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Milei desata una pelea histórica por el traslado del sable de San Martín

El presidente retira del Museo Histórico Nacional un arma que perteneció al prócer argentino y la envía a un regimiento militar

Sable corvo de San Martín en el Museo Histórico Nacional, en mayo de 2015.

La reivindicación de las fuerzas militares promovida por Javier Milei en Argentina derivó en una llamativa controversia por el destino de un sable del siglo XIX, una reliquia de profundo valor histórico en el país. En el centro de la disputa está la figura de José de San Martín (1778-1850), considerado “el padre de la patria”, el general que lideró las batallas por la independencia de Argentina, Chile y Perú. Con un decreto publicado este martes, Milei resolvió que el sable corvo de San Martín, un símbolo de las luchas que encarnó el Libertador, sea retirado del Museo Histórico Nacional y pase a estar bajo custodia de un regimiento militar, tal como había dispuesto la anteúltima dictadura que sufrió el país. En rechazo a la medida, renunció la directora del museo. Hace siete meses, el Gobierno había echado a su antecesor en el cargo, quien se había negado al traslado del sable y a su eventual uso en un acto presidencial.

Si no prosperan las presentaciones judiciales requeridas para preservar el arma, este sábado Milei se dará, finalmente, el gusto de protagonizar un acto con el sable de San Martín entre sus manos.

El decreto de Milei dispone el traslado del sable mameluco al cuartel del Regimiento de Granaderos a Caballo, con el fin, dice, “de asegurar su adecuada guarda, conservación y custodia permanente”. El regimiento en cuestión fue creado por el propio San Martín y entre sus funciones está la de ser guardia de honor presidencial. En mayo pasado, Milei fue distinguido por el Regimiento de Granaderos con la Orden Ecuestre Militar y fue incorporado a ese cuerpo de manera honorífica. Se presume que, en retribución, el presidente decidió restaurarles la custodia del sable que detentaron hasta 2015.

Austero y sencillo, el famoso sable fue adquirido por San Martín en 1811, en Londres, y lo utilizó en las principales batallas por la independencia sudamericana. En reconocimiento a “la firmeza” con que sostuvo “el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tratan de humillarla”, San Martín legó el arma a Juan Manuel de Rosas (1793-1877), quien fue gobernador de Buenos Aires y mandatario de la Confederación Argentina. En 1896, los herederos de Rosas lo donaron al Museo Histórico Nacional.

Durante casi 70 años se exhibió allí, hasta que fue robado en dos oportunidades, a mediados de la década de 1960, por agrupaciones que luchaban contra la proscripción del peronismo –y trazaban un linaje común entre San Martín, Rosas y el expresidente Juan Domingo Perón (1895-1974). Una vez recuperado el sable, la dictadura militar gobernante lo entregó en 1967 al Regimiento de Granaderos. Pasaron casi cinco décadas para que volviera a ser exhibido al público en el Museo Histórico Nacional, por decisión del Gobierno de Cristina Kirchner en 2015.

La decisión de Milei de retornar el sable a las fuerzas armadas provocó la inmediata salida de la directora del Museo Histórico, María Inés Rodríguez Aguilar. En una nota formal, presentó su “renuncia indeclinable” y expresó su “disconformidad” con la medida. A mediados del año pasado, el historiador Gabriel Di Meglio, antecesor de Rodríguez Aguilar en el museo, había sido apartado del cargo tras oponerse al traslado del sable y su uso en un acto político.

Para la Asociación Argentina de Investigadores en Historia, el retiro del sable del museo “desconoce el valor patrimonial, histórico y simbólico que implica su preservación y exhibición […] con condiciones de conservación y acceso al público garantizados”. La organización consideró que la decisión de Milei “representa un grave antecedente en materia de protección de patrimonio histórico, al subordinar criterios museológicos a decisiones discrecionales del Poder Ejecutivo”.

Expertos en museística han advertido, además, que el decreto presidencial supondrá un antecedente riesgoso que podría propiciar reclamos de restitución de donaciones a diversos museos. En el Congreso nacional, legisladores de la oposición a la ultraderecha han presentado proyectos para que el sable permanezca en el museo.

En la disputa decidieron intervenir también los descendientes de los herederos del sable: ante la justicia federal, solicitaron una medida cautelar para suspender su traslado. Los familiares de Manuela Rosas, hija de Juan Manuel, y de su marido Máximo Nepomuceno Terrero pidieron la prohibición de innovar respecto del destino del arma de San Martín, argumentando que cualquier modificación alteraría el patrimonio histórico y cultural nacional, además de violar la voluntad expresa del donante, que cedió el sable al museo. La periodista Candelaria Domínguez, parte de los herederos demandantes, sostuvo en un artículo de la revista Anfibia que “trasladar otra vez el sable de San Martín pone en jaque el acceso público a la reliquia e implica una apropiación política del símbolo patrio”.

Mientras tanto, el Gobierno de Milei ya tiene planes inmediatos para el sable. El Ejecutivo prevé llevarlo el próximo sábado en el helicóptero presidencial hasta la ciudad de San Lorenzo, a unos 300 kilómetros de Buenos Aires. Allí, el presidente ultra participará de una recreación del Combate de San Lorenzo, librado en 1813 y del que este martes se cumplen 213 años, y planea hacer entrega del arma al Regimiento de Granaderos.

La figura de San Martín, el héroe fundacional de Argentina, ha sido en muchos casos materia de disputas y sus frases suelen citarse con motivaciones incluso opuestas. “Mi sable nunca saldrá de la vaina por opiniones políticas”, señaló el general en 1819. En cambio, según el Instituto Sanmartiniano no hay constancias de que haya expresado alguna vez una frase que le ha atribuido el presidente Milei: “La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”.

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