Millones de segundas oportunidades
De la Segunda Guerra Mundial a la invasión de Ucrania: Acnur acaba de cumplir 75 años al servicio de las personas forzadas a abandonar sus hogares con especial protagonismo de su comité español, el que tiene más socios y recauda más donaciones del mundo
¿Qué lección saca del mundo, de la vida, alguien que estuvo en una mesa de negociación con un grupo paramilitar en Liberia; que acudió a bordo de un camión a ayudar a miles de desplazados a cruzar la frontera de Ruanda hacia Burundi; que también lideró la gestión de un campo de refugiados en Yemen? De primeras, la respuesta de Alfredo Fernández es desconcertante: “Procura no pedir perdón”. Luego matiza: “Claro que hay que hacerlo cuando te equivocas, pero en las situaciones en las que me he movido no puedes decir: ‘Perdón, no tengo botiquín para detener tu hemorragia’, o: ‘Perdón, no hablo tu idioma’. Uno no se puede lamentar. Hay que actuar, hacer todo lo que está en tus manos”.
Un hombre de acción. Eso es en lo que se convirtió este avilesino de 61 años, hoy jubilado en Alcalá de Henares, desde que dejó la Escuela Superior de la Marina Civil de Gijón. Tomó la decisión en la Navidad de 1994, cuando le dijo a su madre que se había sentido seducido por un anuncio para reclutar cooperantes internacionales que escuchó en la radio. Y tan pronto como el 9 de enero, en casa vieron partir a ese chaval que iba para capitán de barco, cuya mayor aventura había sido un fin de semana en Londres, rumbo a Zaire, la actual República Democrática del Congo. Aquel fue el primero de los 68 países que ha pisado -“Si contamos solo aquellos en los que he estado al menos 10 días”, apostilla- y donde su camino se cruzó con el de Acnur.
Una vida dedicada a ayudar los refugiados
La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados cumplió el pasado diciembre 75 años de vida, de los cuales Fernández ha sido testigo y protagonista de más de un tercio. Entró en la organización casi de rebote: “Viajé a Zaire como voluntario con una oenegé. Una vez allí, a ellos les faltaba una persona con conocimientos sobre telecomunicaciones dentro del vecino conflicto en Ruanda y un amigo recomendó mi perfil”, recuerda al teléfono. Montar una radio para comunicarse con la sede de la ONU en Ginebra, en el contexto del genocidio que estaba teniendo lugar contra la población tutsi, fue una de sus primeras misiones. Luego se formó en múltiples facetas (derecho, gestión de emergencias o seguridad y primeros auxilios, entre otros) e intentó curar las grandes heridas de finales del siglo XX y el siglo XXI, de la guerra de los Balcanes al conflicto en Siria, con una clara misión: proteger y asistir a desplazados y solicitantes de asilo en cualquier rincón del planeta.
Este mismo propósito fue el que impulsó la creación de Acnur en 1950. Se pensó, en las Naciones Unidas, que su vida sería corta: tres años para reubicar a los ciudadanos que seguían fuera de su hogar o su país después de la Segunda Guerra Mundial. Pero en el levantamiento popular en Hungría de 1956, una revuelta que reaccionaba al dominio soviético del país y pedía más libertad y democracia, la agencia intervino por primera vez para ayudar a los cientos de miles de ciudadanos que huyeron a causa de la dura represión. Su propósito se reveló necesario muy pronto y sigue siendo incuestionable, teniendo en cuenta que hoy hay hay 117 millones de desplazados forzosos, casi el doble que hace 10 años, según datos de Acnur.
