Historia de una crisis televisada: Telecinco trata de recuperar su identidad y la audiencia fugada, siete años después de perder ‘Pasapalabra’
El canal de Mediaset se encuentra en una situación compleja: marca mínimos cada mes y solo algunas apuestas funcionan. Mientras, la situación obliga a recortes

El 1 de octubre de 2019 parece un día cualquiera en los 36 años de historia de Telecinco. Pero esa jornada prepandémica está considerada por muchos analistas como el inicio de la caída en desgracia de la principal cadena de Mediaset. De un día para otro, Pasapalabra desapareció de sus tardes por una sentencia judicial. Mover esta ficha clave iba a desdibujar lo que habían sido años de liderazgo. Y esa pérdida les obligaría a reconfigurar toda su identidad. Pese a que la actual travesía en el desierto de la audiencia de sus informativos, el ahorro forzado del grupo y los recientes despidos en algunas subcontratas quizás no se puedan achacar directamente a ese cambio, sí que sirve para ilustrar un efecto dominó y ver cómo se ha llegado aquí. Uno que, paradójicamente, se alcanzó por ahorrar unos millones al no pagar los derechos del formato a la británica ITV. “Fue el único error de Vasile”, apunta a este diario un trabajador de la casa, que lo vincula con la multiplicación de problemas actuales: “A perro flaco, todos son pulgas”.
Porque los malos datos los sufre todo el canal. Con un 8,8% de cuota de pantalla de media, Telecinco volvió a firmar el peor febrero de su historia y bajó ocho décimas respecto al mínimo de 2025 (9,6%). Aunque el peor dato mensual histórico lo marcó el pasado agosto, al tocar suelo con un 8%. “Ha sido demoledor. Es un momento complicado. Pero solo se puede remar. Y si tienes un remo, pues te jodes”, reconocía semanas después a EL PAÍS Joaquín Prat, rostro de una tarde que no acaba de cuajar.
“La televisión que hace industria es la que nos congrega como sociedad, la que supera nichos ideológicos… Pasapalabra tiene eso todavía. Une a toda la familia, incluso a quienes rechazaban ver Telecinco. Es un evento diario, una cita breve y que siempre está. Además, las 21.00 es hoy el momento de más audiencia de la televisión, sobre lo que se levanta todo”, explica el cronista televisivo y experto en el sector Borja Terán.
Pasapalabra era, además, el programa de arrastre perfecto. Por eso, las consecuencias de su final se observaron primero en los informativos nocturnos. Desde 2019, Telecinco no solo no se ha repuesto de ello, sino que ha ahondado la caída. En su último mes, el concurso marcó 1.890.000 espectadores, con 18,3% de share. Gracias a ello, las noticias posteriores con Pedro Piqueras llegaron a un 16,7% de cuota y 2,3 millones de televidentes. Pero sin una previa fuerte, y con las cifras de la dupla Pasapalabra y Vicente Vallés en Antena 3 (a diario marcan máximos), este año las de Carlos Franganillo han caído al 7,3% y 891.000 espectadores, y luchan por no perder el tercer puesto frente a La Sexta. “Son unos informativos muy bien hechos, pero son fruto de unas circunstancias. En una sociedad donde recibimos todo el rato seudoinformación, necesitamos prescriptores de los que fiarnos. Y Franganillo lo es. Te lo explica con expertos y sin fanfarria. Lo que pasa es que estamos aturdidos por el ruido, y además el resto de Telecinco sí toma posición política desde otro lugar”, apunta Terán.

