Valentino entró en la alta costura en 1973. No era común que un diseñador italiano pasara el filtro de la sacrosanta Cámara Sindical parisina, que salvaguarda la moda como patrimonio francés. Estuvo tres décadas presentando colecciones en la capital francesa de forma casi regular. La de 1991 (en la imagen) fue una de las más recordadas. Las súpermodelos del momento (Naomi, Claudia, Helena etc) desfilaron con esos vestidos escultóricos, pero cómodos que eran su seña de identidad. Valentino Garavani fue el último 'couturier', el último de un oficio, el de la costura, que ahora sobrevive con otra misión y en otros formatos. Raphael GAILLARDE (Gamma-Rapho via Getty Images)Se conocieron en un café de la vía Véneto. Valentino acababa de volver de París tras formarse con Jean Dessés y Guy Laroche. Frecuentaba la zona porque por allí pasaban las estrellas del Cinecittà, a las que esperaba a vestir con su proyecto de marca. Giancarlo Giametti sintió una atracción instantánea, un flechazo que perduraría más allá de la ruptura sentimental, como ocurrió con Pierre Bergé e Yves Saint Laurent o con Tom Ford y Domenico de Sole. Se asociaron en los sesenta, y Giametti ha declarado en varias ocasiones que su intención era hacer de Valentino una estrella. Lo consiguió con creces. Tras su retirada, en 2007, nada cambió entre ellos: él ha sido su portavoz y su mano derecha hasta el día de su muerte.Bertrand Rindoff Petroff (Getty Images)Se conocieron en los setenta y, para Valentino, Marisa Bereson representaba todo lo que él quería (y supo) transmitir en su marca: raíces aristocráticas mezcladas con frescura y rebeldía y, en su caso, con apariciones estelares en el cine de autor. Nunca desfiló para él, pero fue una de esas musas tempranas que supieron construir el imponente imaginario que vendría después. Henry Clarke (Conde Nast via Getty Images)Cuando Jackie Kennedy conoció a Valentino ella ya no era primera dama. Se conocieron en Roma y su encuentro fue una especie de flechazo instantáneo. La relación entre ambos fue clave para la construcción del mito Valentino: Jackie encontró en él una elegancia sobria, intelectual y sin ostentación que encajaba con lo que buscaba en la época, lejos de la opulencia de los franceses de la época. El momento en su relación llegó en 1968, cuando eligió a Valentino para diseñar su vestido de boda con Aristóteles Onassis, un gesto que proyectó al diseñador a escala internacional y lo consagró como el gran diseñadores de las mujeres influyentes. A partir de entonces, Jackie vistió Valentino de manera constante. Fue, sin embargo, una elección arriesgada, apostó por un diseñador italiano, ni americano ni francés, para vestir en actos públicos, algo que fue muy criticado en su día, pero el tiempo le dio la razón.Ron Galella (Ron Galella Collection via Getty)Hay quien dice que (él mismo) que su obsesión con el rojo viene de la ópera Carmen y la primera vez que la vio en vivo. Otros, que su amor por la cultura romana le hizo enfocarse desde joven en los paseos de los cardenales por la ciudad. En cualquier caso, Valentino convirtió el color más poderoso que existe en su seña de identidad. No era común en los sesenta y setenta que el rojo fuera el protagonista de vestidos de fiesta y ceremonia, hasta que llegó él y, de algún modo, otorgó poder e imponencia a sus clientas.Pool BASSIGNAC/BENAINOUS (Gamma-Rapho via Getty Images) Tras conseguir justo el tono que quería que definiera su marca lo convirtió en una seña de identidad. “Fue un largo proceso de investigación mezclando muchos tonos... No lo recuerdo, pero quería tener un rojo un poco naranja. Al final lo conseguí”.Michel Dufour (WireImage)Penélope Cruz, con uno de sus icónicos vestidos rojos de alta costura para el estreno de la película 'El último samurai' en 2003. Ian West - PA Images (PA Images via Getty Images)La Reina Sofía ha sido una gran admiradora de creador italiano. En algunos de los momentos más importantes de su vida como Reina confió en sus diseños. Entre otras muchas ocasiones, lució sus vestidos para asistir a una recepción con la Reina Isabel II, en un viaje oficial al Congo o para acudir a la boda de e Hussein de Jordania. En la imagen, con el diseñador y Monica Bellucci en el estreno de 'La Traviata' en Valencia en el año 2017.Manuel