Un oasis para los sufíes en el corazón del Sáhara: “En el resto de Mauritania, el salafismo está ganando terreno”
En la década de 1970, un grupo de musulmanes moderados se estableció en un terreno verde situado en el corazón del desierto mauritano. Su forma de vida, que trata igual a los hombres y las mujeres, recibe cada vez más críticas de otros compatriotas

Una carretera de un kilómetro de largo atraviesa el semidesierto de Mauritania hasta llegar a una cresta rocosa. No hay casas ni plantas; en la aridez de estas tierras desérticas no sobrevive prácticamente nada. Pero quienes se atreven a recorrer la larga ruta a través de un paisaje lunar disfrutan de una vista extraordinaria: al final del trayecto, entre las dunas de arena del desierto del Sáhara y las montañas, se ve un oasis de color verde reluciente, salpicado de casitas y campos llenos de palmeras datileras. Es Maaden el Ervane, que significa “el tesoro del conocimiento” en el dialecto árabe local.
La aldea, ubicada a más de 370 kilómetros de Nuakchot, la capital mauritana, fue fundada en 1975 por Mohammed Lemine Sidina, un líder comunitario de la corriente musulmana del sufismo, una forma moderada de islam que en muchos casos incorpora tradiciones animistas africanas.
En este fértil oasis, Sidina construyó una colonia agraria en la que hombres y mujeres son iguales. Hoy, Maaden alberga a 300 familias, una cifra que crece cada año. Sin embargo, la igualdad y el sentimiento comunitario de la aldea sufren presiones: sus detractores dicen que los habitantes no son verdaderos musulmanes.

“La gente de la región viene con frecuencia a ver cómo vivimos aquí”, dice Aminatou Boubou en una de las muchas granjas de Maaden. La mujer tiene el chal suelto sobre el cabello negro de punta. “A muchos visitantes les provoca celos y envidia”, dice. En su opinión, es por las creencias religiosas de esa gente: cada vez son más los mauritanos devotos que creen que las mujeres no deben trabajar en el campo.
La labor que está haciendo Boubou —quitar las malas hierbas con el filo de la tapa de una lata de leche en polvo— sería impensable en muchos otros lugares. Los informes del Banco Mundial muestran que hay una gran brecha de género en Mauritania, no solo en la agricultura, sino también en otros ámbitos. Mientras el 57% de los hombres eran población activa en 2024, apenas el 26% de las mujeres entraba en esa categoría. Según la ONU, las presiones culturales y religiosas crean “obstáculos significativos” para las mujeres que quieren trabajar y comprar tierras o inmuebles.
Somos musulmanes practicantes. Pero somos menos estrictos que otros seguidores del islamTaha Sidina, Imán
Un poco más allá, en otro campo, el imán Taha Sidina está preparando té de menta. Es el hijo del fundador del pueblo, fallecido en 2003. “Somos musulmanes practicantes”, dice Sidina con rotundidad, agachado junto a la tetera. “Pero somos menos estrictos que otros seguidores del islam. Nos ayudamos unos a otros, cultivamos las tierras de los demás. Intentamos trabajar en comunidad”.
Sidina y los discípulos de su padre siguen la doctrina de Ahmad al Tijani, descendiente del profeta Mahoma según la tradición islámica y fundador de la Tijaniyyah. Esta orden sufí del islam suní surgió en Argelia y se ha extendido por todo el Magreb y África occidental durante los últimos siglos.
La vida en el oasis de Maaden parece tranquila y fácil, pero Sidina está preocupado. “En el resto de Mauritania, el salafismo está ganando terreno”, asegura mientras niega con la cabeza. “Las comunidades sufíes como la nuestra sufren cada vez más presiones”. Los seguidores de la fe salafista, también llamada “salafismo wahabí”, consideran que el islam sufí moderado que se practica en el Sahel es pagano.
Sidina afirma que los habitantes del pueblo y él mismo son constantemente objeto de ridículo, burlas e incluso amenazas en las redes sociales. “Hasta ahora, los ataques han sido solo verbales”, dice, “pero me preocupa que, en algún momento, puedan convertirse en violencia física”.
Los hombres dicen que las mujeres de Maaden somos feas y que tenemos manos de hombre porque trabajamos en el campo
Según el experto religioso Ely Cheikh Ould Moma, todavía no existe una “amenaza concreta” contra los sufíes mauritanos, pero sí observa que el salafismo [una corriente ultraconservadora del islam] está ganando terreno. “Con el tiempo, hasta el cargo de gran muftí, un título no oficial que tradicionalmente se asignaba a un antiguo residente de Nuakchot, ha pasado a estar ocupado por un jurista salafista”, relata por teléfono desde la capital de Mauritania.
“El sufismo se inspira en la dimensión espiritual de la religión y es tolerante con los demás”, explica Ould Moma, “sean musulmanes o no”. Y subraya el contraste con la ideología wahabí-salafista. “Esta es una ideología cerrada y rígida, muchas veces violenta. Es una ideología financiada por Arabia Saudí y Qatar, que tienen como objetivo tener el control intelectual sobre el mundo islámico”, asegura.
Según él, este giro del sufismo al salafismo se ha extendido a todos los aspectos de la práctica religiosa. En las grandes ciudades están cerrando sus puertas las mezquitas sufíes; los lugares de culto que quedan suelen estar situados en zonas remotas y empobrecidas. Ya no hay eruditos sufíes en cargos oficiales y también han dejado de aparecer en los medios de comunicación, destaca Ould Moma. “En los últimos años, cada vez más gente los considera magos y charlatanes”, dice.

En su terreno de Maaden, Aminatou Boubou se echa a reír. “Sí, a veces recibimos muchos ataques en internet”, dice entre risas. “Los hombres dicen que las mujeres de Maaden somos feas y que tenemos manos de hombre porque trabajamos en el campo”.
Se encoge de hombros. “Les digo que, si creen que es tan importante que yo no trabaje, que me den una bolsa llena de dinero. ¡Entonces dejaré de trabajar de inmediato!”. Luego, en un tono más serio, añade: “Muchos de los que dicen esas cosas son pobres. Si sus esposas trabajaran, podrían ganar el doble de dinero”, sostiene. “Pero, claro, con su anticuada forma de pensar, siempre serán pobres”.
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