Alemania, 1951 Después de la Segunda Guerra Mundial, Acnur afrontó su primer gran reto: ayudar a cerca de un millón de personas, principalmente en Europa, que seguían desplazadas de sus hogares. Acnur
Hungría, 1956 El levantamiento húngaro contra el gobierno comunista del país impuesto por la Unión Soviética y su brutal represión provocaron la huida de más de 200.000 personas a países vecinos. Este fue la primera emergencia a gran escala que Acnur afrontó después de la Segunda Guerra Mundial. Acnur / D. Whitney
Vietnam, 1975 Tras la caída de Saigón, actual Ho Chi Minh, durante la guerra de Vietnam, miles de refugiados vietnamitas se hicieron a la mar, huyendo. El grupo de la imagen llegó a Malasia en 1978 después de que su pequeña embarcación se hundiera a pocos metros de la orilla. Acnur ayudó a cerca de 240.000 vietnamitas a establecerse en otros países. Acnur / Kaspar Gaugler
Noruega, 1981 Acnur recibió por segunda vez en 1981 el Premio Nobel de la Paz, que ya había logrado en 1954. Solo dos veces en la historia una organización ha logrado el premio dos veces y Acnur, además, es la única agencia de Naciones Unidas que lo ha recibido. Norsk Presse Servece/Jens Kvale
Ruanda, 1997 A parte de las cerca de 800.000 víctimas que se cobró el intento de exterminio de la población tutsi, Acnur proporcionó protección y asistencia a otros dos millones de personas que huyeron a países vecinos. En aquel momento, fue una de las emergencias más complejas que la organización había enfrentado. Acnur / Radhika Chalasani
Albania, 1999 En esta imagen, helicópteros suministrados por Suiza llegan con víveres de emergencia en Kukës, Albania, para cientos de miles de ciudadanos procedentes de Kosovo que fueron desplazados en el contexto de la Guerra de los Balcanes. Acnur / Radhika Chalasani
Siria, 2014 En esta imagen, refugiados sirios recorren los últimos metros por el desierto hacia la frontera con Jordania. Tras la caída del gobierno de Bashar al-Assad el 8 de diciembre de 2024, más de un millón de sirios han podido regresar a su país. Acnur / Jared Kohler
Grecia, 2016 La crisis de refugiados en el Mediterráneo dejó datos escalofriantes: solo en 2015, por ejemplo, más de 3.700 personas murieron o desaparecieron en el mar. En la imagen, personal de Acnur recibe a un grupo de refugiados en las costas de la isla griega de Lesbos en 2016. Acnur / Hereward Holland
Ucrania, 2022 Se calcula que la invasión rusa de Ucrania en 2022 provocó la huida de 5,7 millones de ucranianos en unas semanas, la de más envergadura en un lapso de tiempo tan corto desde la Segunda Guerra Mundial. En la imagen, un centro de acogida en una ciudad fronteriza de Polonia. Acnur / Valerio Muscella
Sudán del Sur, 2023 Uno de los desafíos más recientes a los que se ha enfrentado la organización ha sido la huida de millones de personas de Sudán, principalmente refugiados sursudaneses retornados. En la imagen, Lilian Sabasi, Oficial Adjunta de Protección Infantil del ACNUR, atiende a Eliza, de 41 años, y a su hijo Teny, de cuatro meses. Andrew McConnell/Acnur
Acnur, dos veces premiada con el Nobel de la Paz, ha brindado una segunda oportunidad a cientos de millones de personas desde su fundación. Una de ellas es Farina Najaf que, a mediados de los noventa, con 19 años, llegó a España huyendo de Mazar-e Sharif, una ciudad al norte de Afganistán. “Mi padre era director del instituto en el que yo hice el bachillerato, y cuando los muyahidines [combatientes islámicos fundamentalistas] entraron en el país, lo obligaron a cerrar el centro y lo amenazaron. A las mujeres jóvenes nos querían obligar a casarnos con ellos”, rememora.
Najaf hizo la travesía, con parada en Rusia, sola con su madre. Y cuando después de pedir asilo ingresó en un centro de acogida en Sigüenza, Guadalajara, la organización les ayudó a lograr la reunificación familiar. “Acnur nos proporcionó el abogado que se ocupó de toda la burocracia y, además, pagó los billetes para que mi padre y mis dos hermanos se pudieran reunir con nosotras y empezar una nueva vida”, explica en conversación telefónica.

La fuerza de la solidaridad en España
A sus 50 años, y después de tres décadas residiendo aquí, de haber criado tres hijos y levantado un negocio donde vende pollos asados y dulces árabes en Torrejón de Ardoz, a una veintena de kilómetros de Madrid, Najab no duda de cuál será su hogar para el resto de sus días. Siempre dice a sus familiares y amigos afganos, afincados muchos de ellos en Reino Unido, Alemania o Países Bajos, que aquí se vive mejor, que aquí la gente suele tener una vocación solidaria. Una impresión subjetiva que podría ayudar a explicar la robustez de Acnur en nuestro país.
