Kristen Stewart, en su debut como directora: “La película habla de cómo recuperar tu cuerpo y tu orgasmo”
La actriz ha encontrado su voz como directora en ‘La cronología del agua’ y habla de hacer las paces con su pasado de megaestrella con la saga ‘Crepúsculo’: “Fue una época bonita de mi vida, pero también fue difícil de aguantar”

El pasado mes de mayo, en el Festival de Cannes, Kristen Stewart (Los Ángeles, 35 años) presentaba su primera película como directora, La cronología del agua. Recibió aplausos y buenas críticas, pero en la charla posterior se mostraba tan satisfecha como nerviosa por soltar al mundo un proyecto que siente personal y a la vez colectivo. Se movía y recolocaba sin parar en la silla, se chascaba los dedos. “Es loquísimo, pero creo que por primera vez siento que me miran y tratan con respeto, como si tuviera cerebro”, dice, feliz, pero también con cierta amargura y sorpresa.
Había pasado muchas veces antes por ese festival, y por otros muchos, pero por primera vez al pasear esa alfombra como directora sintió otro tipo de miradas sobre ella. Y de eso va precisamente su ópera prima, “de la mirada opresiva de la mitad del mundo hacia la otra mitad, las mujeres”, explica Stewart. “La película habla sobre el reconocimiento de uno mismo y de tus deseos. Sentirse robada, que tu voz sea cuestionada y preguntarte si tus instintos son correctos y dejarse llevar por la vergüenza en vez de por lo que crees no es una experiencia exclusivamente femenina, no diré que esta es una película solo para las mujeres porque todos podemos tener heridas… Pero es un poco más difícil para nosotras”, afirma.

La cronología del agua es la adaptación de las memorias de la escritora Lidia Yuknavitch, que Stewart leyó por primera vez en 2017 y convirtió en su faro creativo y emocional durante los siete años en los que ha trabajado en el filme, escribiendo cientos de versiones de guion en el camino. Llevaba tiempo buscando esa historia que le permitiera encontrar su voz como directora y en ese texto encontró el vehículo de sus obsesiones y pasiones. “Hay ciertas cosas que te desbloquean… Hay ciertos textos, o relaciones, conversaciones, películas, lo que sea, que te abren”, afirma sobre ese difícil y doloroso libro en el que Yuknavitch reveló los abusos que sufrió de niña y que la llevaron a una autodestructiva vida de adicciones, de la que salió a través de la escritura y la natación. “Cuando leí este libro, me impresionó la singularidad de su voz, pero más aún lo que estaba diciendo sobre la maleabilidad de nuestras realidades y cómo el arte las pone en nuestras manos y las convierte en algo que nos permita replantear las cosas que nos lastiman en cosas que sean placenteras y alegres”.
Su película habla sobre el poder curativo del arte y hacer las paces con el pasado, unas ideas que resuenan en la Stewart actriz después de una vida entera delante de las cámaras. Niña prodigio, tenía 11 cuando despuntó como hija de Jodie Foster en La habitación del pánico; megaestrella adolescente por Crepúsculo, desde 2012, tras el fin de la saga, ha luchado por abrirse un hueco en otro tipo de historias y miradas lejos de Hollywood. Aunque tampoco reniega de lo que vivió en aquellos años. “Fue una época bonita de mi vida, pero también fue difícil de aguantar. No sé quién sería sin ella, pero solo tengo mis recuerdos…”, reflexiona. Se alejó de aquello trabajando con otro tipo de directores: Olivier Assayas (Personal Shopper), Pablo Larraín (Spencer), Rose Glass (Sangre en los labios), Cronenberg (Crímenes del futuro)…

No es casualidad que sean los mismos que nombra como referentes en su salto tras la cámara. “He hablado con todos los directores con los que he trabajado sobre el hecho de que quería hacer películas. Soy actriz, esto no es un cambio de rumbo, no acabo de llegar, llevo aquí todo el tiempo”, apunta. “Cuando trabajé con Cronenberg yo hice esa película, es mía; él no pudo hacerla sin nosotros y él es un puto maestro, reverenciado por las razones correctas, como Olivier y Pablo. Cuando trabajas con ellos compartes el mismo cuerpo y cabeza, por eso son tan buenos. Eso es lo que intenté replicar con mi actriz, Imogen [Poots]: es su película tanto como es mía. Es su cuerpo, su alma, su vida entera, su piel…”, suelta en su habitual torrente de discurso emocional. Y de pronto recuerda lo preocupada que estuvo por la intérprete en la primera proyección en Cannes. “Sentía que debía estar con ella, protegerla, las actrices son tratadas como basura”, dice, y habla de su vulnerabilidad y del dolor que sienten su actriz y su personaje protagonista, a través del que quiere hablar de su dolor y del de mucha gente, sobre todo mujeres. “La película es muy específica, trata sobre una violación real. Hay una experiencia extrema que no todos experimentan. Yo no la he sufrido y me siento afortunada de decirlo, pero también es una metáfora. Las mujeres recibimos cosas horribles todo el tiempo. Esto era una oportunidad muy bonita hablar de cómo recuperar tu cuerpo y tu orgasmo a través de la comprensión y una especie de replanteamiento. Es vital hacerlo, presenciar la fealdad, convivir con la vergüenza y salir de ella sabiendo que tu cuerpo y tu historia te pertenecen”.
Según Stewart, La cronología del agua “es una invitación a dejar de esconderse”, y no es que ella haya estado escondida —“He puesto una diana en mi espalda, en mi estómago, en mi vagina”, dice de ella misma como icono femenino y queer—, pero no había sacado aún su yo de creadora. “Escribir desde tu voz, desaparecer en tu ego”, dice su personaje. ¿Consiguió hacerlo ella en su proceso? “Ah, me encanta como última pregunta porque tengo una respuesta real”, se ríe, “sé que tengo un ego muy sano porque justo después del rodaje, cuando aún no me había puesto a descubrir las piezas del rompecabezas, pensé que lo había arruinado todo y podría haberme hundido, haberme convertido en un monstruo, en una persona horrible, pero no lo hice… Seguro que no fue fácil vivir conmigo en ese momento, pero no fue tan malo… Confía en el proceso. Especialmente si lo has diseñado tú misma”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.










