Queimadelos Alonso (Getty Images)Valentino y Anne Hathaway construyeron una estrecha amistad. La actriz, convertida en musa, pasaba temporadas en su velero. Su vínculo se hizo más personal cuando Valentino diseñó su vestido de boda en 2012, una pieza hecha a medida en Roma. Hathaway ha vestido sus diseños también en algunos de los momentos más importantes de su carrera y en varias ceremonias de los Oscar.KMazur (WireImage)Anne Hathaway, con vestido de lazos, de Valentino en 2007.Dan MacMedan (WireImage)A principios de los noventa, Valentino supo sumarse a la ola de las súpermodelos, pero, a diferencia de la mayoría de las firmas de entonces, también supo quitarles ese aura de sensualidad que las rodeaba a veces a su pesar. Con él, Linda, Claudia o Naomi eran mujeres maduras y poderosas, vestidas de forma ceremoniosa y solemne.Daniel SIMON (Gamma-Rapho via Getty Images)Antes de su famoso rojo, Valentino ya tenía las flores como elemento recurrente en su imaginario. En los setenta, cuando los estampados florales proliferaban para expresar libertad y conexión con la naturaleza, él prefería mostrarlas en su vertiente más maximalista y arquitectónica, como si se tratara de un jardín renacentista. Más cerca del arte que de la bohemia. Además, frente a las flores estampadas como signo de juventud o fragilidad, el diseñador prefiere dibujarlas o coserlas para vestir a mujeres adultas reforzando la idea de plenitud.Fairchild Archive (Penske Media via Getty Images)Otra de las grandes musas de Valentino fue Rosario Nadal, exmujer de Kyril de Bulgaria. La mallorquina, modelo y 'socialité', formó parte, además, de su más cercano círculo de amistades. Crearon una relación muy estrecha donde compartían desde vacaciones juntos a proyectos profesionales. La princesa de Preslav, por matrimonio, y miembro de la nobleza española de nacimiento, ha sido una de las amigas más leales del creador. Darren Gerrish (WireImage)En 1999, Pier Paolo Piccioli y Maria grazia Chiuri entraron en Valentino como directores su línea de accesorios. En un movimiento poco usual en la moda, que siempre premia a estrellas ya famosas en el sector, el diseñador decidió cederles el testigo tras su jubilación en 2008, al fin y al cabo eran los que mejor conocían qué se vendía y qué no en la marca. No se equivocó. Juntos firmaron las colecciones más aclamadas de la pasada década, mezclando el legado de Valentino con referencias profundamente italianas que iban desde el arte grecorromano a las películas de Pasolini. En 2016 Chiuri entró en Dior como directora creativa, puesto que abandonó el pasado año. Piccioli permanació en la enseña, haciéndola propia pero honrando el legado de su mentro, también hasta 2024, cuando firmó como director creativo de Balenciaga. su despedida de Vlentino fue de las más emotivas que se recuerdan, con su equipo de costureras casi al completo despidiéndolo en el patio de las oficinas. WWD (Penske Media via Getty Images)El fondo Mayhoola, propiedad de la jequesa de Catar, completó la firma en 2012, poco después de la retirada de Valentino. En 2024, se confirmó que Alessandro Michele, el diseñador que había obrado el milagro en Gucci, sustituiría Pierpaolo Piccioli al frente del diseño. El diseñador, también romano, ha sabido conjugar su peculiar estética con el pasado más desconocido de la casa. En su primera colección de alta costura, el pasado invierno, el escenario proyectaba de qué año eran los vestidos de archivo en los que se había basado. Muchos dirán que Michele y Valentino tienen poco que ver, pero lo cierto es que el maximalismo del segundo dialoga a la perfección con la idea de poder y solemnidad que siempre ha caracterizado al primero.
Darren Gerrish/BFC (Getty Images)PM23, en la Piazza Miganelli de Roma, es el espacio que la fundación Valentino Garavani y Giancarlo Giametti abrió recientemente con el fin de preservar el legado del romano. Desde hace dos años, alberga exposiciones con prendas de archivo del diseñador que giran en torno a una temática concreta y diálogos de su trabajo en la moda, que se extiende durante cuatro décadas, con la obra de artistas contemporáneos. Actualmente, se puede visitar uno de esos encuentros: el de los diseños de Gravani con la obra de Joana Vasconcelos. Elisabetta A. Villa (Getty Images)