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Gado, caricaturista tanzano: “Hay dibujos que hice en el pasado que hoy los medios no se atreverían a publicar”

El dibujante advierte del retroceso de la libertad de expresión en los últimos años en países de África oriental y reivindica el poder del dibujo satírico para irritar a los dictadores, líderes autoritarios y a las élites políticas

A una semana de las elecciones en Tanzania, Godfrey Mwampembwa (Dar es Salaam, Tanzania, 56 años) publicó una viñeta en la que se veía una pista de atletismo con un cartel que decía Elecciones de Tanzania 2025. Junto a él, cinco figuras que representaban a la presidenta Samia Suluhu Hassan vestían camisetas con las palabras dictadura, corrupción, incompetencia, amiguismo y secuestros. Tres días después de los comicios, Gado, tal y como se le conoce profesionalmente, publicó otra en la que Hassan aparecía jurando el cargo de presidenta sobre una pila de cadáveres, después de ganar las elecciones presidenciales del pasado 29 de octubre. Las protestas que siguieron a su victoria se cobraron la vida de 700 personas, según denuncian activistas de derechos humanos y el partido opositor Chadema, aunque no hay cifras claras debido a la falta de transparencia y al bloqueo de internet tras los comicios.

Gado, el caricaturista satírico más conocido de África oriental y uno de los más renombrados del continente, lleva más de 30 años empuñando su bolígrafo como un arma para mantener bajo escrutinio público a los políticos de la región. Sentado bajo la sombra de un árbol de jacaranda en el Centro Cultural de Kenia, en Nairobi, Gado conversa con EL PAÍS para dar respuesta a varias cuestiones clave: ¿cómo ha cambiado el panorama de la sátira en los últimos 30 años y cómo ha afectado la creciente oleada de autoritarismo y represión regionales respecto a lo que puede (y no) publicarse a día de hoy en el este de África?

A pesar de haber nacido y crecido en Tanzania, Gado ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria profesional en Kenia, un país al que él mismo llama su hogar. Su pasión por el dibujo empezó temprano, cuando su madre le notó un talento particular y su padre vio como se interesaba en las revistas Newsweek o Time que él le traía a casa. “Cuando era pequeño pasé por muchas dificultades para articular lo que pensaba. Me encantaba leer, pero me costaba expresarme oralmente”, explica. Gracias a esas revistas, Gado desarrolló interés en lo que posteriormente se convertiría en el centro neurálgico de su carrera: la política.

“En ellas descubrí las viñetas, y fue ahí cuando entendí el poder que tiene el dibujo satírico, cómo puede irritar a los dictadores, a los líderes autoritarios y a las élites políticas”. Desde entonces, Gado, que actualmente trabaja para el semanario The Continent, ha estado a la vanguardia de la sátira editorial en África: ha ganado premios, creado el programa de sátira de marionetas XYZ, publicado en medios internacionales y abordado temas que van desde la corrupción y el terrorismo hasta las revoluciones, la migración, la religión, el coronavirus y el cambio climático. Tres décadas dedicándose a la viñeta han sido suficientes para que atestigüe el viraje autoritario que están tomando países de África oriental como Kenia, Tanzania o Uganda.

“Más allá de la violencia policial contra los civiles, desde 2022 hemos presenciado un evidente retroceso en cuanto a la libertad de expresión. Ahora estamos intentando aferrarnos a los avances que habíamos logrado desde 1992. Desafortunadamente, vivimos una era en la que incluso grandes periódicos como Nation o The Standard se lo piensan dos veces a la hora de publicar historias, caricaturas o sátiras críticas. Hay dibujos que hice en el pasado que hoy los medios no se atreverían a publicar”, explica. Aun así, Gado sigue al frente de la sátira en África Oriental. Uno de sus últimos trabajo ha sido una portada en The Continent donde ha vuelto a denunciar la violencia policial contra los manifestantes en Tanzania.

El rol del dibujante satírico

Gado apunta a un acontecimiento que marcó un antes y un después en la historia reciente de Kenia: las protestas de junio de 2024 y 2025, desencadenadas por una ley de finanzas que pretendía ahogar económicamente a la ciudadanía con medidas fiscales impuestas sobre los productos básicos, las transacciones móviles o los pequeños propietarios. La generación Z tomó las calles de Nairobi y otras ciudades y la policía se cobró la vida de más de 60 personas en un solo día. Sin embargo, también hubo victorias: la presión ciudadana hizo que el presidente keniano William Ruto destituyera a casi todo su gabinete y en las calles de la capital se gestara el embrión de una nueva era para Kenia.

“Desde entonces, todo se ha politizado mucho más: los impuestos, la brutalidad policial, el desempleo juvenil, o simplemente comprar té o pan… todo forma parte de la política, nadie puede escapar de ello”, explica Gado.

— ¿Y cuál es el rol de un dibujante satírico en medio de todo esto?

—La sátira debe descomponer temas complejos en una forma más simple, más digerible y más accesible. Debo admitir que al hacerlo, a veces terminas enfadando a la gente, incluso aunque sea la misma a quien diriges las caricaturas. He hecho dibujos cuestionando a la propia sociedad durante la pandemia de la covid-19, por ejemplo, o sobre nuestra falta de reacción y complicidad frente la corrupción. Es parte del oficio.

Porque a pesar de su alcance, Gado no olvida para quién hace lo que hace: “Uno de mis personajes favoritos es Wanjiku. Ella es una mujer común, inteligente, articulada, que entiende la política del día. Para mí, esa ha sido siempre la forma de comunicar: empoderando a la gente común. Los políticos miran por encima al pueblo, y en Kenia esa es una cultura de clases heredada del colonialismo. Creen que la gente no entiende, pero sí entienden, sí entendemos. Así que trato que mi sátira se dirija a esa gente, al ciudadano común”, concluye.

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