Esta crisis de cifras por causas ajenas se ha acentuado desde la llegada hace justo dos años (entonces la novedad marcó un pequeño empujón) del periodista que antes conducía el Telediario de La 1. “Somos una vivienda de un edificio, y depende de cómo vaya el edificio, así irá la vivienda”, reconocía Franganillo hace unas semanas en un encuentro de prensa en el que se presentaron las bondades de unir el plató y la redacción de Informativos Telecinco y Noticias Cuatro, un movimiento de ajuste presupuestario para el grupo. Ahora todos trabajan juntos y en dos secciones: Nacional e Internacional.
“Obviamente si no se hubiera ido Pasapalabra, sería distinto. Al no ser líderes, tenemos que partirnos más la cabeza. El esfuerzo es permanente, un acicate para que mañana sea mejor”, justifica a EL PAÍS Francisco Moreno, director de Informativos: “Pero lo importante ahora es cómo contarlo. Hay que transformarse como lo está haciendo el sector global. Hay sobresaturación de actualidad, y debemos dar valor añadido a la marca, diferenciación. Lo hacemos con tecnología, realidad aumentada y un corazón creativo al narrar. Nadie dijo que iba a ser fácil, pero queremos el producto más atractivo. No queremos una sucesión de noticias, sino elegir y reportajear”, dice, consciente de que hay factores externos como la polarización o la salud de la parrilla general que resultan esenciales para los resultados. “Nuestro periodismo está basado en hechos, y durará más que los extremos”, apunta antes de recordar las bajadas de audiencias en EE UU de la información de CBS o CNN.
Moreno asegura que “a día de hoy nadie” le ha “encargado reducción de efectivos” dentro de Mediaset. En la reconfiguración se ha despedido a una treintena de trabajadores contratados por Secuoya, que estaban subrogados desde enero en esta productora, aunque antes ya pertenecían a otra empresa ajena a Mediaset. Secuoya, que también lleva delegaciones de Antena 3, se ha negado a participar en este reportaje. Este tipo de recortes se están dando en todo el sector, también recientemente en Atresmedia.

“Han tenido un brazo ejecutor, pero en realidad ha recortado Mediaset. Solo un mes después de contratarnos, hacen esto, y a mí nadie me respalda. Nosotros también éramos rostro, nos paraban por la calle”, explica Mar Magro, que llevaba 26 años en el informativo desde Alicante (eran seis y se quedan tres) y que ha denunciado a Secuoya por despido improcedente, a lo que se sumarán otros compañeros consultados que llevan décadas apareciendo en Telecinco y se sienten abandonados. Moreno asegura que es parte de un proceso de revisión global: “No se ha mermado; se ha reorganizado la información. La redacción llevaba 25 años sin cambiar, y tenemos que adaptarnos a los flujos actuales de información, como no tener dos equipos cubriendo la misma rueda de prensa. Las redacciones del siglo XX eran muy sectoriales, y ahora con internet la especialización es más trasversal”.
El último liderazgo
La Eurocopa en 2021 dio la última época de liderazgo al canal. Ese trono lo perdió en enero de 2022 y llega hasta hoy, a favor de Antena 3 y (algunos meses, sobre todo por el deporte) de La 1. “Mediaset siempre ha estado enfocada al beneficio, y el enfoque político se decidía por ello”, apuntan trabajadores que aplauden la historia informativa de Telecinco, primero en tiempos de la guerra de Irak y luego con el estilo Piqueras.
En la redacción central hay tensión por los malos resultados y las fuentes consultadas, que prefieren el anonimato, se quejan de “parches”, “bandazos” e “improvisación”. Este embate pilla, sin embargo, cuando Noticias Cuatro está marcando picos de audiencia dos años después de su regreso en un canal que ha hecho su mejor febrero en nueve años.

La reducción de gastos acometida, por ejemplo, en deportes (en diciembre despidieron a los presentadores Joseba Larragaña, Lucía Taboada y Luis García, también parte de otra subcontrata, Supersport) se ha trasladado a otros formatos. Han vuelto concursos como El precio justo y Allá tú, que no habían funcionado bien en anteriores etapas. No estaban aquí para salvar audiencias, pero eran marcas conocidas que Mediaset tenía compradas, y que le han servido para rellenar huecos sin gran dispendio. El programa de las cajas presentado por Juanra Bonet ha logrado en su primer mes de emisión en el antiguo horario de Pasapalabra una media de 8% de cuota de pantalla, y el presentado por Sobera (que se enfrenta a un titán como La ruleta de la suerte) ha promediado 8,7%. Aunque ambos se sitúan por debajo de la media del canal, suben cada semana y, además, están ayudando incluso a cubrir huecos en una catastrófica parrilla de fin de semana. ¿Es una luz al final del túnel? Borja Terán cree que “aunque es muy difícil visibilizar una cadena invisible, hay que tener paciencia. Pasapalabra tampoco tuvo éxito en dos días. A la audiencia se la conquista con tiempo”.
El salvavidas de los ‘realities’
También destaca el buen funcionamiento de los programas de ligar. Primero fue La isla de las tentaciones, que sigue explotando y volverá previsiblemente antes del verano. Casados a primera vista ha sido uno de los sorprendentes éxitos recientes, y First Dates ha servido de competencia digna contra El hormiguero y La revuelta, que habían hecho a Telecinco casi “inexistente”, recuerda Terán: “No hay nada peor que quedarse fuera de la conversación social, y esa modernidad era por la que Telecinco se dio un nombre”. Precisamente con El informal fue la cadena la que puso de moda ese espacio hoy vital en prime time.