España es uno de los 11 estados que tiene un comité nacional de Acnur. Y este comité, que cuenta con más de 380 trabajadores y más de 250 voluntarios, no solo es el que más socios tiene en el mundo, sino también el que más donaciones privadas recauda. Fernández, el veterano cooperante que ahora colabora con ellos yendo de vez en cuando a colegios a impartir charlas, da fe de una evolución espectacular: “Cuando entré estábamos en la cola y ahora superamos a países enormes como Estados Unidos”.
El Comité español de Acnur, en datos
Desde su creación en noviembre de 1993 ha recaudado 1.161 millones de euros
Cuenta con más de 450.000 socios donantes
383 trabajadores y 255 voluntarios
11 países cuentan con comité propio. El español ocupó el primer puesto en el ránking de donaciones en 2024
España
EEUU
Japón
En el contexto de la guerra en Ucrania, en 2022, recaudó 20 millones de euros extra con respecto a la de años anteriores
Fuente: Comité Español de Acnur
Esta adhesión es en buena medida una respuesta a un presente convulso, explica Jaime Merino, socio de la entidad. “Están pasando cosas que pensábamos que ya habíamos superado y por eso ayudar es más necesario que nunca”, argumenta este administrativo de 29 años, que empezó a colaborar con Acnur hace 10, impactado por la imagen de Aylan, el niño que apareció muerto en una playa de Turquía durante la crisis siria de refugiados.
Pero hay más. Porque, como incide otro de los socios, César Urtubia, profesor jubilado de la Escuela de Ingeniería de Terrassa, en Barcelona, el estímulo para ayudar a la agencia de Naciones Unidas nace muchas veces de un “sentimiento de humanidad”: “Nadie tiene por qué sufrir y desde nuestra posición, más privilegiada que la de muchos otros lugares, lo más normal es colaborar para que todos estemos bien”.
Son razones similares a las que podría ofrecer el cooperante Fernández, cuando evoca el momento en el que tomó la decisión, algo impulsiva, de marcharse de voluntario a África. Cree que todo nació de un deseo de ayudar a los demás que nunca había sabido o podido colmar en su Asturias natal. Un deseo que, visto en perspectiva, le ha permitido vivir una vida plena, con sentido, como la que él ha intentado ofrecer durante tantos años a las personas que tuvieron que abandonar su tierra, su gente y sus sueños forzosamente.
“Un refugiado es una persona que no puede ser como ella quiere ser en su país, una persona que aspira a pensar y a sentir como quiera, a tener un trabajo digno, un futuro. Son los mismos anhelos que todos venimos persiguiendo desde la noche de los tiempos”, reflexiona Fernández.
Los refugiados no se van por capricho
Antonio Garrigues Walker Presidente de honor del Comité español de Acnur
Antonio Garrigues Walker, 92 años, jurista de reconocidísimo prestigio, impulsor del despacho de abogados Garrigues, ha dedicado buena parte de su apasionante trayectoria a proteger la vida y defender los derechos de los refugiados. Una misión que, asegura, empieza desde la sensibilización, desde la importancia de que la sociedad entienda qué significa esta categoría. “Hay que saber distinguir entre inmigrante y refugiado. El primero abandona su país normalmente por razones económicas, buscando mejorar sus condiciones; el otro se ve obligado a huir porque está en peligro su condición humana. La gente debe saber que no se van por capricho”, recalca al teléfono.
Garrigues, que fue asesor especial de Acnur y hoy sigue ostentando el cargo de presidente de honor de Acnur en España, advierte de que, a pesardel récord de recaudación de donaciones privadas que registró el comité español en 2024, “la solidaridad es difícil de medir” y cree que la organización debe ser ambiciosa y seguir trabajando. “Tenemos que ser más solidarios, no hay límite a la solidaridad. Ese es el mensaje que debemos transmitir a la sociedad”.
Para proyectarse hacia el futuro, para buscar la consecución de nuevos objetivos, sin embargo, siempre es necesario mirar hacia atrás, construir desde la memoria, afirma el jurista: “No hay que olvidar que España tuvo refugiados, que casi todos los países los han tenido”.