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Spotify
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Por qué es mejor no escuchar las listas de Spotify

Dos nuevos libros revelan prácticas comerciales que influyen en el contenido que ofrece esta plataforma musical

Daniel Ek, fundador y CEO de Spotify, en una imagen de archivo.
Jordi Pérez Colomé

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En Spotify está toda la música del mundo, en teoría. Pero sus algoritmos deciden muchas cosas. Como otras plataformas tecnológicas, Spotify toma decisiones para ganar más dinero, lo que afecta la música que escuchamos.

Acaban de salir dos libros sobre la compañía que cuentan detalles sobre su funcionamiento interno y prácticas comerciales, aún sin traducción al español: Aún no has escuchado tu canción favorita, de Glenn McDonald, ex alquimista de datos en Spotify, y La máquina de estados de ánimo, de la periodista Liz Pelly. El primer libro es más bien positivo sobre la plataforma y el segundo, negativo. Pero los dos en el fondo coinciden en algo esencial: escoge la música que quieras escuchar sin dejarte llevar por las listas de Spotify.

La premisa de McDonald es que nunca antes tanta gente había pagado por música. Ahora hay millones de personas pagando 120 euros al año. ¿Quién se gastaba más de eso en discos en 1995?: “Necesitas 15 personas que pasaran de gastar 25 euros a 120 para compensar que una persona [un comprador compulsivo] pasara de gastarse 1.500 euros a 120?”, escribe.

Spotify llegó además en un momento de debilidad de la industria por la piratería, así que había poco donde elegir. El punto de inflexión de la industria musical fue 1999, el mejor año financiero de su historia. La crisis redujo el sector a un tercio de su tamaño. Ahora se está recuperando gracias al streaming, pero esta por ver si alcanzará las cotas de 1999: el streaming necesita otros siete años de crecimiento similar a los que ha vivido entre 2014 y 2021 para volver al pico, según McDonald.

La idea de Pelly es mucho más sencilla: Spotify usa la música como cualquier otro producto comercial, para ganar dinero. Su único objetivo es derrotar al silencio. Da igual si es con música independiente o ruido blanco para dormir. Los músicos no tienen incentivos para distinguirse, sino para encajar con las vibras de una lista más de Peaceful Piano o Your Favourite Coffeehouse.

Spotify es en el fondo otro ejemplo del impacto bueno y malo a la vez de la tecnología: ahora podemos escuchar cualquier canción de cualquier época y artista, pero ¿qué perdemos con tanta oferta? Pues que a veces escuchamos música a granel, sin fijarnos, solo como ambiente, y Spotify lo aprovecha para ganar más dinero, como cualquier empresa. Una manera de evitarlo es no fiarse de sus listas. Aquí están los motivos principales:

1. Música barata para ti

Hay un montón de empresas que hacen música barata anónima para listas de Spotify. No son grupos o artistas emergentes. Son empresas que generan música a gogó y la disfrazan de bandas reales. Esas empresas llegan a acuerdos con Spotify para cobrar menos por reproducción. Así ganan todos menos los usuarios (que escuchan el equivalente a un hilo musical de hotel) y los artistas reales, que compiten con máquinas que producen notas sin parar, aún más con IA.

Pelly ha descubierto que este contenido tenía un programa propio en Spotify: “Contenido hecho a medida” (perfect fit content, PFC, en inglés). Así lo describe en su libro: “Para los músicos cuyas canciones estaban siendo reemplazadas por estos artistas fantasma, podía ser devastador: la diferencia entre ganarse humildemente la vida o no. Algunos editores de listas de Spotify también quedaban destrozados. Veían cómo las listas que habían construido con orgullo se convertían en granjas de contenido barato. ‘Hubo muchas lágrimas por este proyecto internamente en Spotify’, me dijo un antiguo empleado. El programa PFC fue presentado como una iniciativa para reducir costes”.

Comenzó solo con ciertos tipos de música. Pero en 2023, según Pelly, más de 100 listas oficiales estaban hechas casi solo con PFC y en las búsquedas solían promoverse estas listas cuando un usuario buscaba por un estado de ánimo. “Spotify se esforzó mucho en mantener todo esto oculto”, dice Pelly.

McDonald, ex empleado de Spotify, no revela este programa. Pero da un consejo en esa dirección: esforzarse para evitar listas, portadas y músicos con nombres blandos. “Cuando te dejas llevar por la pereza, es cuando eres más vulnerable a que te vendan distracciones sin sentido etiquetadas como algo con propósito. En la música, esto suele ser artesanía barata y sin alma reempaquetada con propósitos funcionales: compilaciones de Jazz para Cenar o Música para Estudiar hechas por conjuntos anónimos o ficticios”, escribe.

McDonald no cuenta la salsa secreta, pero admite lo mismo que Pelly: hay montones de música falsa en listas de estados de ánimo de Spotify hecha para gente que le da igual todo con tal de tener algo de fondo.