El canal también prepara un programa de citas para sus tardes con Ion Aramendi y Lorena Castell: “First Dates funciona porque es complementario. Hay que buscar eso. Telecinco relanzó sus informativos con Vallés, Barceló o Valentín porque complementaban, daban una modernidad que no existía. No competían desde el enfrentamiento, sino siendo diferentes, y eso se ha perdido en la batalla”, incide Terán.
En todo caso, la sombra de Pasapalabra es alargada. La última temporada del concurso en Telecinco alcanzó una media de más de dos millones de espectadores, algo impensable hoy. Cualquiera mataría por los 1,8 millones de media y el 20,5% de cuota que ha marcado esta temporada en Antena 3. Telecinco lleva ya siete años tratando de rascar décimas. El primer parche a Pasapalabra se llamó El tirón, y reciclaba parte de la mecánica y a su presentador, Christian Gálvez. Empezó de manera tan improvisada que al principio, de hecho, era una sección más de Sálvame, que se alargó también con Sálvame Naranja. El mismo Gálvez presentó en este horario un nuevo Alta Tensión, que sumó un 11,1% de media. Ante la mala acogida, el concurso desapareció en marzo de 2020, lo que hizo adelantar el informativo de Piqueras, y después Ya son las ocho, con Sonsoles Ónega, que pronto fue fichada por Antena 3 para convertirla en rostro estrella acompañando a, sí, Pasapalabra.

Dentro de este horario maldito, en 2022 Telecinco lo intentó con otro concurso: Reacción en cadena vivió momentos de gloria con medias superiores al 10% hasta que los Mozos de Arousa se llevaron el millonario bote y acabaron a la gresca con el canal. En julio de 2025, llegó entonces el momento de Agárrate al sillón, que alcanzó un 7,8% de media y terminó este enero. Cada concurso que se ha ido estrenando ha tenido peores datos que el anterior, aunque no peores que el efímero resumen de GH 20 que también estuvo en esa franja. Ni siquiera esa marca de confianza funcionó para Mediaset.
Efecto en cadena
Nada competía con Pasapalabra, pero además ese mal se trasladó a todo: hoy Telecinco desearía tener las audiencias que tenía Sálvame cuando fue cancelado por su bajón de espectadores. “Ya estaba agotado y habría seguido desgastándose”, explica Terán. El programa de Ana Rosa ya no es lo que fue (“Está de salida”, apunta el mismo analista), y los programadores reformulan sus horarios una y otra vez tras no atinar en la tarde y ahora ser última en las mañanas. Y en el prime time renquean incluso ofertas clásicas como Gran Hermano y Got Talent, por lo que acaban tirando siempre de la marca más sólida: Supervivientes, que volvió arrasando.

Terán resume su historia en unas frases: “Telecinco supo entender muy bien a la gente moderna, con CQC, El informal, Médico de familia. Supo leer la sociedad. Todo estaba muy ordenado. Cuando empiezan a abaratar, al quitar programas y con todas las gallinas en el mismo cesto, dejó de serlo. Pero tenían Pasapalabra, era el programa bisagra fundamental. No se dieron cuenta de eso”. Y avisa: “Hoy la tele clásica tiene que ir a una, y no contraprogramarse entre quienes son como tú. Porque quien roba la audiencia son las plataformas y las redes. Tienen que unirse como la ventana al mundo en directo”.
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