, que tenía 21. El encuentro entre ambas define bien la expresión coup de foudre (flechazo): “Ella fijó sus grandes ojos en mí”, recordaba Juliette años más tarde, “y me hizo cumplidos sobre mi figura que podrían haber parecido exagerados y demasiado directos. A partir de entonces, sólo pensé en Mme. de Staël”. Ante ellas, diecinueve años de dulce condena. Lo contó de maravilla Maurice Levaillant en el ensayo Une Amitié Amoureuse, donde recuerda que de Staël dedicó a Juliette sus últimas palabras: “Te abrazo con todo lo que me queda”. Bien.
Una vez desviados como Constant con su asombrosa colección de amantes, seguimos con el intrépido autor. Cécile, la siguiente de las nouvelles, narra de nuevo en primera persona la experiencia de otro personaje en guerra con el aburrimiento y enamorado del amor. Después de haberse casado, según dice, por debilidad, con una mujer a la que había amado más por bondad que por atracción, y cuya mentalidad y carácter no eran muy de su agrado, aparece en su vida Cécile, con la que —después de que las cosas se alineen para que cada cual se divorcie— se promete amor y fidelidad. A partir de ahí, es evidente que surgirán impedimentos, frustraciones y excesos emocionales que afortunadamente dotan a la historia de gran intemporalidad. Nunca el amor es plenitud, siempre es problema. Fragmentaria y confesional, Cécile es otra novela psicológica pionera que comparte con Adolphe un desenlace semejante.
Concebido como diario, Amélie et Germaine se sitúa en la frontera entre la confesión autobiográfica y la ficción narrativa. Se trata de una reflexión íntima sobre la elección y la responsabilidad afectivas. Ambas mujeres, Amélie y Germaine, encarnan formas opuestas del vínculo amoroso y representan la indecisión característica que atraviesa la obra de Constant. Otro análisis psicológico del conflicto interior del narrador, incapaz de armonizar deseo, libertad y compromiso.
Por último, El cuaderno rojo quizás sea la más conseguida de las obras, porque junto al enamorado “loco”, dispuesto a batirse a tiros si es preciso, emerge la agradecida figura del buscavidas, el tramposo, el pillo y el viajero que descubre Inglaterra y Escocia. Maravilloso es el enamoramiento de Mademoiselle Pourras, sobre el que se leen estas líneas que definen bien el talante de un autor que fundió persona y personaje y que pergeñó a lo largo de su obra autobiográfica una educación sentimental: “Cuando se gusta ya a una mujer y ella desea entregarse, es bueno amenazarla con matarse porque se le da un pretexto decisivo, rápido y honorable. Pero, cuando uno no es amado en absoluto, ni la amenaza ni el acto producen el menor efecto. En toda mi aventura con Mademoiselle Pourras había un error de raíz, y es que el romance solo lo vivía yo”. Se han dado casos.

Los amores inconstantes
Traducción de Manuel Arranz
Periférica, 2025
328 páginas, 21,90 euros
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