En un comunicado compartido con EL PAÍS, Spotify dice que “prioriza la satisfacción del oyente” y que sus decisiones se centran “en la música que conecta de forma positiva con los usuarios”. Una parte de la demanda de sus usuarios es de “música para el estado de ánimo o de fondo”. La compañía añade que toda música está licenciada “a Spotify por los titulares de derechos”, y que “aunque los términos de cada acuerdo varían, ninguno garantiza la inclusión en ninguna lista de reproducción”.

2. ¿Eres artista? Paga por salir

Esto no era un secreto, pero está por ver si es legal. En un programa llamado Modo Discovery, los artistas pueden aceptar cobrar un 30% menos por sus escuchas a cambio de que Spotify les coloque en más listas.

Spotify lo vende como una oportunidad de dar a conocer mejor las canciones que cada artista cree que tienen más opciones. La realidad es que eso les lleva a tener listas muy escuchadas por las que pagan menos. En 2022 tres congresistas de EE UU escribieron a Spotify para quejarse. Esto ocurría ya en las radiofórmulas (un sistema que llamaban payola) y que se prohibió en los años 50.

3. Las grandes discográficas se quedan con el pastel

Hay 10 millones de artistas en Spotify, pero en 2022 el 95% de los pagos se hicieron a 200.000. “De los 1.000 artistas principales en Spotify la última vez que miré, solo 38 eran nominalmente independientes”, escribe McDonald.

Las grandes discográficas juegan con reglas propias, según Pelly, con acuerdos ocultos: “Como otras plataformas digitales, las prioridades de Spotify pueden deducirse estudiando su interfaz. Para tener una idea de cómo la compañía piensa sobre la música ‘indie‘, un usuario puede hacer clic en la página de ‘Búsqueda’ y luego en la etiqueta ‘indie‘. Las tres principales listas que se promocionan en la página ‘Indie’ son ‘Portada Indie‘, ‘Lorem’ y ‘POLLEN’. Cuando examiné la lista ‘Portada Indie’ en la primavera de 2024, un cuarto de la lista estaba compuesta por música de sellos discográficos importantes, y otro cuarto se atribuía a sellos independientes con distribución de sellos importantes”.

4. Músicos solitarios convertidos en creadores de contenido

Un objetivo moral de nuestras escuchas debe ser, según McDonald, centrarnos en músicos vivos: “El mejor objetivo es apoyar el arte que se hace hoy, y los artistas que lo hacen. Los oyentes que ya murieron no pueden hacerlo y los oyentes del futuro estarán ocupados con sus canciones. Estas canciones son nuestras”, escribe McDonald. “La música vieja apoya herencias y archiveros”, añade.

El problema hoy es que Spotify premia la música individual y de creadores pendientes de ir sacando temas, subirlos a TikTok, viralizarlos y crear contenido en paralelo: “Daniel Ek [fundador de Spotify] dice esencialmente a los artistas que crezcan por sus propios medios y trabajen más duro, produzcan música más rápido, y lo hagan en términos aceptables para la industria del streaming: un goteo constante de temas más cortos, de éxitos rápidos para atraer interacciones y activar algoritmos, en lugar del ritmo reflexivo de los ciclos de álbumes del pasado. En el mundo de Ek, el artista modelo parecía ser uno que continuamente lanza nuevo contenido, evalúa la recepción, revisa las estadísticas. ¿En qué punto estos movimientos dejan de ser un esfuerzo artístico y comienzan a convertirse en algo diferente?”, escribe Pelly.

Para todo eso, en el mundo de Spotify, es claramente mejor ser un artista solo: “El sistema de Spotify, en general, no parece tener en cuenta a los músicos que trabajan con equipos. Estas realidades financieras también dan forma a la imagen del músico modelo de la era del streaming, empujando a los artistas hacia un individualismo inflexible”, explica Pelly.

5. Cómo se reparte el dinero

Una de las grandes confusiones de Spotify es cuánto paga por reproducción. No hay un precio fijo. El cálculo se hace así: la compañía reúne todo el dinero mensual de los oyentes en un bote, que reparte según las escuchas de ese mes. Por tanto, si un usuario paga 10 euros al mes y escucha una sola canción ese mes, no todo su dinero va a ese artista.

Así, lo que acaba pasando es que los oyentes más constantes reparten más pastel que los esporádicos. El mejor modo de apoyar a tu artista favorito es escucharle mucho. ¿Es más probable que los millones de fans de Bad Bunny le escuchen sin parar o que los miles de fans de una oscura banda de punk italiano sean más fieles? Si los punkis italianos son más insistentes, ganarán algo más. Sobre todo si la banda no reparte sus ingresos con varios intermediarios.

Este es, pues, el mejor modo de escuchar Spotify: sin depender de sus listas, menos pereza al escoger artistas reales, premiar el riesgo y la variedad musical, y no dejar sonar cualquier cosa durante horas sin más.

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Sobre la firma

Jordi Pérez Colomé
Es reportero de Tecnología, preocupado por las consecuencias sociales que provoca internet. Escribe cada semana una newsletter sobre los jaleos que provocan estos cambios. Fue premio José Manuel Porquet 2012 e iRedes Letras Enredadas 2014. Ha dado y da clases en cinco universidades españolas. Entre otros estudios, es filólogo italiano.
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